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EL HOMBRE INVISIBLE - H. G. WELLS

Estoy segura de que alguna vez has deseado ser invisible. Igual lo has querido como modo de evadir el mundo, para hacer lo que te dé la gana en general y no tener que rendir cuentas a nadie o incluso para evadir la ley, quién sabe las razones de tantas mentes y corazones que han pensado o deseado alguna vez en su vida volverse invisibles, desaparecer. Pero realmente, si se te presentase la oportunidad, ¿te harías invisible?

El protagonista de El hombre invisible, tal como augura su título, sí.

Se trata de un científico que dedica parte de su carrera a investigar y llevar a cabo un plan para hacer invisibles a la vista cosas materiales, como un cojín, una gata o a él mismo. Y lo logra (como ya podíais intuir).

Parecía una idea estupenda hasta que la llevó a cabo y tuvo que enfrentarse a su nueva realidad. Y esa nueva realidad está repleta de inconvenientes y dificultades. Uno de esos inconvenientes tiene que ver con la necesidad humana de relacionarse con su entorno, que, aunque aparentemente se crea que se puede sobrevivir sin ningún tipo de relación con las personas que nos rodean, es algo imposible y nos lo muestra el protagonista al verse continuamente con la necesidad de ayuda y de pequeñas interacciones con su entorno.

Además, se enfrenta a otro problema con el que no había contado, y es que las personas rechazamos sistemáticamente aquello que no conocemos, atacamos lo desconocido por miedo, y eso es lo que le pasa a nuestro hombre invisible, que sabe que no puede explicarle a nadie su peculiar característica, porque sería tratado como un experimento y llevado a un laboratorio para investigarlo. Puede ser visto en un principio desde un punto cómico, pensar que esas personas que no se paran a entender al protagonista son unos “paletos”, sin embargo, trayendo el fenómeno a la realidad, es muy probable que nosotros mismos actuásemos igual que esas personas que llevan a la locura al joven científico. Esto debería hacernos pensar en cómo nuestra actitud afecta a otras personas, hacernos ver que aquello que no conocemos o que nos es extraño no es malo, y que deberíamos abrir nuestra mente siempre, aprender de los demás y olvidar ese miedo que no nos deja avanzar.

A lo largo del libro podemos ver los inconvenientes de algo que aparentemente puede parecer estupendo y lleno de ventajas, a la vez que vemos la sociedad desde un punto de vista poco común, el de una persona que ve pero que no es vista, de un científico que ha visto cumplido su sueño de hacerse invisible y que posteriormente descubre que no es tan maravilloso, sufriendo en su propia persona el aislamiento y la soledad aun estando rodeado de gente, afectando tal cosa a su salud mental; todo ello acompañado de originales ilustraciones en blanco y negro que nos muestran aquello que nuestra vista puede ver y lo que no, dando rienda suelta a nuestra imaginación.

Es un libro bonito que se lee con facilidad, seguramente un clásico en una edición muy especial con ilustraciones de Luis Scafati que acompañan e ilustran muy bien la historia de Wells, que personalmente, equipararía (cada uno en su ámbito) en estilos.

Laia Vaquerizo.
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SHINRIN-YOKU - ANNETTE LAVRIJSEN

Creo que con lo que diré voy a tirarme piedras sobre mi propio tejado, pero me siento obligado a decir que en este caso vale más una imagen que mil - o las que sean - palabras. Y con imagen me refiero a la cubierta del libro, porque realmente con la información que da ya tienes todo lo que necesitas para comprarlo. ¿Sumergirse en el bosque? ¿El arte japonés para vencer el estrés mediante la naturaleza? Si lees eso y sientes atracción por el libro significa que ya no necesitas nada más. Ya es tuyo. Como me sucedió a mí. Hoy hablo de Shinrin-yoku, de Annete Lavrijsen, publicado por Los libros del Lince. 

Vale, quizás es cierto que el título puede no entenderse, así que empezaré por ahí. Annete Lavrijsen, periodista holandesa que vive entre Ámsterdam y Barcelona, lo explica al principio del libro: «Literalmente, el término japonés shinrin-yoku significa "bañarse en la atmósfera del bosque", lo que en Occidente suele traducirse también como forest bathing o baño forestal». Y es en eso mismo en lo que se basa este libro que es más una guía con la que cualquier neófito en este arte japonés puede empezar a dar sus pasos hacia una nueva vida llena de armonía verde. 

En el libro, Lavrijsen nos habla siempre desde su propia experiencia combinando anécdotas con consejos, recomendaciones con pasos concretos con los que iniciarse, pautas con ejercicios, técnicas o incluso haikús o bellas ilustraciones a color. Todo siempre basándose en el contacto directo, solitario y consciente con la naturaleza. De agradable y muy ágil lectura, y que me ha recordado en ciertos puntos a La vida secreta de los árboles de Peter Wohlleben, Shinrin-yoku es un libro de consulta. No es de ese tipo de lectura rápida que al cerrarse queda guardada en algún rincón de la memoria con tantas y tantas historias que leemos día tras día en las novelas. En este caso, podríamos decir que Shinrin-yoku es un libro lento, pero no refiriéndonos con ello a pesadez, a sopor en su lectura, sino que es un libro que exige calma, lo mismo que pide con sus palabras Lavrijsen.

Y es que el objetivo principal de Shinrin-yoku, dividido en su interior por Tierra, Agua, Fuego y Viento, es conseguir que apartes la mirada de lo tecnológico o del gris ciudad y te centres en lo natural, lo verde, que a veces está tan cerca a la vez que tan olvidado por nosotros. Annette Lavrijsen se crió en el mundo rural y más tarde pasó a vivir en la ciudad. No pudo olvidarse nunca de su infancia verde y acabó topándose con este arte japonés para vencer el estrés mediante la naturaleza. Desde la parte consciente de alguien que ya ha llegado nos habla.

Shinrin-yoku, en definitiva, es parte significativa de una gran tipología de libros que todos en algún momento de nuestras vidas necesitamos, ese libro que te dice lo que sabes que debes dejar que te digan pero que llevas obviando tanto tiempo, que te da el consejo que tú te darías a ti mismo si no estuvieras tan distraído, que - quizás y ojalá - te empuja hacia un sendero que cuando se emprende ya nunca se deja. Porque es bello, porque es útil, necesario y vital. Y porque cada vez está más lejos, estés tú donde estés. El mundo natural. 

Quizás en tu caso el primer paso hacia la montaña sea abrir un libro. Quizás en tu caso el primer paso hacia la montaña sea abrir este libro.

Víctor González
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LOS PENÚLTIMOS DÍAS DE JEAN-PAUL BALART - GABRIEL MARAT

Köningsberg, 12 de febrero de 1804. Muere Immanuel Kant, el filósofo más influyente de la ilustración. Las condolencias llegan de toda Europa, y en su ciudad se celebran unos multitudinarios funerales. Sin embargo, no todos le tienen en tal alta estima. Uno de sus colegas de la universidad, el doctor Johann Daniel Metzger, emprenderá una cruzada contra Kant. 

Barcelona, primavera de 1970. Heriberto Vilalta, dueño de una importante casa de subastas y miembro de la alta burguesía de la ciudad, es asesinado. Faltan pocas semanas para que el Generalísimo inicie la que será su última visita a la Ciudad Condal, y la jefatura de policía centra todos sus esfuerzos en garantizar su seguridad. Apremiado en resolver el caso, el inspector Pedro Almansa se encarga de la investigación. A la falta de medios y al escaso interés de sus superiores, se sumarán las trabas que los hijos de la víctima interponen al ocultar información. El inspector Almansa poco a poco desentrañará una trama de intereses que se remonta dos siglos atrás.

Los penúltimos días de Jean Paul Balart revelan una historia donde se congregan la historia, el misterio y el suspense. Esta primera y mayestática novela de Gabriel Marat nos transporta a dos momentos históricos lejanos entre ellos, pero que acabarán por arrojar una conexión muy bien enlazada. Conexión que se presenta inverosímil hasta llegado, prácticamente, el fin de la novela, momento en que todas aquellas piezas del rompecabezas que se inclinaban a no encajar quedan perfectamente ensambladas por la genialidad de Marat.

Más allá de una historia muy adictiva, el deleite más exorbitante de que he gozado durante la lectura de esta novela reside en los personajes, mayormente en el personaje principal femenino que posee unas característica que inspiran a cualquiera que tenga el placer de conocerla a fondo, ya que define un perfil de mujer que rompe con un indebido e injusto arquetipo femenino. La verosimilitud con que se ha dotado a los personajes históricos es, junto al carácter y naturaleza de los demás, uno de los ingredientes que hacen de este libro una receta perfecta.

Es, además, la unión de la historia ficticia con unos elementos históricos y un aporte cultural de peso, los que consiguen crear una valiosa novela que nos descubre aspectos filosóficos e históricos combinados con una sagaz trama policíaca que dan a este libro de Marat un atractivo relumbrante. Mezcla que engancha, fascina, despista, impresiona y complace hasta el punto de involucrarte tanto en el libro, que empiezas a elucubrar teorías, a hacer conjeturas y a buscar en lo más hondo de tu razón para dar respuesta a complejas pero desentrañables cuestiones que se esconden en las páginas de este magnífico libro.

Andrea Moreno Ferrer
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LAS POSESIONES - LLUCIA RAMIS

Mientras leía este libro pensaba en algo que vi hace unos días: tenía puesto en la televisión un conocido programa sobre libros en el que entrevistaban a Antonio Muñoz Molina por la publicación de su último libro. El presentador, también director del programa, le decía al autor algo así como que el personaje principal de su obra, también narrador, se parecía mucho a él, a lo que Muñoz Molina respondía: «no es que se parezca, es que soy yo». Y se reían. Y claro, cómo no pensar eso con esta novela de la que hablo hoy, si la vida de la protagonista, también narradora, casi podría calcarse a la de Llucia Ramis. Lo que pasa aquí es que llegas a ciertas páginas, para ser más exactos y para dar un ejemplo a la página 153 y lees: «No me leías a mí, sino lo que había escrito, que no es lo mismo. Leerme a mí es más difícil, ni siquiera yo estoy segura de poder hacerlo». ¿Quién es Llucia Ramis? ¿De verdad existe?

En Las posesiones, novela galardonada con el Premi Llibres Anagrama y que ahora publica en español Libros del Asteroide, nos encontramos con alguien – ya digo – muy parecido a Llucia Ramis, que se decide a contar cierta parte de su vida. Y no una parte cualquiera sino que, como es de esperar, una que pide ser volcada en palabras para poder ser entendida, cerrada. Una parte importante, vital.

Las posesiones es una historia o trama familiar narrada desde una única voz y una voz única, de ahí la grandeza. Fragmentaria en frecuentes ocasiones, al estilo del proceso de recordar, en esta obra Llucia Ramis consigue hilvanar el despojo vital de su personaje, el vómito de una herida abierta en forma de palabras. Esta novela es algo así como un aviso, un resguardo, una exposición de cicatrices futuras. Y para ello, se recurrirá al recuerdo. ¿Cuán nítidos son los recuerdos? Ese caminar por la neblina de la memoria es una de las claves de la novela. El padre, la madre, el amor y su correspondiente desamor, la soledad, el enroque, la recuperación, la vida en general, son otros de los muchos temas que se tocan en el recorte de una larga historia (¿eterna?) que ocupa poco más de 250 páginas.

La memoria, como digo, es una niebla que pide ser transitada para que puedas entender la vida, y en ese caminar es habitual encontrar fantasmas que te conocen bien y saben cuál es el momento más oportuno para aparecer, como le ocurre a la protagonista de Las posesiones. Y recordar, el proceso de recurrir a la memoria para construir las ruinas del pasado, es algo a lo que se ve abocado quien crece. Se puede leer en la novela la idea de que madurar, crecer, implica pérdida, implica la aceptación de esa pérdida, la aceptación de que «también somos lo que perdimos. O quizá somos sobre todo eso».

Toda esta inhibición por parte de un personaje que ve que la vida no le encaja, como si tuviera unas gafas de otra graduación mientras intenta ver la realidad, y que se encuentra con dramas familiares – suicidios, asesinatos, locura, depresión, ruina – y dramas vitales – rupturas, soledad, el fin del periodismo que tanto ama – que solo hacen que aumenten las revoluciones que marcan el ritmo y la velocidad de su mente.

Eso, una mente en movimiento, es lo que en base ofrece Las posesiones. Una delicia de cabeza. ¿Esta vez sí la de Llucia Ramis?

Víctor González
 
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