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ZEBULON - RUDOLPH WURLITZER

Me empieza a preocupar que en poco más de un mes haya dicho en dos reseñas que no sé lo que he leído. Me entra la duda ahora que veo que se repite de si soy yo o son los libros o somos ambos los que juegan el uno con el otro. Antes veía todo claro, ahora, y por culpa de libros como este, no. Y no sé qué es mejor. Ni peor. Así que como no puedo hablar mucho de lo que significa la historia de esta novela – quizás no querer decir nada es lo que quiere decir este libro –, hablaré de todo lo que me ha venido a la mente leyéndola. Uno se hace lector a medida que lee y a medida que vive todo lo que le sucede mientras lee. La lectura de un libro no es solo la lectura en sí, sino todo lo que a ella la envuelve: pensamientos, reflexiones, sucesos, risas, lágrimas e incluso una llamada al timbre del cartero o la caricia de tu gato.

Como la experiencia me dice que el que entra a una reseña ya sabe más o menos de qué va un libro, nunca suelo excederme en su contenido. Hoy tampoco será así. Esto es lo que me ha traído a la cabeza Zebulon:

Primero de todo, el cine. Leer Zebulon es pagar la entrada a un cine que para y sigue cada vez que abres y cierras el libro. Esta entrada vale más que la de un cine convencional pero no lo olvides, el libro siempre está a tu lado, dispuesto a abrirse cuando tú lo necesites. ¿Quién más hace eso? Además, las películas no huelen. Zebulon es meterte en un western, es retroceder más de cien años, es colocarte el sombrero, coger la pistola, subir al caballo y disparar con tus ojos al papel. O ser disparado por él.

En segundo lugar, lo cíclico. Tropo publicó hace poco un libro que puedes empezar tanto por “delante” como por “detrás”. Pero en ese lo avisan, aquí no. No, no es cierto que pueda leerse de atrás hacia delante pero casi, y digo esto porque la historia que se cuenta parece que avance pero en realidad no se sabe a ciencia cierta qué hace. La historia pasa, como nuestras vidas, pero, ¿y si en la vejez volvemos a la infancia? ¿Le has preguntado eso alguna vez a tu abuelo? Leer Zebulon me ha hecho pensar en Borges y en Nietzsche – también en la típica foto del oeste que te hacen cuando vas a Port Aventura con tus padres, pero eso no viene al caso –. Digo Nietzsche pero en verdad podría decir el nombre de cualquier estoico de la antigüedad, mejor diré el eterno retorno. Y digo Borges por lo mismo, por ese Uróboros que tanto gustaba al argentino. La pescadilla que se muerde la cola, el ya estamos con lo mismo, el volver a tropezar con la misma piedra. Somos hijos de lo cíclico, no la líes mucho porque la volverás a liar. Eso mismo hace Zebulon.

Y en tercer lugar, la frontera. Zebulon es un hombre de frontera, tanto geográfica como ontológica. Se nos dice en más de una ocasión que vive entre dos mundos, pero ¿cuáles son? Siempre siguiendo, tanto consciente como inconscientemente, la estela de Delilah – esa musa daliniana capaz de dirigir a cualquier hombre –, Zebulon acabará siendo una especie de Cristo peregrinando siempre en pos de las huellas dejadas por su extraña, incógnita y sospechosa María Magdalena.

Entono el mea culpa porque poco he dicho del libro en mi reseña. Lo entono y entiendo que muchos hayan dejado de leerla. Pero lo entono para todo aquel que no haya leído el libro. Porque para quien lo haya leído no tengo nada que decir y seguro que tampoco tiene nada que reprocharme a mí. Zebulon es un western de película metido en un libro, sin índice ni números de capítulo; con canciones, con argot, con unas notas del traductor - traductora en este caso: Irene Oliva - que no me gusta que estén al final. Zebulon es un disparo en la frente que te deja vivo, como siempre le sucede a él. El problema, el gran problema, es averiguar si cuando estás vivo realmente lo estás, si cuando estás despierto realmente lo estás, si eres tú quien piensa o eres tú el pensado, si eres tú el que lee la historia de Zebulon o es Zebulon el que lee tu historia. A eso es a lo que te lleva este libro. Y por eso vale la pena.

Víctor González.


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GRIEF IS THE THING WITH FEATHERS (EL DUELO ES ESA COSA CON ALAS) - MAX PORTER

Nada más acabé este libro tuve que dirigirme al autor en Twitter: «felicidades, has escrito una pequeña joya, ¿está el libro traducido en catalán o castellano?» Me respondió «thank you very much, yes, here it is. Grief is the thing with feathers está traducido al castellano por Rata Books». ¿Cómo es la traducción? Ni idea. Lo he leído en inglés y, por eso, hablaré solamente sobre el original.

Y, si os pudiese recomendar que lo leyeseis, os lo recomendaría en VO. Por favor, no entendáis nada. No entendáis verbos que dice El Cuervo, ni sus ruiditos, ni los berridos de los niños, no lo entendáis porque da igual, vais a comprenderlo y a sentirlo todo igualmente. Y eso es la belleza de este libro o de este collage extraño. Hay algunos que dicen que es una novela, pero para mí ha sido mucho más: ha sido novela, poesía, composiciones, poesía visual, diario, canciones, todo. Y también me ha transmitido todo.

La historia empieza cuando un padre y dos hijos pierden la madre. Reciben la visita de un cuervo, que estará con ellos y los ayudará a superar la pérdida y el luto. Y no quiero —ni puedo— decir nada más, porque el argumento es sencillamente los pensamientos de estos tres personajes (Dad, Crow, Boys), su punto de vista acerca la tristeza, la responsabilidad, el arrepentimiento. Y cómo se transforman, cómo las voces se apagan, se animan, se vuelven a apagar, cambian de tono, una melodía triste, un alegretto. Y eso es la belleza.

Me he cansado de leer novelas largas y cronológicas que me explican la vida de unos personajes y donde hay un final claro. Me he cansado de leer primeras personas que son de todo menos introspectivas. Me he cansado de leer pensamientos correlativos, coherentes. Quiero algo puro, quiero algo de verdad. Quiero un momento de la vida de alguien y un final que no es final, porque en la vida sólo hay final cuando mueres. Quiero sentimientos a punto de ser desbordados, quiero sentir la rabia, la impotencia, la tristeza. Quiero leer sueños, inconscientes, dudas. Quiero leer algo real.

Todo lo que pueda escribir aquí no le hará justicia a este libro, en parte porque creo también que es algo totalmente subjetivo, de lo cual te podrás identificar o no. Es una especie de catarsis, apela al pathos. He llorado en el metro, he reído en casa, he subrayado lo que uno podía subrayar. He leído pasajes a mis amigos y familia, y estaba tan embarcada en ello que se me quemó la pizza. Es una historia para coger, leer y releer, porque la Andrea de 22 años no lo leerá igual que la de 30, ni la de 50, ni la de 80 —porque, de hecho, el luto es algo atemporal -.

Grief is the thing with feathers ha entrado de cabeza en mi TOP 5 de libros favoritos de todos los tiempos, junto con Cumbres Borrascosas, Jo Confesso y Werther. Si podéis leerlo en versión original, hacedlo, o si queréis comprar la traducción, también, pero por favor: no dejéis de hacerlo.

Vale mucho la pena.

Andrea Rovira.



En español:

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EL PÉNDULO DE FOUCAULT - UMBERTO ECO

Hay veces, y sobre todo si eres lector, que encuentras una frase que da sentido, cuerpo, a un pensamiento o sensación que llevabas tiempo teniendo. Leo desde hace bastantes años y al principio dedicaba mi tiempo a novelas que iba encontrando, ya fuese en librerías o por casa, sin ningún tipo de criterio. A veces me encontraba con libros geniales y al terminar de leerlos sentía la necesidad de estar unos días sin leer nada más, como si mi inconsciente o incluso el propio cuerpo me pidiera que dejara reposar lo leído, que descansara unos días para que todo lo absorbido pudiera penetrar de forma óptima. Pues bien, un tiempo después vi que en un libro hablaban del proceso de luto del lector y me di cuenta de que era eso mismo lo que había sentido en las veces anteriores. Cuando un libro te atrapa se convierte en tu amante. Piensas en él estés donde estés, cuentas los minutos para seguir leyendo, quieres avanzar a la vez que no quieres terminar. Cuando termina el libro el amante muere. Eso me pasaba antes y me sigue pasando ahora. Por eso leo.

Pues bien, hacía mucho tiempo que ya no me pasaba. No sé si porque he cambiado el tipo de libro que leo o si es simplemente porque me encuentro en otra etapa de mi vida. Debo reconocer que muchas veces medito sobre ello. Pero como me suele pasar siempre, cuando empiezo a vislumbrar una solución a alguna de mis preguntas, llega algo – normalmente un libro – y me golpea tan fuerte que destruye cualquier tipo de luz que podía tener. Eso ha hecho El péndulo de Foucualt conmigo. Tras varios días de reposo puedo decir que es la mejor novela que he leído. ¿Por qué?

Pues primero y muy importante porque ha conseguido entretenerme, pero entretenerme dentro de esa forma de locura que seguro que tú como buen lector has sentido alguna vez. De tanto leer, sé más o menos cuánto me puede durar un libro antes de empezarlo solo con tenerlo en las manos. Conseguí una edición de bolsillo (1991, de Ediciones Orbis y Editorial Lumen) de la novela de Umberto Eco, con esas páginas que parecen hechas con papel de fumar y letras minúsculas, y ya el libro tenía cerca de 600 páginas, así que no sé cuántas debe tener una edición normal. Lo cogí, decidí empezarlo e imaginé que en dos o tres semanas lo tendría leído. Me duró una. Así es cómo ya valoro si un libro es bueno o no. 

En El péndulo de Foucualt, Umberto Eco nos sitúa al lado de Casaubon, un joven que nos cuenta su historia desde la elaboración de su tesis hasta la edad adulta. Con él conoceremos a Diotallevi y Belbo, los otros dos personajes que conforman el eje narrativo. Tres intelectuales ávidos de todo tema relacionado con el ocultismo a los que la vida narrativa junta para no separarlos más que lo necesario. Desde su encuentro, la novela nos sumergirá en una espiral borgiana donde el templarismo y todo lo relacionado con este a lo largo de la Historia se ofrece como tema central de la investigación de estos tres personajes. La llegada de alguien con un mensaje criptado, antiguo y secreto, provocará que estos tres amigos olviden todo para centrarse en la investigación del secreto. Desde ese momento, todo cambiará. Incluso tú. 

No cuento más porque no creo que sea necesario y pienso que con lo dicho ya puede servir de guía para saber si gustará o no – que lo hará –. Es un libro complicado, que hace que necesites tener a mano un móvil, ordenador o tableta para buscar alguna de las inabarcables referencias que Eco deja en la novela. Incluso se ha publicado un diccionario solo para las referencias del libro. Pienso que si Borges se hubiera decidido por escribir una gran novela, sin ninguna duda hubiera hecho algo muy parecido a esto (¿o la misma?). 

No puedo ser imparcial – aunque nunca lo sea. Tú tampoco –, y por eso creo que de mis líneas salta con energía el disfrute que he tenido leyendo la novela. Pero es que es así. He querido buscar el secreto junto a tres locos bibliófilos y he acabado como ellos. Pero por suerte, yo he cerrado el libro y he visto que nada había sido real (¿o sí?) ¿Quieres saber qué les pasa? Abre la primera página. Empieza.

Víctor González.


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CORTÁZAR - JESÚS MARCHAMALO Y MARC TORICES

Tengo que reconocer que me ha encantado leer este libro. Me ha encantado leerlo y me ha encantado el libro. No soy muy ducho en materia de cómic así que pocas apreciaciones técnicas podré dar – aunque la verdad es que tampoco las doy cuando hablo de otros libros –, así que me dedicaré – como siempre – a contar qué me ha hecho sentir su lectura. 

Primero de todo diré, porque me siento obligado a hacerlo, que solo el olor ya te atrapa. Creo que es inevitable si te gusta leer que te guste también el olor de los libros. Abrir un libro que huele bien es como un suplemento genial de la portada, te gana desde el principio. En este caso, además, no hace falta ni abrirlo para olerlo, solo con quitarle el plástico con el que viene ya empiezas a notar ese aroma que desprende. Os contaré al hilo de esto algo que me ha pasado leyéndolo, y es que una noche, tras acabar de leerlo en la cama, lo dejé a mi lado, en el suelo, y me puse a dormir. Os prometo que me desperté y tenía pegado el olor del libro. Me puse a pensar en si, igual que el olor en este caso, las historias de dentro de los libros que dejas a tu lado mientras duermes también se pegan a ti y luego caminas durante el día con ellas enganchadas a tu cuerpo, a tu mente. Pero eso ya son otros temas. En este caso quiero hablar de Cortázar, la biografía ilustrada del escritor argentino obra de Jesús Marchamalo y Marc Torices que acaba de publicar Nórdica. 

El libro comienza al estilo de una película – ya lo veréis porque tenéis que comprarlo y leerlo – y eso ya de por sí gusta y sorprende. Tras ese inicio tan de ‘teaser’, que acaba con el título del libro y apellido del argentino, empieza la historia de Julio Cortázar, desde el nacimiento hasta su muerte. Todo lleno de guiños, anécdotas e incluso pruebas gráficas reales de dedicatorias, portadas o fotografías, Cortázar es la muestra de cómo todo tiene cabida en el cómic, o en el arte en general. 

Cortázar escribió poemas, intentó y consiguió hacer una contranovela, hizo fotos, muchos fotos, pintó e incluso usó sus manos para arreglar los desperfectos de su casa. Tuvo sus más y sus menos con la política, viajó mucho y vivió mucho, siempre pegado a sus Gauloises. Todo esto se nos cuenta en un libro que juega igual que lo hacía el argentino. No, este no se puede leer de distintas formas pero sí se puede disfrutar igual que las obras de Cortázar. Porque como digo, este libro juega, a veces con las formas, las viñetas, los bocadillos, a veces con el propio personaje, a veces contigo. 

Cortázar es un ameno y divertido paseo por la vida del argentino de una forma que hasta hoy no se había visto. El dibujo se mezcla con la palabra escrita al estilo de lo que hacía Cortázar dentro de los libros que leía, plagados de anotaciones, comentarios y garabatos. Huele bien, te entretiene, te enseña y te hace leer, ¿qué más le podemos pedir a un libro?

Víctor González.


 
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