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RAFAEL INGLADA Y VÍCTOR FERNÁNDEZ



Entrevista de Laia Vaquerizo a Rafael Inglada y Víctor Fernández por Palabra de Lorca (Malpaso, 2017):

Laia Vaquerizo: ¿Podéis explicarnos cómo surgió la idea de hacer este libro?

Rafael Inglada: la idea surge en parte de un trabajo que estaba haciendo, de una cronología sobre los años republicanos de García Lorca, entre 1931 y 1936, y de esa cronología que es bastante extensa la dividí en dos apartados. Uno era sobre el Federico García Lorca en el grupo de la barraca, y el otro era sobre las entrevistas y declaraciones, pero principalmente de las entrevistas, y se pensó en un primer momento de poner solamente las entrevistas que no estuvieran publicadas en las obras completas de 1996, pero luego al final se decidió hacer todas las entrevistas que se hubieran hecho en vida del dramaturgo. Y en ese momento del proceso Víctor entro para ayudar porque había muchas entrevistas que yo no conocía, y él es un gran especialista en Federico García Lorca, y gracias a ese empeño suyo se ha podido montar el rompecabezas de las entrevistas y de las declaraciones, porque muchas de ellas estaban perdidas en prensa o se habían publicado por vez primera en los años 20, los años 30, y ha sido un gran trabajado que creo que al final ha merecido la pena.

Laia: ¿Qué crees que es lo más especial de este libro? Si tuvieses que convencer a alguien para que lo lea, ¿qué le dirías?

Víctor Fernández: pues que es un libro de Lorca, de alguna manera es un nuevo libro de Lorca. Es que no quiero que parezca pedante, pero es lo que faltaba a la obra completa de Lorca. De hecho, la obra completa de Lorca, en la última edición de 1996 aparecen las entrevistas, pero no estaban todas, y faltaba un número importante de entrevistas (una cincuenta), y parte, luego descubrimos que había entrevistas que se habían publicado en la obra completa mal, faltaban preguntas, e incluso faltan frases en las respuestas, y yo creo que era esencial hacer esa labor de restauración, y el empeño de Rafael de ir directamente a la fuente es lo que ha hecho que restauremos la palabra de Lorca, que de eso se trataba. Creo que lo que se le puede decir a la gente para que lea este libro es que va a encontrar la palabra de Lorca, del Lorca puro, del Lorca que aparece en los medios de comunicación, de la prensa de su tiempo.

Laia: ¿Cómo crees que influye la ideología de Lorca en esta obra?

RI: creo que tanto las declaraciones y sobre todo las entrevistas van a la par con la ocasión con la que se hace, por ejemplo, cuando estrena Mariana Pineda se habla de Mariana Pineda, cuando hace Bodas de sangre se habla de Bodas de sangre… Siempre, evidentemente, hay un pie que es el que hace que siga esa entrevista. Cuando ya en el año 1936, muy poco antes del estallido de la guerra civil, en que hay una España convulsa, una España en la situación en la que estaba, ahí es donde vemos un Lorca comprometido, porque no hay, o yo al menos no lo recuerdo, momento en que hable de cuestiones políticas, pero sí cuestiones sociales, cuestiones más generales a nivel social. Cuando ya entran un poco más las cuestiones políticas es movido por los acontecimientos que están pasando en el momento en que le están haciendo la entrevista. Esto va a ser sobre todo en los últimos meses, en mayo, junio, julio de 1936.

Laia: Tenemos entendido que estás muy involucrado en la Fundación Pablo Ruiz Picasso, ¿qué te llevó a interesarte por el famoso pintor y qué relación se podría encontrar entre los dos artistas (Picasso y Lorca)?

RI: En mi vida, primero fue García Lorca, y luego fue Picasso. Mi primera conferencia fue con diecisiete años sobre Federico García Lorca, ni por asomo de Picasso. Lo que pasó que luego entré a trabajar en la casa natal de Picasso, y es al personaje al que más años he dedicado de mi vida. Mis trabajos de Picasso, en cantidad y en volúmenes están muy por encima de los de Lorca, que no en calidad. Lo que sí sabemos es que Picasso había leído a Lorca, y desde luego que a Lorca le fascinaba Picasso, tenía reproducciones de sus obras en su casa; y en una ocasión Picasso le hizo un homenaje a Lorca, sobre el año 1937, cuando en la Exposición Internacional de París exponiendo el Guernica, también hay un gran retrato de García Lorca, que hacía un año que había sido asesinado. Además, también hay muchos paralelismos. Ambos son como dos grandes tótems, dos grandes andaluces.

VF: A mí hay una cosa que me hace gracia, y es que Dalí, por ejemplo, conoció a Picasso directamente gracias a Lorca, porque cuando Dalí va París para conocer a Picasso, lleva una carta de recomendación que Lorca ha escrito para un pintor que se llama Manuel Sánchez Ortiz, muy amigo de Lorca, y le pide que como va un muy amigo suyo que es Picasso le atienda, y entonces Lorca es el intermediario entre los dos, entre Picasso y Dalí.

RI: No se conocieron nunca, pero desde luego sintieron una mutua admiración.

Laia: Tengo entendido que ambos autores se posicionaron políticamente más como comunistas, hasta el punto de que a Lorca lo acabaron matando por revolucionario. ¿Qué crees que opinarían hoy sobre la situación actual, tanto en España como a nivel internacional?

RI: Yo quiero hacer un inciso aquí, es verdad que el compromiso político de Picasso e sun compromiso comunista sobre todo cuando en 1944 se adhiere al partido comunista francés. Pero no es el mismo caso que el de Lorca, porque había un compromiso de los dos, pero lo que les unía es un compromiso de izquierdas, pero no un compromiso hacia un partido en concreto, así como sí lo es con Picasso, que estuvo muchos años en el Partido Comunista Francés como exiliado republicano, no pasó con Lorca, no se decantó hacia un partido en concreto.

VF: De hecho, Lorca huye de tener un carné, y por ejemplo Alberti y Pablo Neruda le presionan para que se haga del Partido Comunista, y él no quiere saber nada. Por ejemplo, hay una anécdota que sucede en el año 36, semanas antes de que marchara a Granada y a la muerte, le explica a un amigo que otro amigo suyo se ha hecho de un partido, y Lorca dice que él no, «yo no quiero saber nada, en todo caso, yo soy del partido de los pobres, pero de los pobres pobres».

Y sobre lo que preguntabas de qué opinarían ahora, si tú lees Poeta en Nueva York, los poemas de este libro, la denuncia social que hace por ejemplo de la situación social de los negros, tienen una vigencia hoy como la tenía en 1929; el Grito hacia Roma, en que condena que el Papa no se moje, que habla de un Cristo más carnal, que no tiene nada que ver con el culto religioso fastuoso, tiene una vigencia aún enorme, es impresionante. Lo lees ahora, y parece que esté escrito de hace unas horas. Y eso pasa con muy pocos autores. Estamos hablando de poemas escritos hace más de 80 años.

RI: Y eso con Picasso pasa igual, es lo mismo. Todas estas preocupaciones políticas y sociales, sobre todo sociales, que es lo que se ve en el Poeta en Nueva York, que es también un drama, está muy vinculado a su producción dramática, está muy vigente hoy en día. Si lo hubiera publicado ahora habría tenido la misma vigencia.

Laia: ¿Podríais decir algo que no os guste de Lorca?

RI: Yo sí, posiblemente hay una cosa que no me gusta de las personas en general, que es la informalidad, y Lorca era muy informal. Por ejemplo, cuando estuvo aquí en Barcelona, tenía un homenaje y no fue, lo esperaban y no aparecía porque se había encontrado con alguien… Era un pájaro muy libre. El gran defecto, me parece a mí, porque la verdad, nunca se ha hablado de los defectos, de las cosas negativas de Lorca, siempre se le pondera, se habla de él como el gran poeta, y es verdad que lo es, pero luego en aspectos suyos personales, yo me quedaría con la informalidad.

VF: Y yo, ligando un poco con lo que decía Rafael, él era muy generoso, a veces demasiado expendido con sus propios manuscritos. Eso ha hecho que algunos se hayan perdido para siempre, bueno, esperemos que no para siempre y que aparezcan alguna vez; por ejemplo, no sabemos dónde está el manuscrito de Bodas de sangre. Regala el manuscrito de Bodas de sangre a un amigo y ese manuscrito se perdió. Y con muchos manuscritos suyos que se perdieron fue porque él los regalaba, hay muchas veces que acaba de dar una conferencia, alguien le dice que le ha gustado mucho y él le regala el manuscrito, y luego a la semana tenía que ir buscándolo porque lo necesitaba para pedir si le podría enviar el manuscrito que le dio porque no tenía copia. Eso ha hecho que muchas veces se haya perdido alguna cosa. Y esto por buscar algo negativo.

LIBREPREGUNTAS:

· Libro electrónico o de papel: Ambos eligen papel.

· Narrativa o poesía: ambos eligen poesía.

· Un libro: Rafael elige el Quijote y Víctor El llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Lorca.

· Un poema: Rafael elige Pandémica y Celeste; y Víctor No volveré a ser joven de Gil de Viedma o Contra Jaime Gil de Viedma, de Gil de Viedma.

· Un autor: ambos eligen Lorca.

· Un cuadro: Rafael elige la Alborada, de Picasso, y Víctor elige Halcones en la noche de Hopper

· Un personaje: Víctor elige Sherlock Holmes, y Rafael no puede elegir uno.

· Una cita: Víctor elige una cita de Lorca que no está recogida, que le dijo un amigo suyo «busqué la verdad mas la hallé, pero la hallé vestida». Rafael elige una frase de San Agustín que dice «que es mi amor, es mi peso».
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MANEL LOUREIRO

Imagen: Víctor González.

Con postura y gesto cansados por un día repleto de entrevistas, comparecencias y promoción de su última novela, Manel Loureiro nos recibe en el Edificio Planeta para hablar con nosotros de Fulgor, una novela apasionante que atrapa al lector de la primera a la última página. Empezando hace ya varios años a través de un blog personal, Manel Loureiro ha sido capaz de llamar a la puerta de grandes editoriales españolas e internacionales y de convertirse en el autor español revelación en los Estados Unidos.  

Víctor González: Antes de empezar a leer el libro, el lector ve en la contraportada una pregunta que dice «¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para salvar a los tuyos?» ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Casandra, la protagonista de esta novela?

Manel Loureiro: Casandra está dispuesta a llegar hasta donde haga falta, porque Casandra se enfrenta a una de las preguntas más despiadadas que se le puede hacer una madre: «¿qué estás dispuesta a sacrificar por tus hijos?» Las madres son capaces de hacer lo que haga falta. Es una pregunta con trampa, todos tenemos líneas rojas que no nos atrevemos a cruzar, que no podemos hacerlo. Yo, por ejemplo, sería incapaz de hacerle daño a un niño o de entrar en una joyería a punta de pistola, pegarle un tiro al joyero y robarle todas sus joyas. Yo no podría, y seguro que tú tampoco. Pero si yo te digo: «si no coges esta pistola y entras ahora mismo en esta joyería mueren tus padres, tus hijos, o la persona que tú más quieras». Entonces, la pregunta ya no es si estás dispuesto a hacerlo o no, ahora es: «¿cuánto tiempo va a pasar hasta que cojas esa pistola?» Ahí te das cuenta de que esas líneas rojas que hasta ese momento parecían inamovibles se desdibujan, ya no hay límites cuando llegas a un extremo en el que pierdes de vista las referencias morales. 

VG: Sueles acabar los capítulos con una sola frase, impactante, que deja al lector con ganas de empezar el siguiente, recordando a aquellas novelas de folletín tan propias del romanticismo francés que dejaban a los lectores en ascuas hasta el próximo número. ¿De dónde te nace ese talento para enganchar al lector? ¿Es fruto de tus estudios de derecho (y por tanto, de retórica y oratoria)? Y, ¿crees que esa fue la clave del éxito cuando empezaste a publicar en tu blog?

ML: Pues nunca lo había pensado por ahí. Yo creo que viene más de mis lecturas. Yo crecí leyendo clásicos como Verne y de allí, cuando ya me los leí todos, me fui directamente a los escritores de bestseller norteamericanos. Resulta que sucede una cosa muy curiosa que en España no es muy conocida. En Estados Unidos, en los 70, se estaba produciendo una bifurcación muy peligrosa de la literatura: por una parte estaba la literatura de clase, elegante, de Truman Capote para arriba; y por otra parte estaba la literatura pulp, la barata, lo que aquí en España sería las novelitas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía. Se estaba diferenciando tanto que en medio estaba quedando una zona muerta, muy peligrosa, que era donde estaba la mayoría de los lectores: lectores que querían leer historias vibrantes pero que al mismo tiempo tuvieran el refinamiento estructural que tenía la "buena" literatura. Ahí dentro hay un grupo de autores que en los 70 crea una nueva forma de hacer literatura, que es esta literatura de bestseller: ágil, ligera, divertida, que te crea tensión, que bebe mucho de recursos de la televisión porque somos hijos de la generación audiovisual. Ese estilo es el que a mí siempre me fascinó. Cuando yo empecé a escribir, lo que hice básicamente fue escribir lo que yo leía, y me sorprendía que nadie lo hubiera hecho antes. Y esos cliffhangers, esa manera de acabar efectista que sirve como enganche del siguiente capítulo no deja de beber de la narrativa audiovisual; del cine, de la televisión,... Seguro que estás cansado de ver series de televisión que lo hacen, igual que los MacGuffin, que te obligan a avanzar a través de la historia y que no tiene ninguna importancia lo que sucede pero es ese 'rollo' de que te obliga a saltar de capítulo en capítulo. Todo esto es tan importante, esa manera tan visual de contar las cosas, ha cambiado tanto... Y es que tú, tienes en tu cabeza un montón de códigos y de resortes que yo puedo utilizar, pero tú ya los tenías previamente, de serie. Benito Pérez Galdós, en sus Episodios Nacionales, contando la Batalla de Trafalgar se tiraba quizás seis páginas. Pero no lo hacía porque fuese un torpe, sino porque era la única manera que tenía de hacerlo. Para saber de una batalla solo había dos formas: haber estado en ella o que te la contaran de una manera prolija y detallada. Yo no necesito hacer eso. Ahora, con todos los códigos que tienes en tu cabeza, solo me hacen falta dos pinceladas para crear una escena completa en tu cabeza. Pero no es mérito mío, es tuyo, tú ya lo tienes todo eso en la cabeza acumulado. Es una nueva forma de escribir.

VG: Tratas en la novela el aura de las personas, el fulgor, mezclado con elementos fantasiosos. Pero es cierto que hay personas que pueden ver el aura de los demás, aquello que llaman “sinestesia emocional”. ¿De dónde nace tu idea del fulgor?

ML: Conocí el tema de las auras de forma incidental. Yo sabía que había literatura científica al respecto, y las cámaras Kirlian, etc. No está nada claro. Sí que podemos decir que si hace 150 años nos hablan de los rayos X nosotros les tomamos por locos. Hoy en día es imposible ver las auras de una manera física constatable científicamente, pero eso no quiere decir que en un futuro no se pueda. Y sí que es cierto que todos somos capaces de detectar gente cargada de buena y de mala energía. Si somos capaces de detectar eso de manera intuitiva, el hecho de que haya una manifestación física, esa sinestesia que me comentabas, que te permita captarlo, no me parece descabellado. Y para mí, que vengo de un entorno cultural como el gallego, que bebe mucho de la fantasía, de las meigas, la Santa Compaña, los trasgos, muy compartido todo con países como Gales o Irlanda, pero que además soy muy racional y escéptico, este es un tema que no me parece descabellado. 

VG: Narras desde fuera pero conociendo todo de los personajes, lo que hace sentir al lector como en una película. Dado el toque cinematográfico que tienen todas tus novelas, ¿veremos película de esta? 

ML: Espero que sí. Algo se empieza a vislumbrar ya, pero el cine es muy complejo y de proceso muy largo. Pero a mí me hace muchísima ilusión. Me encantaría que la novela llegase a mucha más gente y en un nuevo formato como es el cine. 

VG: Cuentas que la novela nace de un chispazo una noche que conducías escuchando a Johnny Cash. Ese chispazo, la inspiración, ¿cuándo crees que llega? ¿Te pilla trabajando como defendía Picasso o llega de repente como ese ‘aliento de Dios’ que llamaban los griegos? 

ML: Esto que me dices es lo de las musas, y yo siempre digo que musas hay tres: una es la tele, otra es la Play Station y la última, muy pequeñita y que habla muy bajito, es la que te susurra las ideas. A esta hay que hacerle caso y es la que queda ensordecida por las demás. Digo televisión o Play Station pero podría ser salir de copas, estar con los amigos o rascarte la barriga mientras juegas al ordenador. La inspiración te tiene que llegar trabajando. La fórmula del éxito, que nadie la conoce ni la tiene, seguro que se acerca a un cóctel formado por pequeño porcentaje de talento, un porcentaje enorme de trabajo duro y cantidades ingentes de suerte. La inspiración surge de las cosas más insospechadas. Yo hago una cosa que supongo que también harán muchos autores: yo soy como una ardilla emocional en el sentido de que voy acumulando experiencias. Ahora estoy hablando contigo y en cierta manera estoy registrando cómo vas vestido, peinado o cómo estás sentado.  Todo eso se queda guardado en un cajón y de repente, un día, tú apareces en una novela mía. Y yo ni sé que eres tú. 

VG: Está claro que, desde hace ya tiempo, a la hora de escribir tienes que pensar en todos los distintos lectores y culturas a las que va a llegar tu libro. ¿Cómo te ha afectado esto al empezar una novela?

ML: Tengo lectores en todos los continentes y eso es genial, llegas a gente de distintas culturas, sensibilidades, etc. Pero, ¿sabes cuál es el común denominador de todos ellos? Que a todos les encanta que les cuenten historias. Las historias son lo que nos permite ponernos en la piel de otros y sentir emociones de otros. Da igual dónde estén ambientadas y cómo, lo que realmente importa es lo que pasa. Es como Juego de Tronos, una serie que está ambientada en un universo totalmente imaginario, o cualquier historia de Joe Abercrombie. Todo eso funciona. No es importante dónde sucedan las historias, lo importante es lo que estas cuentan. La clave está en contar historias que emocionen a la gente independientemente de cuáles sean sus entornos culturales, y que toquen las fibras comunes que todos tenemos, las emociones humanas fundamentales: amor, odio, venganza, redención, celos, superación, etc.

VG: ¿Cómo explicas el gran éxito que han suscitado tus novelas en EEUU? Y, ¿qué piensas de que se te considere el Stephen King español?

ML: No lo puedo explicar porque si pudiese, estaríamos teniendo esta conversación en mi yate, camino de mi mansión en el Caribe... No existe una fórmula del éxito. Existen factores que pueden ayudar porque una cosa es escribir y otra es tener éxito editorial. Y el éxito editorial responde en la mayoría de ocasiones a factores insospechados. En mi caso, por ejemplo, me ayudó mucho lo que hicieron los guionistas de The Walking Dead. Yo estoy recién publicado allí, soy un desconocido, y de repente comienzan a recomendarme. Eso fue como subirme en una catapulta y hacer ¡paf!, ahí va. Después ya tienes que navegar tú solo. Y con respecto a lo de Stephen King español, es una cosa halagadora pero que me queda muy grande. Este hombre, cuando yo tenía pañales, ya estaba publicando bestsellers. Tengo que crecer un poquito para caber en su chaqueta. Pero bueno, todo esto significa que estamos haciendo cosas muy parecidas y que caminamos en la misma senda, y eso me gusta porque me gusta cómo escribe él y a mucha gente también, con lo cual a mucha gente le debe de gustar cómo escribo yo. 

VG: Has sido siempre un gran defensor del acceso a los libros para todo el mundo, incluso creo que al principio ofrecías gratis tu primera novela para los lectores de tu blog. ¿Cómo ves todo eso ahora que estás dentro de un grupo tan grande e importante como Planeta?

ML: Fíjate en el libro [señala la opción de descarga gratuita del ebook al comprar el libro en papel]. Esto me encanta porque es una aspiración que yo tenía desde hace mucho tiempo. El lector está comprando el contenido, no el formato. Tú, como lector, estás invirtiendo dos cosas importantes en mí: dinero, y la más importante, tiempo. Y eso es sagrado, yo tengo que respetarlo y darte algo a cambio de ello. Lo que te doy es un pacto, te digo «ven, cógete a mí y nos vamos a subir a una noria. Y cuando lleves diez páginas de este libro no vas a poder parar de pasar páginas hasta el final». La sensación que tienes al acabar un libro, dejarlo sobre la mesa y decir: «joder, ha molado», eso es la p****. Hay otro terreno que aquí en España se ha confundido y que es el free inglés, la cultura libre por la cultura gratis. Yo soy de los que digo que el precio de los libros en digital todavía es caro, y es algo que a mí me ha dado problemas. Pero lo digo, porque es lo que pienso.  Pero igual que digo esto, también pienso que gratis total tampoco puede ser. Yo me he pasado un año de mi vida encerrado escribiendo esto y creo que me merezco algo a cambio de las horas de evasión que te estoy ofreciendo, igual que el señor que ha hecho la portada o la señora que ha hecho la maquetación. Si no das nada a cambio, al final nadie lo va a hacer y tú te vas a quedar sin nada. ¿Que el precio es caro? Puede ser, aunque es la gran excusa. Aún tiene recorrido a la baja, pero mientras tanto, tienes cosas más baratas e incluso tienes bibliotecas públicas, que son esas grandes desconocidas. 

VG: Por último, tú acabaste dejando de lado tu carrera como abogado para dedicarte al oficio de escritor. ¿Qué les dirías a todos aquellos jóvenes, y no tan jóvenes, que dudan del hecho de ser escritor o que creen que ya es demasiado tarde para empezar a escribir?

ML: ¡Nunca es demasiado para esto! ¿Tú sabes cuántos años tenía Cervantes cuando escribió El Quijote? Que yo haya empezado relativamente pronto no significa que sea el momento de empezar. Para esto no hay edad ni momento. Es más, yo noto que mi momento de madurez como creador de historias está muy adelante todavía. El mensaje de fondo es: si relamente quieren hacerlo, que no cejen en el empeño, que no abandonen ni bajen los brazos nunca. Pero que no se obsesionen jamás con el bestseller o con el triunfar porque ese es un camino a la frustración. Que se concentren en escribir una gran historia, que emocionen, que nos hagan no parar de pasar páginas. Pero sobre todo, que se concentren en disfrutar escribiendo, que se lo pasen bien, porque si hacen esto, el resto llega solo. En este trabajo no hay atajos, si lo quieren hacer tomando atajos van a ir al barranco. 


LIBREGUNTAS: 

Libro de papel o electrónico: Papel.

Narrativa o poesía: Narrativa.

Un libro: No puedo. Cientos.

Un poema: No sé.

Un autor: Extranjero, Stephen King. Nacional, Javier Sierra.

Un personaje: Jack Torrance, de El Resplandor.

Una cita: «Que vuelen alto los dados», Julio César. 

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GARY SHTEYNGART

Imagen: Brigitte Lacombe.
Con motivo de la presentación de 'Pequeño fracaso' (Libros del Asteroide), las memorias de Gary Shteyngart antes de convertirse en Gary Shteyngart, pudimos realizar esta cercana y divertida entrevista a un escritor que no dejará a nadie indiferente.  Sátira, humor y confesión a partes iguales. 

Andrea Rovira: Gary o Igor Shteyngart empezó a escribir para sentirse querido y aceptado. ¿Por qué escribe hoy en día?

Gary Shteyngart: Bien, ya sabes, ahora tiene una hipoteca, tiene que pagarla... También tiene un niño en Manhattan, cosa que le resulta caro... Cuando empecé a escribir era una diversión y a la vez lo que me salvaba un poco: volvía de una fiesta, me sentía triste y me ponía a escribir. Ahora es un trabajo. La gente siempre me dice que su primera novela es un acto artístico, después, ¿qué más puedes hacer? (se ríe).

AR: Dices que durante tus años de adolescente desarrollaste un problema de personalidad. No sabías si eras Igorcheyk, Gary Ñu, Gary Shteyngart... ¿Quién es ahora? ¿Cree que es un mix de todos o que hay alguna personalidad que resalta sobre las otras?

GS: Con la edad, o bien coges tu personalidad y la rompes en mil personalidades diferentes, o bien coges a tu persona y la estiras hasta quedarse llana, y entonces tienes una personalidad aburrida. Yo creo que me he quedado en esto último.

AR: En el último capítulo hablas mucho de tus padres y de lo que ellos sufrieron, y de cómo tu padre dejó de llamarte “hijito”. ¿Tiene Gary Shteyngart a veces la necesidad de sentirse otra vez como el pequeño Igorcheyk, aunque la relación con su padre fuese difícil?

GS: Claro, todo el mundo quiere volver a sus momentos buenos de la vida. Tener un hijo me ha recordado a eso porque hay esa oportunidad de hacerlo bien y no mal, pero nunca lo sabes: cada persona es diferente, es una combinación de cosas diferente y no sabes cómo alguien va a resultar ser. En la mayoría de casos es suerte y genética. En el mundo, a la mayoría de personas se les puede decir quién van a ser desde el minuto uno, al menos es así con la gente que conozco.

AR: Tus padres no volvieron nunca a Rusia...

GS: Nunca. Yo creo que es un país deprimente. Y volver donde se criaron... el centro de la ciudad es muy bonito, pero también empezaron a ver perros moribundos, borrachos por la calle... Mi madre decía: «¡todo estaba mejor cuando vivía Stalin!». Pero solo el hecho de ser rodeado por millones de rusos creo que es algo depresivo. Bueno, todo el mundo que puede se está yendo de allí. Toda la gente que yo conozco en San Petersburgo se quiere ir de allí lo más rápido posible.

AR: En tu libro también explicas cómo tu padre, cuando llegaron a América, fue a una sinagoga y la comunidad judía les empezó a prestar dinero sin ningún problema y con mucha generosidad. ¿Diría que esta generosidad y espíritu de comunidad aún está presente?

GS: No tengo ni idea. El sitio donde vivo no es para nada religioso, así que no sé cómo sería hoy en día. Pero para entonces todo era muy político: sacar a judíos de la Unión Soviética era es gran “trabajo” para que todo el mundo estuviese junto, etcétera. Los judíos americanos se sintieron en parte también culpables durante la Segunda Guerra Mundial por no salvar a las víctimas del Holocausto, así que creo que para ellos fuimos esa oportunidad de “arreglarlo”, de alguna manera. Pero estuvieron muy sorprendidos cuando llegamos, porque no éramos religiosos para nada, comíamos jamón todo el rato...

AR: Sí, realmente a mí me chocó cuando leí tu libro: esta generosidad que ahora no se ve mucho, por ejemplo con los refugiados sirios, al menos aquí...

GS: Sí, pero los refugiados sirios no son españoles, o ingleses, son sirios. Pero yo lo pienso, y nosotros también podríamos haber sido perfectamente una familia de Siria: no teníamos nada que ver con los otros judíos.

AR: En relación con el tema judío, aunque no eres religioso, en las memorias retratas cómo preguntaste a tu madre por qué estabas asustado de todo, y cómo ella te respondió “porque eres judío”. ¿Crees que es eso cierto?

GS: Creo que incluso ahora se pueden trazar orígenes de enfermedades, ansiedades o miedos que resaltan más en una comunidad étnica que en la otra. No sé por qué por eso (ríe). En el genoma de los judíos del holocausto aparecen muchas enfermedades, y estoy seguro de que la ansiedad y el miedo es una de ellas.

AR: Me quedé muy sorprendida con la historia de tu primera televisión y cómo el pequeño Gary iba todos los días a casa de la abuela para ver los programas. Evidentemente, la televisión jugó un papel muy importante en tu aceptación entre los otros niños...

GS: Sí, todo iba sobre la televisión en esos tiempos. Sería el equivalente a Facebook ahora.

AR: Eso quería preguntarte: ¿crees que la relación de ahora niños-televisión es la misma que antes?

GS: No, en absoluto. Ahora es todo Facebook, redes sociales... Los niños ya no miran la televisión, ahora miran cosas en una pantalla. Pero esto es interesante: casi todas nuestras interacciones son ahora online, así que los niños tienen que adaptarse a ese tipo de pensamiento. Para mí, hubiese sido mejor, porque siempre fui mejor escritor que orador (tenía un acento pésimo), así que creo que mi vida hubiese sido mejor.

AR: Dices que cuando comprasteis el primer televisor, paraste de escribir. La televisión es genial pero también hace perder un poco la imaginación a los niños...

GS: ¡Claro! Todo elimina la imaginación. Cuando me voy a otro país y soy demasiado tacaño para pagar el Wi-fi público y me doy vueltas por la ciudad sin estar enganchado a esta pequeña cosa (me enseña el móvil), me doy cuenta de hasta el más pequeño detalle. Hoy he mirado un rascacielos y había un par de chicos en el último piso subidos en una grúa limpiando los cristales... No habría reparado en ello si hubiese estado mirando algún tweet estúpido. Te conviertes en una persona totalmente diferente cuando estás siempre online. Llevo un mes fuera de casa y me doy cuenta de lo necesitado que estoy de encontrar Wi-Fi.

AR: Dices que el psicoanálisis te salvó la vida... ¿cómo te afectó o influenció en la escritura?

GS: Simplemente me mantuvo apartado del consumo habitual de drogas y alcohol. La gente siempre dice «bueno, si vas a psicoanálisis pierdes aquello que te empuja a escribir», yo no creo que sea así. Para mí lo que hizo fue darme un tiempo cada día donde estar sobrio y trabajando.

AR: ¿Y te ayudó a reconocerte y aceptar todo aquello por lo que habías pasado?

GS: Ya estaba haciendo eso a través de la escritura. Pero no es un proceso de grandes descubrimientos, es algo médico: realmente te baja la ansiedad, la depresión, y puedes funcionar mejor. Ahora algunos se medican para lograr ese efecto, pero los medicamentos no hacen todo el trabajo; pueden tratar algunos de los síntomas pero el problema base sigue existiendo, y para eso me sirvió a mí la psicoanálisis. No estoy en contra de las drogas tampoco (ríe).

AR: Basado en tu propia experiencia como creador y profesor, ¿qué consejo le darías a un joven escritor?

GS: Vaya, es duro ser un escritor joven, porque realmente no sabes quién eres. Es encontrar su propia voz, eso es duro; porque leemos mucho, y eso está bien, pero evidentemente nos dejamos influenciar por esas lecturas y lo difícil está en encontrar el punto medio, ya sabes, ¿quiero ser el nuevo Nabokov?, bueno, ¡pues no seas el próximo Nabokov, ya tuvimos un Nabokov! Pero la pregunta es: ¿cómo coges lo mejor de todos los autores que has leído y a la vez te mantienes fiel a ti mismo y a tu propia voz? Odio a los escritores que suenan como otros escritores, no hay nada más triste que eso.

AR: ¿Así que piensas que un escritor también debe aportar un tono personal?

GS: Sí, por eso quizás en América hay tantos escritores inmigrantes, porque la experiencia que aportan es muy diferente de la experiencia estándar. Todo lo que se escribe se convierte, casi por naturaleza, en una voz diferente.

AR: Tu madre te llamaba “Pequeño Fracaso”... ¿cómo te llama ahora?

(Suelta una carcajada) ¡Solo Igor! ¿Sabes? Cuando publiqué mi primer libro fue como un acto de emancipación. Siempre me pregunto si la razón por la que me convertí en escritor fue para crear esa distancia: cuando te haces abogado, puedes ser un mal abogado, pero si te haces escritor es como decir “no soy tú, soy diferente a ti”. Y en Rusia eres visto como una extensión de tus padres, en cambio en América el individualismo es lo más importante.


LIBREGUNTAS:

Libro electrónico o de papel: Papel, por supuesto.

Narrativa o poesía: Narrativa.

Un libro: Pnin, de Vladimir Nabokov.

Un poema: Charles Simic, cualquiera de sus poemas.

Un autor: Iván Turguénev.

Un personaje: (se lo piensa un buen rato) No sé... es mejor que se los deje tranquilos, ¡a los personajes!

Una cita: No soy fan de las citas, ni los eslogans... No me inspiran. Me inspira la buena comida.

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REYES CALDERÓN


Con una seguridad y confianza en sí misma reflejadas en el apretón de manos inicial, Reyes Calderón nos recibía en el bello hotel Sansi Pedralbes para hablar de su nueva novela publicada bajo el importante sello de Planeta. Una obra que mezcla ciencia y espiritualidad, que lleva al lector por los pasos de un más allá que acaba en una puerta, a la que todos debemos llamar y solo estando allí sabremos si podemos entrar. Para conocer un poco más acerca de este turbio camino y de esta incomprensible puerta no podéis dejar de disfrutar de esta novela: La puerta del cielo, Reyes Calderón. 

Víctor González: ¿Qué hay, para Reyes Calderón, tras La puerta del cielo?

Reyes Calderón: Si hablamos del libro hay una novela de intriga, de aventuras, con una gran dosis de humor y con un final sorprendente.

VG: Dicen que la buena Literatura es aquella que plantea más preguntas al lector que respuestas. Y yo creo que la tuya es una de esas. ¿Cómo afrontaste el querer hablar de algo tan confuso e inabarcable como nuestro destino tras la muerte?

RC: Ante el vértigo de eso que se llama 'lo sobrenatural', tanto en su versión positiva como negativa, me pareció que la mejor manera de enfrentarme a él era con un personaje muy sencillo, que pudiera ser cualquiera de nosotros. Por eso hay un protagonista gallego, allí la tierra es especialmente propicia, están envueltos en esa niebla que la hace misteriosa. Llega a la gran ciudad y se pierde, como nos pasaría a nosotros ante un infinito. La mezcla de estas dos cosas, una tan grande y la otra tan pequeña, termina llevándote por la senda más fácil, porque en realidad yo escribo para el lector y el lector tiene que ser cualquiera de nosotros; y aunque los héroes deben ser únicos, cada uno de nosotros somos un héroe, porque somos únicos. Lo que nos caracteriza a todos es que tenemos una base de sencillez ante algo tan grande. Hay que escoger protagonistas muy de a pie.

VG: Has confesado que tú no ideas las novelas, sino que ellas te encuentran. Y esta sabemos que te encontró en un aeropuerto junto a un obispo que te narró su experiencia en un exorcismo. Cuéntanos.

RC: Fue en un retraso. Yo no conocía mucho a esta persona y él llegaba realmente impresionado de un exorcismo. Cualquier exorcismo impresiona. Él me trasladó la experiencia y entonces la impresionada fui yo. No pegué ojo en toda la noche, pasé un miedo horroroso. Me llamaron la atención muchas cosas que me contó: cómo muchos casos son simplemente casos psiquiátricos, no demoníacos; lo potente que es cuando se enfrentan a uno, etc. empecé a indagar en el tema de los exorcismos, en todo lo que los rodea, y encontré que en Roma hay censados, aunque habrá muchos sin censar, más videntes, mediums, espiritistas,... que curas. En Roma, un sitio donde precisamente no faltan curas. Me di cuenta que es un mundo que mueve miles de millones de euros, muchas veces basándose en la credulidad de la gente. Sirven a personas de muchas clases sociales, de muchos niveles culturales. Me llamó la atención que cada vez somos más descreídos, más agnósticos, más ateos, y sin embargo cada vez hay más. Cuando no tenemos algo grande en lo que creer vamos creyendo en cosas pequeñas. Me pareció que era una base estupenda para una intriga, usar como escenario este mundo. Eso sí, es un mundo con muchos prismas: está la parte de los exorcismos los cuales tienen un libro oficial para realizarlos, son personas preparadas para ello, con muchos conocimientos psiquiátricos, etc. Luego habría otro mundo paralelo con los echadores de cartas o los videntes, gente que tiene premoniciones porque ha nacido con ellas. Yo conozco un poco el mundo de las meigas que en gran parte son médicos de hierbas y remedios naturistas. Pero sí que hay gente que es especial para ver cosas que los demás no vemos. Con todo estos ingredientes había que hacer una novela en un tema en el que la ciencia se calla y no llega a más y la fe te dice que tienes que creer sin ver. Hay una nebulosa que me pareció el sitio ideal aunque muy complicado porque no es una novela científica pero tiene muchos elementos de ciencia ficción. Tampoco es una novela religiosa pero hay un exorcista. Era tan complicado que me ha llevado siete años. Estoy muy contenta porque con el protagonista gallego se ha conseguido hacer una novela para todos. Está claro que la intriga es potente y a veces se pasa un poco de miedo pero no necesitas ningún tipo de conocimiento científico ni religioso para seguirla.

VG: Podríamos decir que es una novela miscelánea por el hecho de encontrar rasgos del costumbrismo de Cela, del misterio de Javier Sierra, de la ironía de Larra e incluso de la novela negra de Larsson. ¿Cuáles han sido tus influencias en la elaboración de esta y las demás novelas que has escrito? ¿Qué has querido conseguir mezclando temas tan trascendentales con el humor y la ironía más llanos?

RC: Yo siempre me quedo con la ironía dulce, la gallega. Hay una ironía ácida que no me gusta nada, pero la dulce sí. La ironía es muy humana, el único animal que se ríe es el ser humano. Y sobre todo es muy humano reírte cuando no alcanzas, reírte de ti mismo, frente a temas como el infinito, el más allá, etc. Respecto a todo ello no queda más que la ironía, el pensar si cuando llame me dejarán pasar. Sí que hay un guiño a La colmena de Cela porque sigue existiendo en las grandes ciudades. Era casi un homenaje a todos esos que han conseguido mantener esas casas de renta antigua, que son una ruina económica absoluta, pero donde los vecinos siguen conociéndose, se preocupan unos de otros, y todo ello en el cogollo de una gran ciudad. Eso me parece precioso. Con respecto a la novela negra, debo confesar que no suelo leer cuando escribo novela negra porque me terminan influyendo. Me influyen más los clásicos que la novela negra. Quizás también porque mi intriga es de letra pequeña, es potente pero siempre los personajes son casi antihéroes, se enfrentan con miedo, se ríen de sí mismos, etc. Es otro perfil, quizás más femenino. Dicen que en las autobiografías masculinas el protagonista siempre explica lo que es capaz de hacer mientras que en las femeninas es más un detalle que les ha influido, algo que ha ocurrido que de repente les ha impactado. Y mi novela se basa en eso, en los pequeños detalles, muy costumbrista en ese sentido, muy Cela. Yo tengo la teoría de que si no me divierto escribiendo, el lector no se divierte leyendo. Yo me he divertido mucho recreando a estos personajes, tengo 21 versiones distintas de la obra, 21 manuscritos porque no me acababa de convencer. He leído mucho en estos siete años y al final estoy convencida de que no sé si somos lo que leemos pero sí que lo que leemos nos hace distintos. Y creo que lo distinta que me ha hecho el leer se refleja en la novela.

VG: Centras el argumento de tu novela en esa nebulosa (como tú la llamas) donde ni la ciencia ni la religión llegan con sus explicaciones. ¿Crees que hay algo seguro que puede sacarse de allí o es todo cuestión de fe?

RC: Yo apostaría más por la experiencia. Creo que lo sobrenatural no te lo da la razón ni la fe, sino la experiencia. La religión es una experiencia religiosa. Si la religión acierta diciendo que detrás hay alguien y no algo, al alguien no se le conoce por razón sino por compartir experiencias. En ese sentido creo que es muy positivo porque todos podemos tener una experiencia en algún momento de tocar algo intangible que nos supera. Cada uno le puede llamar de una manera determinada. Tenemos la experiencia de lo mejor y lo peor, de lo que podría ser el cielo y el infierno.

VG: Decía Agatha Christie que la mejor receta para una novela de este tipo es que el detective nunca sepa más que el lector. En tu novela es muy importante el lector como detective de la propia historia. ¿Cuáles crees tú que son las claves de una novela de misterio?

RC: Creo que los escritores jugamos con la curiosidad del lector. Él está sentado en su sillón, cómodo, y tú le estás diciendo "sígueme, te voy a meter en una cueva oscura donde hay una cierta aventura pero tú no sabes dónde vas a ir". Yo opino que hay que darle una linterna, y por eso estoy totalmente de acuerdo con Agatha Christie. La linterna la lleva él. Los libros tienen que tener suficientes caras como para que si estás señalando con la luz en una parte puedas ver algo y si señalas en otro lugar veas otra cosa. Por eso hay distintas lecturas de un libro y cada lector hace la suya. Al lector que le gusta más la ciencia ve una clave científica, al que le gusta más la religión ve la clave religiosa, al de la acción, también hay clave de acción. Por eso me gusta dibujar físicamente las novelas antes de ponerlas en el papel, porque tienen que unirse todas las líneas. Y no solo porque lo que digas en la página 80 tenga que ser coherente con lo de la 380, sino por construir esa visión circular que es la única manera de darle entrada al lector. Él mismo debe entrar en la cueva, no tienes tú que empujarle. Ya me han escrito dos personas: uno me decía que había reñido con su mujer porque lo leyó entero un domingo dejando a los hijos y todo lo demás de lado. Y eso es lo que quiero conseguir, el efecto de que enganche y no se pueda soltar, querer llegar al final, no a la respuesta sino seguramente a su pregunta.

VG: Tú misma recalcas siempre que te impresionó saber que en Roma hay más adivinadores, tarotistas, médiums, etc., que curas. Y creo que de esa idea nace la base de esta novela, que es algo así como querer defender que, a pesar de ser cada vez una sociedad menos católica, menos creyente y más dubitativa, siempre hay un espacio dentro de nosotros para el más allá, el misterio del después; que es más o menos lo que le ocurre al protagonista. ¿Qué piensas de ello? ¿Qué tiene que tanto nos llama?

RC: Hay algún autor que dice, y me encantó el símil, que es como si lo hubiéramos conocido y lo hubiéramos perdido, y lo echáramos de menos. Es decir, hay algo en nuestro interior que hace que intuyamos que algo conocemos, pero no sabemos qué. O dicho de otra manera, que cuando abramos la puerta habrá algo detrás que seamos capaces de reconocer. Por eso también muchos dicen, y yo estoy de acuerdo, que el cielo será una extensión de la Tierra, que lo que hayas sido en la Tierra lo serás en el otro lado, porque te reconocerás allá. Es muy curioso como a una persona que pierde la memoria le cambia la expresión de la cara. De hecho deja de ser ella. En cierta medida somos los que son nuestros recuerdos. La acumulación de experiencias, nuestros recuerdos, son los que nos hacen ser alguien distinto a otro. En la medida que somos recuerdos tenemos que llevárnoslos al otro lado, porque si no no seríamos nosotros. Por eso me convencen cuando dicen que hay un cierto paralelismo en los dos sitios. Lo que yo espero es que no haya lo que aquí no me gusta: dolor, angustia, tristeza, enfermedad, degradación, y sobre todo, que no haya esa maldad que el escritor de novela negra o la simple persona que ve el telediario se encuentra cada día.

VG: Hablando de los personajes, has reconocido que tus protagonistas “son siempre otra cosa de lo que a primera vista parecen” lo que nos lleva al tema de las máscaras que siempre llevamos puestas. ¿Es posible llegar a ver la verdad de uno mismo? ¿Lo consigue el lector con los personajes de tu novela?

RC: A mí me resulta complicado llegar a la verdad sobre mí misma, y me parece que no soy la única. A veces me sorprendo cuando respondo de una determinada manera o hago algo que me llama la atención. Pues de otros todavía más. Yo creo que tenemos muchas máscaras, algunas que nos las ponemos porque queremos y otras porque la vida nos las va poniendo. Por eso cuando pones a alguien en una situación extrema de repente sale alguien que él desconocía. ¿Quién eres? Pues no sé, probablemente quien seas en situación de emergencia. En una novela negra lo que se hace es poner a los personajes en situaciones poco normales.

VG: Introduces en la novela a un hombre llegado de Lugo en una gran ciudad como Madrid, concretamente, en tu querido barrio de Salamanca. ¿Cómo afecta ese contraste en un personaje como Gerardo Vilela?

RC: El contraste es total. Hay un momento en que dice que en Madrid casi todos de alguna manera son bastardos. Es decir, allí no tienes pasado ni casi presente y el futuro ya veremos. Es una ciudad de gente anónima. Cuando uno viene de un sitio pequeño, donde si no quieres que se sepa algo no lo pienses, sabe que nunca puede ser anónimo, el concepto de soledad social es inexistente. Al llegar a la gran ciudad, el cúlmen del anonimato, empieza a salir el otro yo. Un yo que se puede exhibir sin preocuparse por el qué dirán, quitarse muchas de esas caretas de las que hablabas antes. El cambio es drástico. Este cambio se puede ver también en muchos escritores cuando cambian de país. Incluso a Murakami se le nota al irse a Estados Unidos, y mira que ya vivía en una ciudad grande, pero el cambio cultural es importante. Eso termina afectando mucho al personaje. Y especialmente a Gerardo le afecta un montón.

VG: Detrás del humor que contiene la novela y de los temas tan vitales que trata hay también el personaje del asesino, alguien tan oscuro y sin resquicio de esperanza ni sentimiento que incluso lo has llegado a llamar “el padre de todos los asesinos”. ¿Qué te hizo crear un personaje así?

RC: Quiero pensar que es ficción, pero cuando veo en el telediario como cortan el cuello a alguien que lo visten de naranja para que se le vea bien no puedo… He trabajado con asesinos en serie, he descrito una novela sobre algún caso en particular, y siempre te queda la duda de si están tan mal de la cabeza que no se les puede culpar, de si ningún asesino está del todo cuerdo. Aunque hay algunos que parecen mucho más cuerdos que locos. Hay veces que cuando la persona transmite tanto odio que parece que no le cabe nada más, uno llega a pensar que existe la maldad absoluta, la figura del demonio, que solo quiere el mal por el mal. Normalmente los humanos hacemos el mal porque buscamos otra cosa, venganza, dinero o lo que sea, pero en este caso es mal por mal, nada más que por hacer daño. Hay una escena que da cierto miedo que es cuando se convoca a un espíritu. Es relativamente suave, no hay sangre humana, pero se capta el regodeo en la muerte, en arrancar la vida aunque sea a un animal. Ese gustarse en la maldad es lo que me parece espeluznante, pensar que tenemos gente que se apunta voluntariamente a ese lado oscuro. Hay una iglesia del diablo en Filadelfia que tiene millones de “clientes” o adeptos, y saben a lo que se apuntan, y son personas normales que nos encontramos por la calle.

VG: Te hemos leído decir que esperas tener tiempo suficiente para vaciar tu cabeza antes de morir. Pero como bien sabemos, los escritores, a medida que pasan los años, van sumando preguntas y más preguntas en el interior de sus cabezas a medida que van tomando conciencia del mundo. ¿Cómo llevas el tener que lidiar con lo que podríamos llamar el desengaño de la verdad? ¿Ves el escribir como una catarsis? 

RC: Sí, yo descubro un yo que no conocía cada vez que me pongo a escribir. No puedo pensar vivir sin escribir. Siempre he escrito, lo que no he hecho es publicar. No empecé a escribir hasta que pensé que no tenían razón los que me decían que siendo de ciencias no podía dedicarme a esto. A partir de ese momento hice lo que me dio la gana. De pequeña escribía porque cuando no sabía expresar una opinión con palabras o gestos, cogía un papel y era capaz de plasmarlo ahí. Y ahora me sigue pasando un poco lo mismo. Es verdad que hay muchas historias que me han ido atrapando a lo largo de los años y que están en una cola en mi cabeza esperando. No creo que pueda vaciarla nunca porque me siguen impactando otras que se ponen en la cola pero una de las cosas que he aprendido con La puerta del cielo es que más vivir el momento y disfrutar lo que tengamos porque si luego vas y te mueres es mejor irte teniendo el presente muy presente. 

VG: Al final de tu libro expones la interesante teoría de que el “gracias” es la palabra que nos une a las personas, la que nos evita llamar demasiado pronto a la puerta del cielo. Y gracias a ello, tú has conseguido sacar adelante tras siete años de trabajo este libro. ¿Cómo ha sido todo este proceso?

RC: Yo he estado viviendo unos meses en Londres y es curioso que allí, cuando la gente sube al ascensor, no es de buena educación saludar, nadie dice una palabra, el silencio más absoluto. O coges el metro a las seis de la mañana, todo el mundo de pie, y no se oye una mosca, cada uno a lo suyo. Puede que sea un síntoma de buena educación no meterse en la vida de los demás pero cualquiera de nosotros somos unos necesitados, es decir, no es que seamos sociales porque la naturaleza nos haya hecho así sino que la naturaleza nunca hace nada en balde, somos seres sociales porque necesitamos todo de los demás, y al mismo tiempo los demás también dependen de ti. No es una cuestión mercantil, no podríamos vivir sin los demás. De ahí que, como no se trata de ningún intercambio mercantil, dar las gracias al que fuera que ideó un móvil por ejemplo sea completamente necesario. Y además es gratis, parece mentira que siendo algo tan valioso que no tiene precio no lo utilicemos. Con lo fácil que es alegrar la vida al resto dando las gracias. Yo entro en un ascensor en Londres y doy los buenos días, me da igual que me consideren maleducada o lo que sea; y si hay un niño le sonrío. Con un poco de esta dosis estoy convencida de que habría menos suicidios en el mundo.

VG: Por último, tras tus años de experiencia como profesora en la Universidad de Navarra teniendo tanto contacto con jóvenes, ¿cómo ves la nueva generación joven de escritores? ¿Qué les dirías a aquellos que desisten de su sueño al ver que actualmente las editoriales solo apuestan por autores consagrados?

RC: Ahora están todos los medios técnicos al alcance de cualquiera, uno por ejemplo puede autopublicarse. Yo he aprendido con el tiempo que uno tiene que hacer lo que hacen las viudas: escuchar a todo el mundo y hacer lo que les da la gana. Y me parece que es una sabiduría espléndida. Uno tiene que aprender de sus propios errores, y para eso hay que cometerlos. Quizás la primera novela no es la que quisiera escribir o la editorial tampoco es la que quisieras tener pero esto es un camino que hay que seguir, es como una maratón, hay que ir entrenándose. Y a lo mejor la primera maratón es mejor que la última, o al revés, pero creo que siempre hay que apostar por ti mismo, si no crees en ti mismo nadie va a creer en ti. No hay escusa, el que tiene un don, yo estoy convencida de que todos tenemos nuestro don artístico, tiene que explotarlo. 

LIBREGUNTAS:

Libro de papel o electrónico: Papel.

Narrativa o poesía: Narrativa.

Un libro: Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez.

Un poema: Y Dios me hizo mujer, Gioconda Belli.

Un autor: Haruki Murakami.

Un personaje: Cualquiera de Delibes.

Una cita: ...

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JUAN ESLAVA GALÁN


Con la tranquilidad que caracteriza a un Doctor en Letras y Premio Planeta (entre muchos otros premios) en 1987, nos recibía hace unos días Juan Eslava Galán por la presentación de su nueva novela La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos. 

Víctor González: Dicen por ahí que la Historia siempre está escrita por los vencedores para ser leída por los perdedores. ¿Qué te mueve a escribir desde la otra cara de la Historia, la que nunca nadie toca, esa intrahistoria tan de Unamuno, la de, como tú bien dices, la gente corriente que no parece hacer historia?

Juan Eslava Galán: Claro. Siempre enfocamos la historia desde el punto de vista de los reyes, las batallas, lo glamuroso en definitiva. A mí me interesa mucho la gente que la padece, aquellos que padecen las decisiones de los que están arriba: el alemán que padece las decisiones de Hitler o el ruso que de repente se ve invadido y tiene que defender su patria. Yo suelo usar la anécdota, cuando esta es significativa, para explicar las cosas de forma más clara y amena. Por ejemplo, si tengo que decir una de las causas, no la principal, de que los alemanes pierdan la guerra está en su exceso de tecnología. Como tienen muy buenos ingenieros, mejores que los aliados, empiezan a hacer armas que para ellos van a ser decisivas. Muy bien, pero la guerra se va a acabar antes de que tú tengas esas armas dispuestas. ¿Cómo pongo entonces un ejemplo que sea vistoso? Pues cojo el ejemplo del submarino más moderno, que es el U-1206, y que se hunde porque el comandante tira de la cadena del retrete y hay un fallo de válvulas. 

VG: Has dicho en alguna entrevista que para ti la Primera y la Segunda Guerra Mundial son la misma guerra con un interludio entre ellas. ¿Por qué empezó todo? ¿Crees que podría haberse evitado o era algo ya incontrolable?

JE: Realmente es así, es la primera guerra con un descanso. Es muy difícil decir que se pudiera evitar. Todas las guerras se supone que se podrían evitar. En este caso, hay que tener en cuenta que Alemania no existe como tal país hasta mediados del siglo XIX, antes de ello había muchos principados alemanes, treinta y tantos. Mientras que el Reino Unido, Francia o España existen como tales desde el siglo XVI. A estos países les ha dado tiempo de hacerse con imperios coloniales, lugares de donde extraen riqueza, materias primas, etc. Alemania llega, se hace un país técnicamente muy poderoso, pero no tiene imperio colonial. Quiere tenerlo y para eso hace la Primera Guerra Mundial, precisamente para buscar conseguirlo. Le sale mal. En la Segunda Guerra Mundial ya hay dos causas. Por una parte, sigue siendo lo del imperio colonial pero ahora Hitler, en vez de buscar arrebatar los imperios coloniales de los otros países lo que piensa es invadir Rusia y hacer su imperio colonial a costa de la Unión Soviética. Y la segunda causa es que la Primera Guerra Mundial se cerró con el Tratado de Versalles que fue absolutamente abusivo para Alemania y tenían que sacarse esa espina. 

VG: Ya que tenemos delante a un amante empedernido del misterio, nos gustaría que nos intentases resolver esa incógnita que todos tienen en sus cabezas de cómo un hombre de unos 30 años, sin oficio ni beneficio, de origen humilde, pintor fracasado, etc., como Hitler, pudo echarse a toda una nación convencida a sus espaldas. ¿Tanto poder tiene la oratoria?

JE: Bueno, yo creo que fue una combinación. Por una parte, él tenía unas ideas muy simples pero que se adaptaban muy bien a cierta parte más simple del pueblo alemán, la de que nosotros somos los más guapos, la raza aria, estupendos, necesitamos un imperio donde extendernos, etc. Y luego un poderoso aparato propagandístico a su servicio. Nunca lo pensamos pero toda la propaganda política moderna es una invención de Goebbels, sobre todo a través de la radio. La radio se desarrolla en los años 20 y en los 30 ya se preocupa Hitler de que en todos los hogares alemanes haya una radio. Por medio de ella él extiende sus doctrinas y discursos, y eso enfervoriza al pueblo alemán. Y luego también hace, que es lo que intento plasmar en las páginas a color, la ópera alemana. De pronto, todas las banderas alzadas y los uniformes acaban convenciendo a los alemanes. Representan una ópera de su propia grandeza, se ven representados en toda esa parafernalia, en ese teatro que lo rodea. Y todo es fruto de la propaganda de Goebbels. 

VG: En el libro cargas con fuerza contra el pueblo alemán, como responsabilizándolo en cierta manera por el ascenso del fascismo. ¿Fue un fallo que cometieron en su libre decisión de voto o la simple necesidad de cambio lo que les llevó a Hitler?

JE: Es evidente que alguien hizo todas esas barbaridades, y fue el pueblo alemán. Ahora es muy fácil decir que lo hicieron los nazis y separar alemanes de nazis pero en ese momento eran la misma gente, aunque ahora ya nadie quiera ser nazi. No creo que pueda decirse que solo fue la necesidad de cambio. De pronto confiaron en ir detrás de este loco, porque estaba loco, aunque al principio no se viera, y se dejaron arrastrar a su perdición. Allí todo se hacía por el Führer, lo habían deificado. Un poco como lo que está pasando ahora y que vemos tan ridículo en Corea del Norte. Nos parece que el tipo es ridículo, y viendo ahora a Hitler en sus discursos también, pero para los alemanes en su momento él era Dios en la tierra, una especie de Jesucristo.

VG: Pones en el pedestal de personajes sangrientos y crueles a Stalin por encima de Hitler. ¿Qué es lo que mentalmente crees que diferenció a estos dos personajes? 

JE: Mató a más gente. Stalin era más inteligente que Hitler. En cuanto a escrúpulos tenían los mismos, ninguno. Al principio de la guerra intentó manipular a los generales, pero cuando vio que esa manipulación era negativa, se supo mantener al margen y dejó que los generales hicieran su trabajo. Hitler no, desde un principio él interviene y los generales deben estar de acuerdo con él, que no tiene conocimientos militares específicos. Con lo cual, de tener los mejores generales, al no dejarlos operar y estar inmiscuido en su trabajo, lleva a Alemania a la derrota.

VG: Comentas también que existe un documento secreto alemán en el archivo americano donde Franco firmó la entrada de España en la guerra a favor de Alemania cuando el país estuviera un poco más recuperado de la Guerra Civil. ¿Tenemos que dar gracias a Inglaterra o a Rusia por haber distraído finalmente a Alemania de su voluntad de dominar Gibraltar?

JE: Bueno, es complejo. En última instancia Franco debe el haber sobrevivido en la Segunda Guerra Mundial a Churchill, porque en las reuniones de Potsdam, las actas están en el libro, se dice: ahora que nos hemos cargado a Hitler le toca a Franco. Y es Churchill el que dice que a Franco no le toca. ¿Por qué? Churchill, que es muy listo, ha visto que viene la Guerra Fría y le interesa que haya aquí un anticomunista, aunque sea un dictador. Si llegamos a entrar en guerra, por supuesto que cae Franco. 

VG: ¿Cómo se documenta alguien que busca esos hechos peculiares y tan escondidos en la Historia?

JE: Yo no lo he tenido muy difícil, la verdad. Llevo desde que soy adolescente leyendo libros sobre las Guerras Mundiales y sobre la Guerra de España. Tengo una buena biblioteca con muchos libros llenos de anotaciones, más la memoria. Además, cada año hago un viaje a campos de batalla de esas guerras o de las guerras napoleónicas y a museos militares. Muchas de las fotos que aparecen en el libro son hechas por mí. Por tanto, la documentación ya la tenía, no he tenido que buscar mucho. Sobre las anécdotas, lo penoso es que he tenido que dejar muchas fuera por la extensión, pero te puedo asegurar que hay muchas más y muy simpáticas.

VG: Te hemos leído decir que para ti la lectura y la escritura nos permiten ensanchar la vida, porque alargarla no podemos; y que, junto con la música, la amistad y el amor, constituyen las formas de relativa felicidad. Tras tus años de experiencia, ¿crees realmente que el escritor escribe para conseguir esa felicidad o que es únicamente por la satisfacción de intentar atrapar algo inalcanzable?

JE: La felicidad siempre es relativa, claro. Siempre intentamos. Tenemos momentos de felicidad, no somos felices. A mí personalmente me hace feliz sobre todo leer, y luego secundariamente escribir. Hago lo que sé hacer y lo que me gusta, sencillamente. 

VG: Conocemos del componente crítico y humorístico que tienen tus obras históricas y por ello nos gustaría saber cuál es tu objetivo al narrar esos hechos desde una perspectiva tan peculiar como es la sátira. 

JE: A mí me ha pasado una cosa, yo nunca he tenido claro a lo largo de mi vida si mi vocación era de novelista o de escritor. Ahora lo que hago es que, cuando escribo un ensayo histórico, uso mis recursos como novelista y eso hace que sea muy riguroso por una parte como historiador pero por otra el novelista acerca mucho más el material al lector.

VG: ¿Qué piensa alguien con un humor tan satírico como tú sobre el terrible suceso que tuvo lugar en la redacción de la revista francesa Charlie Hebdo?

JE: Me parece que es un tema que tenemos que solventar en Occidente. Nos horroriza que de pronto el terrorismo ocurra en nuestra vecindad. Para evitar ese tipo de terrorismo no tenemos más remedio que ceder libertades. Es decir, en Occidente hemos conseguido con las democracias la libertad: libertad de prensa, tú te mueves y no te piden el carné, la policía no va a tu casa ni te vigila, etc. Entonces, para poder seguir la pista de los terroristas hace falta restringir la libertad de todos. Tenemos que dar libertad a cambio de seguridad. Ese es el gran desafío de Occidente: ¿libertad o seguridad? Si quieres mucha libertad tendrás menos seguridad y si quieres mucha seguridad tendrás menos libertad.

VG: Muchos se fascinan delante de tu figura de escritor por ser capaz de escribir tanto en tan poco tiempo. ¿Cuál es el secreto?

JE: El secreto es bastante simple. Yo trabajo ocho horas diarias, como el que está en un banco  o en una oficina. En ellas leo y escribo. Hagamos la cuenta: si una persona escribe tres páginas diarias, que no es romperse la columna vertebral, te salen dos libros al año. Es decir, habría que preguntar a los que hacen un libro cada cinco años cuánto escriben al día o cada cuántos días escriben un folio. 

VG: Dicen que lo que te impulsó en tu carrera editorial fue ganar el Premio Planeta en 1987. ¿Qué opinión merecen, a alguien que ha sido y es respaldado por una gran editorial como Planeta, las editoriales de nuestro país?

JE: Hombre, es un país donde no hay mucho amor por la lectura, por tanto me parecen empresas heroicas. Y luego, efectivamente, lo que es inaceptable es que habiendo tan buenos escritores como hay, yo lo sé porque soy jurado de dos premios y leo a desconocidos, no se les publique porque nadie los conoce. Y entonces nadie los lee. Es una pescadilla que se muerde la cola. ¿Cómo vas a conseguir así que te conozcan? En mi caso fue gracias al Premio Planeta, el cual me proyectó a una serie de lectores que después se han mantenido fieles. Pero eso es lo penoso de esta profesión, ver cómo romper ese hielo del principio. 

VG: Con tantas palabras que debes guardar en tu cabeza por todos los libros leídos y con los años de experiencia que atestiguas, ¿cuál crees que es el futuro de la Literatura? ¿Qué se debe hacer para provocar su resurgimiento?

JE: Yo no veo un futuro malo para la Literatura. A mí me parece que se está escribiendo mejor que nunca. Lo que ocurre es que tendremos que adaptarnos a nuevas formas de comunicación. El libro en papel no va a desaparecer obviamente, pero habrá que decantarse por otro tipo de formas. Hay que adaptarse al futuro.

LIBREGUNTAS:

Libro de papel o electrónico: Papel. 

Narrativa o poesía: Narrativa.

Un libro: Hombres buenos, de Pérez-Reverte.

Un poema: If, de Rudyard Kipling.

Un autor: Arturo Pérez-Reverte.

Un personaje: La Celestina.

Una cita: una de la sabiduría popular y que se puede aplicar muy bien a los políticos: “el que a sí mismo se capa, buenos cojones se deja”.

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