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CANCIÓN - EDUARDO HALFON

Hay nuevo libro de Eduardo Halfon y eso ya de por sí es una celebración, por lo menos para el que esto escribe. Un nuevo libro o, quizá, podríamos decir mejor un nuevo fascículo en el gran libro que parece que esté escribiendo Halfon. Este nuevo fascículo se titula Canción y lo publica Libros del Asteroide. 

Canción girará en torno a la figura del abuelo de Halfon. ¿Es el mismo abuelo de El boxeador polaco? Ni lo sé ni me importa. Porque, ¿es el mismo Halfon el de uno y otro libro? O mejor todavía, ¿es Halfon quien nos lo cuenta? Pues eso. 

Como si fuéramos el narrador vilamatiano de Aire de Dylan y quisiéramos escuchar al joven Vilnius, aquí Halfon, o alguien muy parecido a Halfon, se erige como conferenciante en una ya de por sí más que extraña situación: ha llegado a Japón invitado como escritor libanés, lo cual no es, pero parece que sabe, o sabrá, serlo. Ahí estamos, al lado de ese no pero sí escritor libanés que se ayuda de ese hecho fortuito (o no tanto) para mascar el chicle del recuerdo, para activar el engranaje de la memoria. Y es ahí donde empezará todo. 

Porque en Canción sabremos la historia de su familia, su infancia y la infancia de sus padres y sus abuelos. Los exilios, las guerras, las huidas, las nuevas vidas en nuevos países. La riqueza, la pobreza, las amenazas, el secuestro de su abuelo. Y conoceremos a Canción, el gran secuestrador, miembro de las Fuerzas Armadas Rebeldes de Guatemala. 

A partir de la historia del abuelo iremos desgranando el pasado de un país, Guatemala, con sus claros y sobre todo sus oscuros, sus deudas, sus peros. Todo visto desde los ojos de un narrador que en ciertos momentos (quizá siempre) se sabe poco fiable, pero siempre genial. Es probable que en el mismo rato que lo empieces, un poco más tarde, lo acabes. Eso es Halfon. 

Al estilo de la metagenealogía de Jodorowsky, aquí Halfon se fija en sus antepasados para crear una historia, quizá inventada, quizá parcheada, pero suya. Inventar una historia para así, por lo menos, tener una. Dando saltos en tiempo y espacio, vamos encontrándonos con personajes, lugares, épocas y situaciones que al fin y al cabo crearán y configurarán al narrador y, por qué no decirlo, a nosotros, los lectores.

Es cierto lo que se puede leer por el final del libro cuando se dice aquello de «lo mismo hacía Halfon cuando escribía, que todas sus historias parecían extraviarse y no llegar a ninguna parte». Pues si la literatura tiene que ser esto, que nunca encuentre su lugar, que nunca llegue a su destino. Qué gran viaje es siempre un viaje con Halfon. 

Víctor González 


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TODO EN VANO - WALTER KEMPOWSKI

¿Es posible explicar una historia de forma objetiva? Se puede intentar, pero posiblemente siempre habrá un deje que muestre nuestra opinión o se enfoque, aunque sea ligeramente, desde nuestra perspectiva; y esto cuando tratamos de explicar algo de forma objetiva, si ni tan siquiera se está tratando de hacerlo, una historia puede llegar a ser una mera opinión, una interpretación deformada de la realidad. Porque siempre que se explica algo, lo explica alguien, y ese alguien inevitablemente está contaminado por su ideología, sus prejuicios y sus vivencias, tanto para bien como para mal. Es por ello que en muchos casos lo relevante no es lo que se cuenta, si no quién lo cuenta y el cómo. Y esto es lo que sucede en Todo en vano. Todos hemos leído libros y hemos visto películas estadounidenses sobre la Segunda Guerra Mundial, casi siempre desde una misma perspectiva (y con una clara finalidad), sin embargo, en esta novela, los narradores van variando y vemos desde distintos puntos de vista la forma en que se vive la guerra sin estar en el campo de batalla, nos la explican esas personas que, sin estar en la guerra en el sentido estricto, sufren sus consecuencias.

Toda la novela transcurre durante el periodo final de la Segunda Guerra Mundial en una casa de campo en la Prusia Oriental, en la que vive Katharina y su hijo, mientras el marido, que es oficial especialista del ejército alemán se encuentra en Italia. Conviven con la tiíta y dos mujeres que sirven en la casa, y reciben de forma continua visitas de desconocidos que pasan alguna noche en la casa para protegerse del frío y seguir con el camino al día siguiente, y que son muy distintos, con diferentes vivencias y experiencias y, por lo tanto, distintas formas de ver la situación por la que estaban pasando en aquel momento.

La riqueza de este libro se halla en la diversidad de puntos de vista sobre distintos aspectos de la vida en general, y de la guerra y el fascismo en particular, y de la forma en que se “humaniza” este hecho histórico.

Por lo tanto, esta novela es un ejemplo más de la subjetividad a la hora de mostrar la historia y la dificultad, tanto para bien como para mal, de que haya una verdad universal sobre unos hechos, lo que nos lleva a distintas verdades y distintas realidades.

Es un libro muy interesante que nos muestra personajes redondos y muy completos que nos muestran su interior para entender mejor su exterior, una lectura calmada, y que sin duda alguna recomiendo para este verano. 

Laia Vaquerizo
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RIALTO, 11 - BELÉN RUBIANO

Una cosa que creo incontrolable para todos aquellos que nos consideramos lectores compulsivos es el hecho de meter nuestra lectura de ese momento en cualquier conversación. Es como si fueras durante aquellos días acompañado de alguien y no pudieras evitar que, hables con quien hables, esa persona (en este caso, ese libro) intervenga. La gente que me conoce creo que mide la intensidad con la que me está pegando/me ha pegado un libro según la cantidad de veces que hablo de él mientras conversamos. ¿Y por qué no he contado esto en alguna de las otras reseñas que he publicado este año? Pues porque con este ha sido con el primer libro de 2019 (llevo leídos unos 20) con el que alguien me ha parado y me ha dicho: «eh, por fin un libro que te gusta». Y sí, es verdad (aunque también lo es que hay algunos otros que me gustaron y nadie me dijo nada). Estoy hablando de Rialto, 11, de Belén Rubiano, publicado por Libros del Asteroide.

Supe de la existencia de Belén por Instagram, esa red social donde sigues a lo que te gustaría ser. A mí me gusta hablar de libros, por eso sigo a personas que lo saben hacer bien. Y una de ellas es, sin duda, Belén Rubiano (@belenrubiano en Instagram). Pregunté por la posibilidad de reseñarlo en otro de los medios donde escribo, el más grande, y me dijeron que alguien ya lo había escogido. Ahí supe, si no lo sabía ya, que Belén tiraba, y tira. Fue entonces cuando decidí, siempre con la inestimable colaboración de Libros del Asteroide, hablar de él aquí, con la esperanza de que alguien lo lea y, no sé, quizá conseguir alguna compra más del libro. Para eso estamos.

Si una de las cosas que más me gustan de las publicaciones de Belén es esa forma de conectar con su seguidor (sin conocerlo) a través del contenido cuidado y la forma tan llana como única, en el libro esto no cambia. Si te adentras en él, serás un payo más. En Rialto, 11, Belén nos cuenta su experiencia desde que empezó como librera en una creciente cadena sevillana hasta llegar a dirigir su propia librería: la librería Rialto. Nos habla del trabajo de buscar el lugar idóneo, de las cosas de las que hay que estar pendiente siempre teniendo claro que a quien hospedarás en tu local es a libros, sus “novatas” formas de negociación, la logística empleada por alguien que se inicia en el mundo de la dirección de una empresa, etc. Un sinfín de anécdotas que echarán para atrás (o animarán todavía más) a todo aquel que haya pensado alguna vez abrir una librería, o un negocio cualquiera. 

Con ese estilo tan característico que hace que te conviertas en uno más de esos amigos que suelen visitarla diariamente en la librería para hablar de temas de todo tipo, Rialto, 11 tiene una cosa extraña, y es que convierte en realidad esa manida metáfora del libro como puerta a otros mundos. Porque parece realmente (no os miento) que al abrirlo abras también la puerta de la ya desaparecida librería Rialto. Y encuentres allí a Belén, quizá poniendo en su ya mítica pizarra un verso o aforismo que le haya llamado la atención y quiera que llame la de los paseantes, quizá tratando a uno de esos locos que nunca fueron clientes o respondiendo preguntas de niños que tienen al día siguiente examen de literatura y no quieren leerse el libro que les han impuesto. Lo que sí es seguro es que a partir del recuerdo de Belén Rubiano irás tú comparando el tuyo con el de ella, pensando en qué hiciste con tus sueños, en qué fallaste al intentar cumplirlos (porque todos fallamos hasta que acertamos), en qué ya polvoriento baúl guardaste lo que algún día quisiste ser.

Dice Rubiano en algún punto del libro que «entendía que Dios me necesitara para entretenerse», y estoy seguro de que muchos hemos pensado eso en más de una ocasión, pero la suerte está en entenderlo, en saberse marioneta, en lanzarse al juego sin mirar y sin notar los hilos que te conectan, mantienen y sujetan. Hasta pensar que no existen. Eso le pasa a Belén y lo cuenta de manera magistral.

Anécdotas de todo tipo se recogen en este libro, desde el loco que entra preguntando algo aleatorio y acaba amenazándola con un cuchillo de cocina hasta el día que Vila-Matas se encontró con alguno de sus otros yo en la pizarra de aquella librería sevillana; desde la amenaza del virus Casa del Libro hasta la conversación fortuita con Carmen Balcells. Y muchísimas cosas más que harán reír a la vez que reflexionar (qué mejor manera de reflexionar que riendo) por qué demonios tú no has sido capaz de ser así: valiente. Y todo contado desde la confianza del haber hecho bien, que te da la oportunidad de ver tus errores y, lo más importante, de poder decirlos. Belén incluso te los pone por puntos, para que queden bien claros. Porque es este Rialto, 11, entre todas las otras cosas, un compendio de reflexiones, un poner en orden lo que un día se hizo y se fue, un quedar en paz con el pasado propio. Lo dice de forma muy clara una pequeña frase del libro: «Pero fui feliz en Rialto». 

Ser feliz junto a un pero: la vida. Y la vida contada por Belén Rubiano merece la pena ser leída. Porque ya os digo que la cuenta mucho mejor que nos la contamos nosotros mismos. Y la verdad, no va nada mal escuchar un poco a los demás. Hacedme caso.

Víctor González

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LAS POSESIONES - LLUCIA RAMIS

Mientras leía este libro pensaba en algo que vi hace unos días: tenía puesto en la televisión un conocido programa sobre libros en el que entrevistaban a Antonio Muñoz Molina por la publicación de su último libro. El presentador, también director del programa, le decía al autor algo así como que el personaje principal de su obra, también narrador, se parecía mucho a él, a lo que Muñoz Molina respondía: «no es que se parezca, es que soy yo». Y se reían. Y claro, cómo no pensar eso con esta novela de la que hablo hoy, si la vida de la protagonista, también narradora, casi podría calcarse a la de Llucia Ramis. Lo que pasa aquí es que llegas a ciertas páginas, para ser más exactos y para dar un ejemplo a la página 153 y lees: «No me leías a mí, sino lo que había escrito, que no es lo mismo. Leerme a mí es más difícil, ni siquiera yo estoy segura de poder hacerlo». ¿Quién es Llucia Ramis? ¿De verdad existe?

En Las posesiones, novela galardonada con el Premi Llibres Anagrama y que ahora publica en español Libros del Asteroide, nos encontramos con alguien – ya digo – muy parecido a Llucia Ramis, que se decide a contar cierta parte de su vida. Y no una parte cualquiera sino que, como es de esperar, una que pide ser volcada en palabras para poder ser entendida, cerrada. Una parte importante, vital.

Las posesiones es una historia o trama familiar narrada desde una única voz y una voz única, de ahí la grandeza. Fragmentaria en frecuentes ocasiones, al estilo del proceso de recordar, en esta obra Llucia Ramis consigue hilvanar el despojo vital de su personaje, el vómito de una herida abierta en forma de palabras. Esta novela es algo así como un aviso, un resguardo, una exposición de cicatrices futuras. Y para ello, se recurrirá al recuerdo. ¿Cuán nítidos son los recuerdos? Ese caminar por la neblina de la memoria es una de las claves de la novela. El padre, la madre, el amor y su correspondiente desamor, la soledad, el enroque, la recuperación, la vida en general, son otros de los muchos temas que se tocan en el recorte de una larga historia (¿eterna?) que ocupa poco más de 250 páginas.

La memoria, como digo, es una niebla que pide ser transitada para que puedas entender la vida, y en ese caminar es habitual encontrar fantasmas que te conocen bien y saben cuál es el momento más oportuno para aparecer, como le ocurre a la protagonista de Las posesiones. Y recordar, el proceso de recurrir a la memoria para construir las ruinas del pasado, es algo a lo que se ve abocado quien crece. Se puede leer en la novela la idea de que madurar, crecer, implica pérdida, implica la aceptación de esa pérdida, la aceptación de que «también somos lo que perdimos. O quizá somos sobre todo eso».

Toda esta inhibición por parte de un personaje que ve que la vida no le encaja, como si tuviera unas gafas de otra graduación mientras intenta ver la realidad, y que se encuentra con dramas familiares – suicidios, asesinatos, locura, depresión, ruina – y dramas vitales – rupturas, soledad, el fin del periodismo que tanto ama – que solo hacen que aumenten las revoluciones que marcan el ritmo y la velocidad de su mente.

Eso, una mente en movimiento, es lo que en base ofrece Las posesiones. Una delicia de cabeza. ¿Esta vez sí la de Llucia Ramis?

Víctor González
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DE NOCHE, BAJO EL PUENTE DE PIEDRA - LEO PERUTZ

Leo Perutz, nacido en Praga en 1882, nos deleita con esta recopilación de cuentos sobre Praga en el siglo XVI y principios del XVII, donde reinaba el excéntrico emperador Rodolfo II. Se ha publicado recientemente por la editorial Libros del Asteroide, con una magnífica traducción de Cristina García Ohrlich del alemán — creedme, he estudiado filología alemana, sé cuán difícil es traducir un libro del alemán y he leído muy, muy malas traducciones -.

Al empezar a leer este libro, mis sentimientos fueron agridulces. Por una parte, me cautivó, como explicaré más adelante, la prosa de estos relatos; por otra parte, me molestaron dos cosas: que se tratase, otra vez, de historias de judíos (por mis estudios, he tratado un montón de veces todo lo relacionado con los judíos, me sé su historia de pe a pa), y tener que buscar el nombre por Google y darme cuenta que Leo Perutz es uno de los escritores más influyentes de la literatura en lengua alemana y que yo no tenía ni idea porque mis cuatro años de filología alemana no lo han considerado merecedor de nombrarlo (pero esto es otro tema).

Entonces, antes de empezar, debo pedir perdón: lo siento, Perutz, por haber pensado que tus historias eran otras historias de judíos. No lo son. Es un tema largo de explicar, necesitaría muchas páginas, pero sólo diré: si sois como yo, que creéis que sabéis mucho de ello pues habéis estudiado muchas veces la historia de los judíos, estás equivocados, pues no sabéis nada. Muchas veces en nuestros estudios leemos solamente sobre una época de los judíos, y normalmente, son siempre estereotipos, arquetipos que ayudan a construir una historia melodramática y poco creíble (como El niño con el pijama de rayas). A veces me parece que la historia de los judíos ha sido instrumentalizada por muchos para hacer un bestseller. Pero Perutz es judío, y sus personajes son judíos y podemos ver cómo vivían, qué hacían. La religión siempre está presente, característica que encuentro muy interesante, aunque no sé casi nada de religión (ni cristiana, ni musulmana, ni judía, ni budista…). Por tanto, lo siento, Perutz, por haberte prejuzgado.

Y es que lo mejor de los relatos de este libro son, precisamente, sus personajes, de todas clases sociales: tenemos relatos desde emperador, otros de sus mayordomos, del mítico rabino Löw, a Mordejai Meisl (el judío más rico de Praga, o del mundo) o músicos de la calle. Y lo bonito de Perutz es que nos recuerda que, no importa nuestra religión o condición social, todos somos ciudadanos del mundo y todos podemos sufrir igual. Todos estos personajes que se confieren en la recopilación son carismáticos y humanos: no tienen solamente una cara, y a menudo la miseria, la ambición y los pecados los tiñen y, sin embargo, empatizamos con ellos. ¡Qué difícil se me hace aceptar que he llegado a entender a un emperador ambicioso y malcriado! Pero es así. Y es que la magia de Perutz es escribir historias que suceden en una época tan lejana que de normal no podríamos entender, y hacer que luzcan cuentos atemporales y de problemática eterna.

La prosa es sencilla, infalible, sin grandes palabras ni frases larguísimas, como alguno de sus contemporáneos alemanes. Y claro, no falla en transmitir lo que quiere transmitir, porque la belleza de sus cuentos no está en su forma, sino en el contenido, ligeramente simbolista y mucho más profundo de lo que parece en la primera lectura. A medida que ésta avanza, el lector se va dando cuenta que no son precisamente relatos independientes: todos los personajes se repiten, Perutz confiere una historia de historias. Una historia dentro de historias, y de hecho, también dentro de su propia historia, pues el narrador escucha atentamente el relato de un estudiante de medicina, que es quién le explica todos los relatos que lee el lector. En cierto modo, encuentro que tiene reminiscencias de Las mil y una nochesy así pues, Perutz se lleva el mérito de haber creado un mundo, un universo, sin que se note el artefacto del artista.

Leer estos cuentos ha significado sumergirme en ellos completamente, olvidarme un poco del mundo que me rodea, sentir que todo lo que explica es verdad, que no verosímil, como me sugieren otras obras. Y eso, señores y señoras, es el sentimiento que tengo cuando leo buena literatura.

Andrea Rovira.
@andreaishere

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UN AMOR QUE DESTRUYE CIUDADES - EILEEN CHANG

Cada vez que me he acercado a un libro publicado por Libros del Asteroide me he adentrado en una obra preciosa, especial; distinta a cualquier narrativa que puedes leer de manera habitual. La editorial te acerca a obras de literatura de otros países, Inglaterra, Estados Unidos o China como en este caso. Son textos traducidos muchas de las veces por primera vez al castellano, que forman parte de la obra más representativa de autores con éxito. Lo que me hace pensar cuántos buenos libros habrá por el mundo y no llegarán a nuestras manos. Qué suerte tengo de poder descubrir esta literatura, la que te enriquece el alma.

Un amor que destruye ciudades te lleva a la China de los años cuarenta. A una sociedad tradicional, a una familia formada por la madre, los hijos con sus mujeres, las cuñadas, la hija menor y por Liusu, joven y bonita, pero divorciada de su marido. Tiene que sufrir las humillaciones y el desprecio de su familia por haber vuelto al hogar, por haberse separado. El honor y la reputación por encima de la familia, a pesar de las vejaciones y el maltrato de su marido.

Todo cambia en el momento en que la señora Xu media para presentar a un joven rico, Fan Liuyuan, a la hermana menor para arreglar un matrimonio. Decide ayudar a buscar otro marido para Liusu, pero todo se tuerce y quienes acaban enamorados son Liusu y Liuyuan.

Es difícil mantener una historia de amor bajo las presiones familiares, y bajo toda la opresión social. De lo que debo representar en público y lo que de verdad siento. Por ello deciden irse de Shanghai e instalarse en Hong Kong, ciudad más abierta y cosmopolita. Vemos la dureza de romper con las normas y con la educación recibida, y las dudas de si el amor de Liuyuan es verdadero o sólo responde al deseo de que se convierta en su concubina. Y entre medias de este amor, una guerra.

La caída de Hong Kong le había permitido salir victoriosa. Pero en un mundo ilógico, ¿quién podía decir cuál era la causa y cuál el efecto? ¿Para que ella pudiera realizarse, una gran ciudad había tenido que caer?

Interesante ver a través de los pensamientos de Liusu cómo se vive en otras culturas. Cómo cambian las maneras de comportarse según las normas sociales, cómo no sólo te condiciona la gente, tu familia, sino tú misma. Las dudas, los pequeños actos de coraje.

«En tiempos de zozobra, nada era fiable: el dinero, las propiedades, nada de lo que parecía tener que durar para siempre. Lo único fiable era su respiración; también el hombre que dormía a su lado. De pronto, se acercó a él y lo abrazó a través del edredón. Él sacó una mano por debajo y cogió la suya. Se miraron y se vieron con meridiana lucidez. Fue un breve instante de comprensión absoluta, pero suficiente para que vivieran juntos en armonía durante años».

En el libro también nos encontramos con un breve relato: Bloqueados, bellísimo texto en el que se refleja aún más claro lo que venimos contando sobre normas, reputación. Vemos cómo el amor puede surgir en cualquier esquina, pero qué diferentes actuaríamos unos y otros. Cómo actúan nuestros personajes encorsetados en normas morales, si tienen el valor o no a romperlas.

Eileen Chang 1920-1995, Shanghai. Vivió buen aparte de su infancia y juventud entre Shanghai y Hong Kong, para en 1955 irse a vivir a EEUU tras la llegada al poder del partido comunista a China. Autora de diferentes cuentos, libros narrativa y guiones para películas en Hong Kong, aunque gozaba de cierta popularidad su éxito se vio aumentado a partir de la apertura del régimen comunista en los años 90, convirtiéndose en una de las grandes escritoras chinas del siglo XX.

En sus obras podemos ver los sentimientos y relaciones de pareja de una clase media aburguesada, dónde los roles y valores tradicionales están cambiando.

Entre sus libros: La jaula dorada 1943; La rosa roja y la rosa blanca, 1945, Un amor que destruye ciudades, 1947; y Deseo, peligro, 1975, llevada al cine por Ang Lee en 2007.

Ángeles Martín.
@Angelesmmartin



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QUÉ PEQUEÑO ES EL MUNDO - MARTIN SUTER

Al leer la sinopsis de la contraportada, pensé que el argumento giraría entorno a los secretos de los Koch (una familia rica y con empresas prósperas de Suiza) y por los intentos que harían para evitar que la demencia que padece Konrad Lang acabe por echar al garete y poner en peligro el emporio familiar. Pero para mí, el tema principal es la vida de Konrad, y cómo la enfermedad que pronto diagnostican como alzhéimer, afecta al propio Koni. Recordamos con él su vida, cómo va teniendo pequeños despistes cotidianos que no tendrían mayor importancia, cómo ha vivido siempre a la sombra de Thomas Koch, el heredero de las empresas. Toda su vida ha dependido siempre de los caprichos, deseos, extravagancias de Tomi, y así Konrad estudió en los mejores internados porque Thomas lo hizo, viajó a lugares paradisíacos porque Thomas se le antojó después de sus rupturas amorosas, esquió en los Alpes, aprendió a tocar el piano, clases de equitación… cualquier cosa porque Thomas las hacía y siempre quería que Koni le acompañase, sean cuales fueran los planes de Konrad. Y así siempre ha vivido a costa de los Koch y nunca su vida. Y ahora lucha contra la enfermedad y por ocultar esos pequeños despistes, justo cuando empezaba a dirigir su propia vida. Despistes como el que provocó que se quemara la mansión de los Koch que él era el encargado de cuidar en Grecia.

Hubiese sido el momento perfecto para que la matriarca Elvira, se desentendiera de él, pero por un inexplicable motivo no lo hace y le proporciona una apartamento, una paga semanal y cuenta libre en el restaurante del Gran d Hotel des Alpes. Y es allí donde parece que por fin llevará una vida feliz, ya que se enamora de Rosemarie. Ésta nueva relación le da fuerzas para abandonar dos cosas: el alcohol y a los Koch.

Pronto aparecen los síntomas del alzhéimer, como no saber por dónde se vuelve a casa estando a sólo cien metros, dejar la cartera en la nevera, traer dos veces los alimentos necesarios para hacer una fondue. Al principio consigue salir airoso, debido a su buena educación y a su gracia pero el deterioro avanza rápido y Rosemerie no tiene más remedio que ingresarlo en una clínica.

La preocupación de Elvira se incrementa al enterarse que los recuerdos que tiene Konrad cada vez son de más temprana edad, imposibles de recordar para cualquier otra persona; consigue hacer que la joven mujer de su nieto se implique para saber hasta dónde llegan los recuerdos, porque pondrían en peligro a la familia Koch. Pero Simone, se implica demasiado, ya que establece una especial afinidad y empatía con el enfermo, y consigue que le administren un fármaco experimental que podría ayudar no a mejorar el alzhéimer, pero sí por lo menos a que no avance.

Es interesante la perspectiva que nos da desde el propio enfermo, su vida, sus sentimientos de confusión, miedo, recuerdos de la infancia, de momentos felices, de otros que le tenían atemorizado. Cómo nos comportamos el resto de personas que rodea al enfermo con angustia y dolor, sin pensar que ellos puede que no lo vivan tan triste.

La novela nos cuenta una historia de amor, de vida y enfermedad, desde un punto de vista real, tierno, triste en muchos momentos, pero de gran cariño por otros; y a la vez mantiene la intriga en los secretos familiares que a toda costa quiere evitar que se descubran Elvira, la única que sabe de ellos, a excepción de la memoria de Konrad. Bien documentada, muy bien narrada, sin nada de retórica y excesos de descripción, consigue tener tu atención en cada una de las páginas.

« - Esa no es vida.

El médico reflexionó unos instantes.

- Pues no lo sé. Tal vez solo nos lo parezca así a nosotros. Es posible que viva en un mundo del que no tenemos ni idea. Quizá incluso esa vida sea más auténtica.»

Martin Suter nace en Zúrich en 1948 es escritor, guionista y columnista. En 1991 decidió dedicarse por completo a la literatura. Ha publicado varias novelas como Qué pequeño es el mundo (1997), La cara oculta de la Luna (2000), Lila, Lila (2004), El diablo de Milán (2008), El cocinero (2010) y Montecristo (2015).

Vive a caballo entre Suiza, Guatemala e Ibiza. Algunas de sus obras han sido llevadas al cine como Lila,Lila.

Ángles Martín.
@Angelesmmartin

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EL HERMANO DEL FAMOSO JACK - BÁRBARA TRAPIDO

Está considerada una de las mejores obras de novelas de formación de la segunda mitad del siglo XX. Es decir, la temática de esta novela es la evolución y el desarrollo físico, moral, psicológico y social de un personaje, generalmente desde su infancia hasta la madurez.

Narrada en primera persona, es la propia Katherine la que nos cuenta su paso de niña a mujer, haciendo un acto de autoanálisis quince años después. Dada su brillante e ingeniosa inteligencia, consigue entrar en la universidad en Londres, tras una extraña entrevista con un profesor de filosofía, Jacob Goldman. A partir de aquí entabla amistad con toda la familia del profesor, a quienes llega de manera casual en el que sería su primer fin de semana de descubrimiento sexual con John Millet, un hombre de mediana edad y con libertad y mente abierta para lo que a sexo se refiere. Conocemos a cada miembro de la familia, y la relación de Kath con cada uno de ellos, y cómo marcarán estas relaciones su vida para siempre. Veremos cómo sufrirá por su primer amor, y la veremos huir lejos para intentar olvidarle. Caerá en las manos de muchos hombres, tendrá que defenderse sola ante la vida y regresará a Londres después de un traumático hecho. Vuelve adulta, sabiendo lo que es el dolor y un poco más espabilada que cuando se fue. Volverá por un espacio corto de tiempo con su madre, con quien redescubre una nueva visión de ella sin tantos prejuicios, hecho que sin duda es debido a su madurez y a que a partir de los 30 ves a tus padres no como enemigos sino como personas que lo han dado todo por ti, y que te profesan un amor y un apoyo incondicional. Y termina volviendo al origen, a los Goldman, y a los últimos años que nos cuenta la historia: la de su relación estable y serena con el último hombre de su vida.

La lectura de este libro me ha resultado un poco complicada. Me ha costado coger ritmo y no es que la historia no te enganche sino que el lenguaje es demasiado elaborado. Muchas referencias a escritores, novelas, filósofos para mí la mayoría desconocidos, y me hubiese gustado alguna nota más a pie de página que lo explicase. Pero esta dificultad se supera a medida que avanzas en el libro. Tiene tres fases diferenciadas: la de Katherine en sus primeros años universitarios en Londres; la segunda, cuando se marcha a vivir a Italia y una tercera de regreso a Inglaterra. Y no solo se diferencian geográficamente sino también por las etapas de vida: más adolescente, la segunda etapa más de juventud y una tercera adulta. Y también marcadas por sus relaciones amorosas. Roger, un italiano fascista y Jonathan.

Es curioso darse cuenta que si tu también haces una visión de la vida que has llevado hasta ahora también puedes ver etapas claramente diferenciadas. Habla de nuestro primer amor, el primero de verdad. Nuestras primeras relaciones sexuales, las primeras desilusiones. El paso de la adolescencia a la juventud. Y puede que para alguno también estén marcadas por ubicación geográfica, o por amores (o ambas).

Al estar desarrollado en la década de los setenta en Londres, ves reflejado la modernidad y avance que ha tenido siempre Londres con respecto al resto de Europa. El hecho de llegar a Italia con una minifalda rosa, a día de hoy no significaría ningún problema, pero en esos años, sería un claro signo de modernidad excesiva y seguramente sería tachada de fresca e indecente. También ves pinceladas de un primer movimiento feminista, de ideas de compartir las tareas domésticas y cuidados de hijos, de desarrollo profesional de la mujer. Interesante también la visión de la maternidad.

También ves una clara diferenciación en el lenguaje en las diferentes etapas que vive Katherine. Más ágil, irónica, con diálogos rápidos y para mí demasiado cultos, pero que definen a los personajes, mientras vive con la familia Goldman. Más relajado, más descriptivo, más personal y más por así decirlo, fácil de entender. Y en la última, donde retoma el contacto con los Goldman y donde retoma la agudeza e ingenio pero sin resultar tan incomprensible, y siendo más adulta sin tener que aparentar nada. Siendo como se es.

«Katherine - dijo-, ¿qué utilidad va a tener tu filosofía sin matemáticas? Serás como un arquitecto sin ningún conocimiento de ingeniería. Estoy seguro de que ese padre mío, ese payaso superficial, seguirá enseñándote sin nada de matemáticas.

Yo no me había parado a pensar en mi utilidad. Para lo único que me veía útil era para complacer a Roger. Poco a poco había empezado a darme cuenta de que los estudiantes varones eran diferentes. Pensaban en carreras y becas de investigación, mientras yo pensaba en cultivar una gama de logros que obsequiar a un marido de sobresaliente».


Bárbara Trapido, nace en 1941 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, cursó estudios de literatura inglesa en la Universidad de Natal en Durban. A causa de la escalada de la represión y el apartheid en Sudáfrica, decidió mudarse a Reino Unido. Tras unos años dando clases, Bárbara Trapido se decantó por la escritura a partir de 1970. Es autora de siete novelas:

Sex and Stravinsky (2010), Frankie and Stankie (2003), The Travelling Hornplayer (1998), Juggling (1994), Temples of Delight (1990), Noah's Ark (1984), Brother of the More Famous Jack (1982) (en 1982 ganó un premio especial de ficción en el Whitbread Prize actualmente denominado Costa Book Awards). En la actualidad vive en Oxford.

Ángeles Martín.

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DEPARTAMENTO DE ESPECULACIONES - JENNY OFFILL

Enseguida que comienzas a leer Departamento de Especulaciones, sabes que no se va a pareceR a ningún libro que hayas leído jamás y que seguramente no vayas a olvidar. De esos libros que quedan en la mente, de los que te dejan un buen sabor de boca.

La estructura está basada en sesgos, en momentos de la vida, en párrafos sin aparente conexión, ideas dispersas en las que según avanza la lectura lo ilógico se vuelve lógico y la anormal forma de narración se convierte en belleza y claridad. Es difícil resumir el argumento sin desvelar algo de lo que pasa, no tiene una estructura típica o convencional, y es precisamente esto, una manera tan diferente de narrar, tan íntima y personal, lo que te engancha y te enamora de la obra. En un momento de crisis y dificultades en una pareja, la esposa hace memoria y trata de reflexionar sobre lo que ha pasado, por qué ha pasado, o simplemente recuerda.

“Los recuerdos son microscópicos”. Esta frase de la primera página es toda una declaración de intenciones, pues en eso se basa la novela. En recuerdos microscópicos, que nos van contando una gran historia de amor, pero también nos habla de la maternidad, de la amistad, y de las aspiraciones vitales. Desde recuerdos vuelve al momento anterior a cómo se conocieron, a cómo se enamoraron, al nacimiento de su hija, a los momentos difíciles, a conversaciones con amigos o con su hermana, a las crisis…. A todas las historias dentro de una gran historia de amor. Pero no una historia con grandes momentos significativos, sino a una historia de amor cotidiana. Como puede ser la tuya o la mía. Y eso es lo que lo hace tan bello. Es real. Ha conseguido dotar de belleza algo cotidiano.

Y es que la autora, ha resumido un día, un mes o años en un solo recuerdo. En el recuerdo de una emoción. Elimina lo banal y rutinario que pasa a nuestro alrededor, no describe la escena ni los personajes, no cuenta cómo es un día de trabajo. No encuentras: «ella se acercó a la cafetera e hizo café para los dos, luego suavemente acarició su mano y le dijo:….» No, no es la forma en que está narrado este libro. Solo da los datos necesarios y sintetiza todo en una sola idea llena de sentimientos y emociones. Queda lo verdaderamente importante. Pensamientos no pronunciados en voz alta, demasiados sinceros, íntimos. Queda lo que recuerdas. El dolor, la angustia, las renuncias, el amor, las dudas.

De hecho hace un ejercicio tan grande de síntesis que los personajes no tienen nombre propio. Son la esposa, el marido, la hija, la hermana, el exnovio, el filósofo.

Y entre esos recuerdos encontramos citas de autores, proverbios, datos curiosos, trozos de conversaciones, preguntas.

La verdad es que me ha encantado, y sin dudar recomiendo su lectura. Por diferente y especial. Por ser sencilla y real, irónica y dulce. Porque te identificarás con situaciones, con dolores y alegrías, y te reconocerás en actos y emociones vividas.

Jenny Offill, 1968, Massachusetts, es novelista y profesora de escritura en Brooklyn College, la universidad de Queens, la universidad de Columbia. Tiene dos obras publicadas Last things (1999) y Departamento de especulaciones (2014), la cual ha sido finalista del premio Pen Faulkner y del premio Folio. Ha sido catalogado como uno de los libros del año, por The New York Times o The Boston Globe, convirtiéndose en un éxito de ventas en Estados Unidos.

Ángeles Martín.

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VENTE A CASA - JORDI NOPCA

Sí, todavía hay talento en la Literatura de nuestra generación. Todavía se pueden encontrar cuentos cargados de humor negro, con fondo trágico bien escondido tras historias cotidianas y en apariencia simples; todavía hay escritores que se atreven a crear, a inventar…a contar.

Hoy hablamos de Jordi Nopca y su obra Vente a casa, galardonada en 2014 con el Premio Documenta. Se sigue hablando de este autor barcelonés como una promesa, pero no hay nada que nos indique que no es ya una realidad. Jordi Nopca nos ofrece en este libro, que consta de diez relatos, una narrativa sutil pero punzante, de esa que sabe atacar disfrazada de cordero al lugar más importante que es al que menos importancia damos: nuestro interior destrozado. Encontramos en esta obra situaciones comunes que podrían suceder en cualquier barrio de la Barcelona actual donde se sitúan todas las historias. Un escenario que cada vez más recuerda a aquella colmena que nos quiso acercar Cela, donde los personajes se mueven siempre obligados por el compás que marca una urbe tan dinamizada y engranada como es la capital catalana. Este monótono ritmo que acompaña a la ciudad es lo que lleva a presentarnos historias y personajes dejados llevar por un futuro incierto, sin ataduras; exceptuando una muy fuerte: la desazón de la existencia. 

Nada ni nadie en este libro quiere vivir ni sobrevivir, y eso es lo mejor con lo que nos encontramos como lectores. Nopca es capaz de conseguir una mueca de sonrisa en la cara de un lector que está contemplando impávido la vida en caída libre de distintos personajes, y que también puede ser la suya. Es una obra donde reina el silencio, donde lo importante está en lo que no se dice, en la que intuimos lo que piensan (casi sin querer) los personajes. Y todo ello lo ha pensado antes Nopca, alguien capaz de romperse las uñas rascando en lo más hondo del pozo de la existencia y aún así ofrecer giros, guiños, chispazos de comicidad, de risa, de nostalgia por una felicidad que en alguna vida habremos experimentado, porque el anhelo por algo solo puede comprenderse si alguna vez lo hemos vivido. 

Y si no os convence, siempre podéis hacerle caso a uno de los personajes del relato ‘Navaja suiza’:

« - Preferiría una novela – le hice saber -. Los cuentos son demasiado rebuscados.»

Víctor G. 
@chitor5

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GARY SHTEYNGART

Imagen: Brigitte Lacombe.
Con motivo de la presentación de 'Pequeño fracaso' (Libros del Asteroide), las memorias de Gary Shteyngart antes de convertirse en Gary Shteyngart, pudimos realizar esta cercana y divertida entrevista a un escritor que no dejará a nadie indiferente.  Sátira, humor y confesión a partes iguales. 

Andrea Rovira: Gary o Igor Shteyngart empezó a escribir para sentirse querido y aceptado. ¿Por qué escribe hoy en día?

Gary Shteyngart: Bien, ya sabes, ahora tiene una hipoteca, tiene que pagarla... También tiene un niño en Manhattan, cosa que le resulta caro... Cuando empecé a escribir era una diversión y a la vez lo que me salvaba un poco: volvía de una fiesta, me sentía triste y me ponía a escribir. Ahora es un trabajo. La gente siempre me dice que su primera novela es un acto artístico, después, ¿qué más puedes hacer? (se ríe).

AR: Dices que durante tus años de adolescente desarrollaste un problema de personalidad. No sabías si eras Igorcheyk, Gary Ñu, Gary Shteyngart... ¿Quién es ahora? ¿Cree que es un mix de todos o que hay alguna personalidad que resalta sobre las otras?

GS: Con la edad, o bien coges tu personalidad y la rompes en mil personalidades diferentes, o bien coges a tu persona y la estiras hasta quedarse llana, y entonces tienes una personalidad aburrida. Yo creo que me he quedado en esto último.

AR: En el último capítulo hablas mucho de tus padres y de lo que ellos sufrieron, y de cómo tu padre dejó de llamarte “hijito”. ¿Tiene Gary Shteyngart a veces la necesidad de sentirse otra vez como el pequeño Igorcheyk, aunque la relación con su padre fuese difícil?

GS: Claro, todo el mundo quiere volver a sus momentos buenos de la vida. Tener un hijo me ha recordado a eso porque hay esa oportunidad de hacerlo bien y no mal, pero nunca lo sabes: cada persona es diferente, es una combinación de cosas diferente y no sabes cómo alguien va a resultar ser. En la mayoría de casos es suerte y genética. En el mundo, a la mayoría de personas se les puede decir quién van a ser desde el minuto uno, al menos es así con la gente que conozco.

AR: Tus padres no volvieron nunca a Rusia...

GS: Nunca. Yo creo que es un país deprimente. Y volver donde se criaron... el centro de la ciudad es muy bonito, pero también empezaron a ver perros moribundos, borrachos por la calle... Mi madre decía: «¡todo estaba mejor cuando vivía Stalin!». Pero solo el hecho de ser rodeado por millones de rusos creo que es algo depresivo. Bueno, todo el mundo que puede se está yendo de allí. Toda la gente que yo conozco en San Petersburgo se quiere ir de allí lo más rápido posible.

AR: En tu libro también explicas cómo tu padre, cuando llegaron a América, fue a una sinagoga y la comunidad judía les empezó a prestar dinero sin ningún problema y con mucha generosidad. ¿Diría que esta generosidad y espíritu de comunidad aún está presente?

GS: No tengo ni idea. El sitio donde vivo no es para nada religioso, así que no sé cómo sería hoy en día. Pero para entonces todo era muy político: sacar a judíos de la Unión Soviética era es gran “trabajo” para que todo el mundo estuviese junto, etcétera. Los judíos americanos se sintieron en parte también culpables durante la Segunda Guerra Mundial por no salvar a las víctimas del Holocausto, así que creo que para ellos fuimos esa oportunidad de “arreglarlo”, de alguna manera. Pero estuvieron muy sorprendidos cuando llegamos, porque no éramos religiosos para nada, comíamos jamón todo el rato...

AR: Sí, realmente a mí me chocó cuando leí tu libro: esta generosidad que ahora no se ve mucho, por ejemplo con los refugiados sirios, al menos aquí...

GS: Sí, pero los refugiados sirios no son españoles, o ingleses, son sirios. Pero yo lo pienso, y nosotros también podríamos haber sido perfectamente una familia de Siria: no teníamos nada que ver con los otros judíos.

AR: En relación con el tema judío, aunque no eres religioso, en las memorias retratas cómo preguntaste a tu madre por qué estabas asustado de todo, y cómo ella te respondió “porque eres judío”. ¿Crees que es eso cierto?

GS: Creo que incluso ahora se pueden trazar orígenes de enfermedades, ansiedades o miedos que resaltan más en una comunidad étnica que en la otra. No sé por qué por eso (ríe). En el genoma de los judíos del holocausto aparecen muchas enfermedades, y estoy seguro de que la ansiedad y el miedo es una de ellas.

AR: Me quedé muy sorprendida con la historia de tu primera televisión y cómo el pequeño Gary iba todos los días a casa de la abuela para ver los programas. Evidentemente, la televisión jugó un papel muy importante en tu aceptación entre los otros niños...

GS: Sí, todo iba sobre la televisión en esos tiempos. Sería el equivalente a Facebook ahora.

AR: Eso quería preguntarte: ¿crees que la relación de ahora niños-televisión es la misma que antes?

GS: No, en absoluto. Ahora es todo Facebook, redes sociales... Los niños ya no miran la televisión, ahora miran cosas en una pantalla. Pero esto es interesante: casi todas nuestras interacciones son ahora online, así que los niños tienen que adaptarse a ese tipo de pensamiento. Para mí, hubiese sido mejor, porque siempre fui mejor escritor que orador (tenía un acento pésimo), así que creo que mi vida hubiese sido mejor.

AR: Dices que cuando comprasteis el primer televisor, paraste de escribir. La televisión es genial pero también hace perder un poco la imaginación a los niños...

GS: ¡Claro! Todo elimina la imaginación. Cuando me voy a otro país y soy demasiado tacaño para pagar el Wi-fi público y me doy vueltas por la ciudad sin estar enganchado a esta pequeña cosa (me enseña el móvil), me doy cuenta de hasta el más pequeño detalle. Hoy he mirado un rascacielos y había un par de chicos en el último piso subidos en una grúa limpiando los cristales... No habría reparado en ello si hubiese estado mirando algún tweet estúpido. Te conviertes en una persona totalmente diferente cuando estás siempre online. Llevo un mes fuera de casa y me doy cuenta de lo necesitado que estoy de encontrar Wi-Fi.

AR: Dices que el psicoanálisis te salvó la vida... ¿cómo te afectó o influenció en la escritura?

GS: Simplemente me mantuvo apartado del consumo habitual de drogas y alcohol. La gente siempre dice «bueno, si vas a psicoanálisis pierdes aquello que te empuja a escribir», yo no creo que sea así. Para mí lo que hizo fue darme un tiempo cada día donde estar sobrio y trabajando.

AR: ¿Y te ayudó a reconocerte y aceptar todo aquello por lo que habías pasado?

GS: Ya estaba haciendo eso a través de la escritura. Pero no es un proceso de grandes descubrimientos, es algo médico: realmente te baja la ansiedad, la depresión, y puedes funcionar mejor. Ahora algunos se medican para lograr ese efecto, pero los medicamentos no hacen todo el trabajo; pueden tratar algunos de los síntomas pero el problema base sigue existiendo, y para eso me sirvió a mí la psicoanálisis. No estoy en contra de las drogas tampoco (ríe).

AR: Basado en tu propia experiencia como creador y profesor, ¿qué consejo le darías a un joven escritor?

GS: Vaya, es duro ser un escritor joven, porque realmente no sabes quién eres. Es encontrar su propia voz, eso es duro; porque leemos mucho, y eso está bien, pero evidentemente nos dejamos influenciar por esas lecturas y lo difícil está en encontrar el punto medio, ya sabes, ¿quiero ser el nuevo Nabokov?, bueno, ¡pues no seas el próximo Nabokov, ya tuvimos un Nabokov! Pero la pregunta es: ¿cómo coges lo mejor de todos los autores que has leído y a la vez te mantienes fiel a ti mismo y a tu propia voz? Odio a los escritores que suenan como otros escritores, no hay nada más triste que eso.

AR: ¿Así que piensas que un escritor también debe aportar un tono personal?

GS: Sí, por eso quizás en América hay tantos escritores inmigrantes, porque la experiencia que aportan es muy diferente de la experiencia estándar. Todo lo que se escribe se convierte, casi por naturaleza, en una voz diferente.

AR: Tu madre te llamaba “Pequeño Fracaso”... ¿cómo te llama ahora?

(Suelta una carcajada) ¡Solo Igor! ¿Sabes? Cuando publiqué mi primer libro fue como un acto de emancipación. Siempre me pregunto si la razón por la que me convertí en escritor fue para crear esa distancia: cuando te haces abogado, puedes ser un mal abogado, pero si te haces escritor es como decir “no soy tú, soy diferente a ti”. Y en Rusia eres visto como una extensión de tus padres, en cambio en América el individualismo es lo más importante.


LIBREGUNTAS:

Libro electrónico o de papel: Papel, por supuesto.

Narrativa o poesía: Narrativa.

Un libro: Pnin, de Vladimir Nabokov.

Un poema: Charles Simic, cualquiera de sus poemas.

Un autor: Iván Turguénev.

Un personaje: (se lo piensa un buen rato) No sé... es mejor que se los deje tranquilos, ¡a los personajes!

Una cita: No soy fan de las citas, ni los eslogans... No me inspiran. Me inspira la buena comida.

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