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MINA DE DIAMANTES – ANDRÉS CORRAL Y ALBERTO SÁNCHEZ

A veces creemos que no, pero aquello que vivimos de pequeños nos marca para siempre y una clara demostración es este libro. A Alberto Sánchez, coautor del cuento, le dijeron en su infancia: «eres un diamante en bruto, eres mi talismán». De esa frase, que quizás quien la pronunció no creyó que tuviera tanta trascendencia, surge hoy el cuento del que hablamos: Mina de diamantes, por Andrés Corral y Alberto Sánchez.

Repleto de maravillosas ilustraciones - obra de María Alejandra Jaramillo G. - que harán que el lector se detenga durante varios segundos a contemplarlas, Mina de diamantes es la historia de una “fea” piedra que ignora lo que guarda en su interior. Como todos los buenos cuentos, no solo está dirigido al público infantil, sino que tiene mucho que enseñar también al adulto. A partir de esa piedra, nos adentramos de su mano en un camino de realización vital, de descubrimiento, de iniciación. Nos encontraremos con barreras, obstáculos y sufrimiento pero también con seres de luz – como el genio –, con momentos excitantes y, como no podía ser de otra manera, con un desenlace climático y reconfortante. 

Mina de diamantes no es un cuento de difícil aceptación por parte del lector ya que a pesar de tener el disfraz infantil esconde una gran enseñanza acerca del trabajo y la lucha a realizar para llegar a lo que se quiere, o a lo que se debe llegar en la vida: que no es más que la plena realización de uno mismo. Mediante una piedra vivimos como lectores todo este proceso, aterciopelado gracias a unas ilustraciones de gran factura, y llegamos a descubrir qué escondía esta en su interior. Y es que uno de los aspectos más importantes de este cuento es el de querer hacernos ver que lo importante está dentro, que nunca es tarde para dejar de mirar hacia fuera y que el que brilla es especial en un mundo repleto de oscuridad. 

Víctor González.
@chitor5

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EL DRAGÓN ROJO - MAX VELTHUIJS

Este libro infantil comienza como toda buena historia debe empezar, con: «Había una vez...» Y es que, había una vez un pueblo en el que no pasaba nada fuera de lo normal. Sus habitantes se despertaban, trabajaban y volvían a dormir. No había ninguna preocupación más. Con eso era suficiente. Pero un día los campos de trigo y cereales comenzaron a aparecer quemados o devorados. No sabían qué podía ocurrir hasta que descubrieron que el culpable de todo era un enorme dragón rojo. Enseguida apareció el miedo a lo desconocido y la desconfianza. Pero a pesar de todo decidieron que debía ser juzgado y llevado a la ciudad. Se realizó una asamblea donde se escucharon varias propuestas y tras debatir decidieron que recibiría instrucción militar, ya que era grande y fuerte y podría ayudar a defender la ciudad. Al dragón no le gustó mucho esta idea y se cansó de tanto ejercicio y comenzó a comer hierba, que era mejor y mucho más divertido. Entonces el alcalde tuvo una brillante idea: - «¡Ganaremos dinero exhibiéndolo como atracción! Es muy grande y vendrá gente de todo el mundo a admirarlo.» Así que le construyeron una jaula, que como os imaginaréis no le gustó mucho. A él le gustaba disfrutar al aire libre, lanzar fuego y comer. Y por fin alguien tuvo una idea brillante. Aprovecharían que al dragón le encantaba escupir fuego para construir una fábrica de electricidad. Y así todos felices. Mimaban al dragón dándole comida y luego él echaría fuego por la boca y calentaría el agua y las casas de todo el pueblo. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Es una idea sencilla, bonita y cargada de miles de valores con los que trabajar con los niños. El trabajo en común, el esfuerzo, no prejuzgar a primera vista, la convivencia y el respeto, la toma de decisiones en común, la justicia…. Y se ve que está claramente dirigido a niños que por su edad comienzan a enfrentarse a problemas y ayuda a entender que todos podemos tenerlos y que has de enfrentarte a ellos con valentía, sin miedo, y que los demás pueden ayudarte a ello.

Y por último los dibujos. Realizados por el mismo autor, son ilustraciones con un trazo seguro, sencillo y llenos de colores vivos e intensos. Parece que siempre hay luz y dan ganas de vivir en ese pueblo. Por otro parte, me encanta que se pueda seguir la historia solo mirando los dibujos, sin la necesidad de saber leer. Y eso es de agradecer, ya que he leído cuentos dirigidos a niños que aún no saben leer en las que las ilustraciones a veces eran incomprensibles y parecían más dirigidos a adultos que a niños.

Sin dudar es un libro para regalar, me parece genial, sencillo pero claro en el mensaje.

Max Velthuijs nace en La Haya en 1923. Sus inicios profesionales están orientados en el diseño grafico y en la producción de viñetas políticas. Publicó su primer libro en 1969, El niño y el pez, y a partir de aquí se dedicó en exclusivo a literatura infantil realizando siempre las ilustraciones de sus libros. El dragón rojo ganó el premio Pincel de Oro de la academia de Bellas Artes de Holanda. Muchas de sus obras también han sido galardonadas con premios como el Premio Hans Christian Andersen.


Algunas de sus obras son:

El gentil dragón rojo. 1982
Demasiado ruido. 1991.
El cocodrilo pintor. 1991.
Una torta de cumpleaños para Osito. 1996
La Rana está triste. 2003
Y la Serie Sapo con, entre otros: Sapo tiene miedo, Sapo y el forastero, Sapo y la canción del mirlo….

Ángeles Martín.

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LA VIDA ES UN CUENTO – ALEJANDRO JODOROWSKY

Escritor, director de cine y de teatro, actor, mimo, marionetista, compositor, escultor, pintor, filósofo, sanador psicomágico,… Jodorowsky lo es todo y es nada, es una gota en el vacío consciente de que sin ella ese vacío no existiría. Leer al chileno es entrar en una espiral ascendente hacia la conciencia más intrínseca y natural del ser humano; leer a Jodorowsky es un ejercicio de sanación. 

Siruela obsequia al mundo editorial con un compendio de cuentos de este artista nacido en Tocopilla cargados con la misión de encender la chispa que todos tenemos, anhelante de ser prendida. Muchos conocerán ya Cuentos mágicos y del intramundo o El dedo y la luna, y habrán podido disfrutar de esta faceta cuentista del escritor. Aquí, Jodorowsky completa El tesoro de la sombra, una recopilación de cuentos que publicó en 2005 y que, tras su publicación, decidió ampliar hasta acabar siendo, ya en 2015, La vida es un cuento. Gracias a un bonsái que dejó de podar para ofrecerle la libertad que durante tanto tiempo se le había quitado, Jodorowsky se dio cuenta de que debía haber hecho lo mismo con El tesoro de la sombra, de que le había cortado las alas, las ganas de expandirse.  Y de esa libertad nace La vida es un cuento, un manual de enseñanzas vitales donde el autor ha querido pasar lo más desapercibido posible para que el lector no note su sello, algo totalmente imposible en la literatura – y en todas las demás artes – de Jodorowsky. 

Y es que Jodorowsky, como él quiere que todos pensemos de nosotros mismos, es único, único en todo lo que hace, incluso en el vivir. La vida es un cuento nace tras la visualización metafórica del mundo, de la cultura, de los estigmas sociales, como aquellos jardineros que podan los árboles de la ciudad de forma geométrica, al igual que hace el entorno con nuestra mente. Es por ello que la literatura de Jodorowosky intenta – y consigue – no tanto abrir las puertas de la mente sino destrozarlas, hacerlas desaparecer. Tras leer al chileno ya es imposible dejar de pensar, y él lo sabe. Por eso, ofrece su libro, su obra, como un dispensario farmacéutico al que todos pueden presentarse para coger de él – de cada cuento – lo que más necesiten. Como la literatura zen, Jodorowsky ha sabido conseguir ser capaz con sus composiciones de plantar en el lector una semilla de sabiduría que, sin este ser consciente, crece en algún momento de la vida de este lector, sola, sin esfuerzo, de forma natural. 

Leer a Jodorowsky supone el esfuerzo de una voluntad, supone atreverse a romper con todos aquellos tótems y tabús freudianos que nos empapan día a día, con la visión de un mundo donde el ego es el protagonista. Koanes, haikús, la Bíblia, metagenealogía, psicomagia, esoterismo, Esopo, Las mil y una noches,… Esto y mucho más dentro de un libro que, como toda la obra de Jodorowsky, no dejará a nadie indiferente. Inspirando armonía desde la imagen de portada, este libro, incluso, nos regala un aroma que se aferra a los dedos del lector como si quisiera avisarnos de que todo lo de esta lectura, incluso lo más insignificante como es el olor de sus páginas, queda. Queda Jodorowsky, quedan sus palabras y, sobre todo, siempre y para siempre, queda la Literatura. 

«La vida es un cuento, un cuento divino, pero un cuento. Cuando se entra en el cuento, se derriban los muros de la racionalidad y se abren las puertas del inconsciente, y entonces se empieza a encontrar, de manera amable y simpática, lo que da la felicidad.» Alejandro Jodorowsky. 

Víctor González.
@chitor5

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EL SOLDADITO DE PLOMO - CLARA LUNA RODRÍGUEZ

«Que la imaginación juegue su papel y permita que cualquier persona, sin importar la diversidad o capacidad lectoescritora, pueda interpretar una historia narrada únicamente con ilustraciones.»

De esta manera se nos presenta una original versión del famoso cuento escrito en su origen por Hans Christian Andersen y adaptado en esta ocasión por Clara Luna Rodríguez para la editorial La Topera. Y es que este no es ‘El soldadito de plomo’ que todos conocemos. Aquel que, sentados en el sofá o tumbados en la cama, dejamos leer a nuestros hijos o leemos nosotros para que ellos imaginen mientras sueñan. No, este es un libro donde, aunque parezca mentira, la palabra no es la protagonista. Y no lo es, porque en la vida de los niños a los que va dedicado el libro, tampoco ella es la protagonista. Clara Luna Rodríguez, mediante vivas y entrañables ilustraciones, crea una obra con la que poder abrazar a todo aquel con TEL (Trastorno Específico del Lenguaje) y llevarlo por el sendero alado de la imaginación. Imaginar es casi un imprescindible en la vida de los niños y no solo se traspasa la puerta que nos lleva a ello con las palabras. Este es un claro ejemplo de cómo mediante imágenes se puede contar una historia que ya es uno más de la familia en las casas, la del pequeño soldadito de plomo que siente, que ama, que tiene corazón. Tiene corazón, y este late para todos, ya sea para alguien que lee o para alguien que no puede hacerlo, porque todos tenemos derecho a saborear los cuentos, a sentir la Literatura, a soñar y sentir ya tengamos los ojos abiertos o cerrados. Todos tenemos derecho a leer, ya sea fijándonos en palabras, escuchando a alguien o simplemente creándolo todo en nuestras cabezas. Leer no es más que inventar historias propias y personales a través de la experiencia de otro, adaptar la vida de otros a la nuestra. Leer no es más que viajar sin moverse del sillón. Y este es un derecho universal. 

Muchas veces, solo al cerrar fuertemente los ojos es cuando todo mejor se ve. Muchas veces es gracias a la imaginación por la que seguimos colgados de un tendedero que cada vez tiene menos pinzas cargadas de realidad. La imaginación es el sostén, es el darnos cuerda, es el seguir caminando. ¿Hasta dónde? Hasta donde nosotros queramos. 

Víctor G. 
@chitor5

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VENTE A CASA - JORDI NOPCA

Sí, todavía hay talento en la Literatura de nuestra generación. Todavía se pueden encontrar cuentos cargados de humor negro, con fondo trágico bien escondido tras historias cotidianas y en apariencia simples; todavía hay escritores que se atreven a crear, a inventar…a contar.

Hoy hablamos de Jordi Nopca y su obra Vente a casa, galardonada en 2014 con el Premio Documenta. Se sigue hablando de este autor barcelonés como una promesa, pero no hay nada que nos indique que no es ya una realidad. Jordi Nopca nos ofrece en este libro, que consta de diez relatos, una narrativa sutil pero punzante, de esa que sabe atacar disfrazada de cordero al lugar más importante que es al que menos importancia damos: nuestro interior destrozado. Encontramos en esta obra situaciones comunes que podrían suceder en cualquier barrio de la Barcelona actual donde se sitúan todas las historias. Un escenario que cada vez más recuerda a aquella colmena que nos quiso acercar Cela, donde los personajes se mueven siempre obligados por el compás que marca una urbe tan dinamizada y engranada como es la capital catalana. Este monótono ritmo que acompaña a la ciudad es lo que lleva a presentarnos historias y personajes dejados llevar por un futuro incierto, sin ataduras; exceptuando una muy fuerte: la desazón de la existencia. 

Nada ni nadie en este libro quiere vivir ni sobrevivir, y eso es lo mejor con lo que nos encontramos como lectores. Nopca es capaz de conseguir una mueca de sonrisa en la cara de un lector que está contemplando impávido la vida en caída libre de distintos personajes, y que también puede ser la suya. Es una obra donde reina el silencio, donde lo importante está en lo que no se dice, en la que intuimos lo que piensan (casi sin querer) los personajes. Y todo ello lo ha pensado antes Nopca, alguien capaz de romperse las uñas rascando en lo más hondo del pozo de la existencia y aún así ofrecer giros, guiños, chispazos de comicidad, de risa, de nostalgia por una felicidad que en alguna vida habremos experimentado, porque el anhelo por algo solo puede comprenderse si alguna vez lo hemos vivido. 

Y si no os convence, siempre podéis hacerle caso a uno de los personajes del relato ‘Navaja suiza’:

« - Preferiría una novela – le hice saber -. Los cuentos son demasiado rebuscados.»

Víctor G. 
@chitor5

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MAÑANA HABLARÁN DE NOSOTROS - ANTOLOGÍA DEL CUENTO CUBANO

«Hombres y mujeres que piensan a Cuba desde la sexualidad que no pacta con códigos castrantes, desde la Isla o fuera de ella, son los protagonistas de este volumen». 

De esta manera nos presenta Norge Espinosa Mendoza esta magnífica colección de cuentos cubanos recogidos por la editorial Dos Bigotes, una editorial centrada en la temática LGTB que está avanzando con paso firme y decidido en el complicado mundo del sector editorial. 

19 cuentos de distinta extensión son lo que se encontrará el lector que decida abrir su mente a un tipo de literatura poco explotado hasta el momento. Nos encontramos con una literatura reivindicativa en el fondo pero no en la forma. Aunque es una antología centrada, como decíamos, en la temática LGTB, no hay la intención de expresar un sentimiento de desazón o ira tras tantos años de represión y ataque. Sino todo lo contrario, mediante el buen gusto y trato de la palabra se consigue introducir al lector el germen de lo “nuevo” a través de historias y tramas totalmente normales y aceptadas en la sociedad. Porque, en definitiva, ¿no es este también un tema totalmente normal?

En esta recopilación de cuentos encontramos historias que podrían ser reales, otras cargadas de surrealismo, de metáforas, cúmulos hiperbólicos en forma de cuento o dramas románticos de pareja. Se tocan todas las técnicas para acabar formando una miscelánea con un tema principal, la adaptación en toda historia de la temática defendida tanto por los escritores cubanos del libro como por la editorial. Se usa la literatura como herramienta con la cual poder expresar libremente aquello que, quizás, en muchas calles todavía no puede exclamarse. 

En definitiva, un libro que intenta zafarse de tanta basura que ha estado ocultando a lo largo de tantos años un sentimiento que es tan libre como cualquier otro, el de poder sentirse atraído por lo que el cuerpo, el corazón o la mente mande, y no la sociedad. Algo que ha causado pavor e incluso rabia a todas esas personas con miedo al cambio, a lo diferente; a aquella gente que defiende que lo diferente es malo, es raro, que solo lo aceptado por antiguo o la verdad por mayoría es lo que hay que seguir, es lo cierto. Pero, ¿qué seríamos realmente sin la incertidumbre? 

«Propongo que sea leída como otra ventana hacia Cuba, hacia la Cuba de ahora mismo, que puede liberar sus políticas del deseo en la dirección que se antoje a sus protagonistas, para relevarla como un mapa múltiple y contradictorio». Norge Espinosa Mondoza. 

Víctor G. 
@libresdelectura

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COSAS QUE DECIDIR MIENTRAS SE HACE LA CENA - MAITE NÚÑEZ

Empezamos la semana con otra recopilación de cuentos, esta vez con Cosas que decidir mientras se hace la cena, de Maite Núñez, publicado por editorial Base, de quien ya pude criticar hace unas semanas la obra de Óscar Sipán y su Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas

Aunque uno de mis géneros predilectos en cuanto a Literatura es, sin duda, el cuento, debo reconocer que me parece injusto criticar recopilaciones de estos relatos. Un relato es una creación única, individual, un relato es una novela, un guion o una tragedia, es una composición que se merece un trato personalizado, que se merece ser tratado como una sola cosa, porque eso es lo que es. ¿Acaso criticamos la obra completa de un autor si no es en ocasiones especiales? Aún así, buscando la parte buena de todo ello, estas colecciones nos muestran los rasgos más comunes del escritor en cuestión, la imprenta fija que deja en cada uno de sus escritos, es la mejor forma de conocerlo, de ver lo que no sale de él por casualidad, su talento, lo innato. 

Y este talento, en Maite Núñez, es la capacidad de integrar la semilla de lo trágico en sus personajes. Todos son un valle de lágrimas recubiertos por cuerpos opacos que luchan, con desgana, por vivir. Ellos no, sus cuerpos sí. Siempre hay un halo de esperanza en este o estos personajes traumáticos por salvar una lágrima y ver amanecer, esperanza que acaba truncándose por el peso de una lágrima más poderosa, más triste, más fuerte, una lágrima final que empapará al lector de lo trágico que es vivir sin un sentido. Los cuentos de Maite Núñez son cuentos de soledad, de una soledad que puede llegar a enfermar a sus personajes, son el relato de lo que no es vida, del camino paralelo al vivir, aquel que parece tan inalcanzable hasta que te das cuenta de lo cerca que lo tenías. Maite Núñez actúa en este libro como compositora de melodías, juega con los ritmos (y con nosotros) mediante el flujo bombeante de frases cortas y rapidez, y frases largas y pensamiento. Además de unos diálogos que recuerdan a dos enfrentados en un ring, a una pelea incesante de boxeo, pero no aquel tópico cortazariano del cuento como boxeo, sino porque aquí el diálogo es una batalla entre dos, entre el protagonista y otro personaje, entre el protagonista y lo que le rodea, entre el protagonista y su interior, donde siempre acaba igual, vencido. 

Hay algo de curativo en la escritura, y libros como este lo demuestran. Escribir puede ser vivir, caminar, subsistir. Y Maite Núñez lo demuestra con esta obra, un intento por salir de la soledad que emana un mundo con tanta gente. Porque eso es lo que se desprende de este libro, que todo, que todos, en definitiva, estamos solos y que si no trabajamos en nuestra soledad, incluso ella nos dejará, ¿y qué seremos si no podemos ni estar solos? 

«Quiso creer de veras que si las cosas no se decían no tenían por qué ocurrir, como si la enfermedad necesitara de las palabras para concretarse y triunfar. Alargó la mano y dejó la libreta sobre el mostrador.»

Víctor G. 
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EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA - ROBERT FISHER

Siempre he pensado, y sigo pensando, que para los amantes de la Literatura debería estar prohibido que haya ciertos libros corriendo por el mundo y que no tengamos conocimiento de su existencia. Deberían entregarnos, cuando empezamos a darnos cabezazos con las primeras palabras escritas en un papel, una lista con aquellos libros de obligada lectura a lo largo de nuestra vida. ¿Por qué digo todo esto? Porque el libro del que hablaré a continuación estaría en esa lista. 

Pocos desconocerán la existencia de este cuento breve de Robert Fisher, más conocido quizás para algunos como Bob Fisher. El caballero de la armadura oxidada es uno de esos libros que estampan su sello en nuestro interior, que plantan esa semilla del relato intenso y breve que tanto defendía Poe, que crece a medida que reposa tras su lectura, bebiendo de la mejor literatura zen. Como expone su sinopsis, este cuento no es un libro, es una experiencia. Y es totalmente cierto. Con el caballero de la armadura oxidada el lector caminará mentalmente desde su cómodo sillón a través de un sendero con paradas en conocimiento y conciencia. Para los que hayan leído a Eckhart Tolle, Wayne Dyer, Andy Andrews o Alejandro Jodorowsky, no será una sorpresa ver que estamos hablando más de una experiencia vital que de una lectura convencional. Leer un libro como este es mentir a tus ojos con ilustraciones y estructura de cuento infantil para que dejen paso con más fuerza y acomodo al sentido de vivir, a las razones de existir, a la verdad de ser. 

Poco tiene que envidiar este incomparable cuento a la obra maestra que todos conocemos del aviador Antoine de Saint-Exupéry (El Principito). Y es que Robert Fisher consigue llegar al corazón del lector de la manera más complicada, con sencillez. Una sencillez irónica y humorística con pinceladas del mejor Esopo que nos harán reír, asentir, retener, y sobre todo, pensar. 

Escuchaba hace unos días a una Doctora en Letras defender que hay libros o autores en el mundo (ella hablaba de Cervantes) que deben leerse en cada etapa de nuestra vida porque según nuestra edad y experiencia encontramos un sabor completamente distinto en las letras que antes sabían diferente. Y esto sucede también con este libro, siempre disponible y dispuesto a abrillantar nuestras dudas, a destruir nuestros miedos, a señalarnos el camino. 

Víctor G. 
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QUISIERA TENER LA VOZ DE LEONARD COHEN PARA PEDIRTE QUE TE MARCHARAS - OSCAR SIPÁN

Siempre me he preguntado, y supongo que muchos de vosotros también, qué diablos estará leyendo aquel chico o aquella mujer en el tren, el metro, el autobús o cualquier lugar público, para tener esa cara de felicidad ante un libro. Muchas veces pienso que leo compulsivamente solo para encontrar aquel libro que convierta mi cara en algo parecido a la de ellos. Pues bien, por suerte o por desgracia, lo he encontrado. Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas, Oscar Sipán. 

Cuando te enfrentas a un libro lo más común es que tengas unas expectativas ya establecidas sobre lo que te va a ofrecer aquel escritor o sobre el tema que va a tratar la obra. Dicen que cuando piensas algo ya lo has creado, que tu inconsciente lo transforma en aquello que tú has moldeado. Por eso, aquellos que saben (o que por lo menos lo aparentan muy bien), recomiendan siempre que rompamos con la rutina, que nos demos a lo nuevo, que salgamos de nuestra zona de confort. En mi caso, llegar a este libro ha sido romper con todos los moldes que una rutina orgullosa y cuadriculada puede imponer. Leer a Sipán ha sido saltar a un vacío sin pararme a pensar si hay red. 

En esta obra encontramos una sucesión de breves relatos donde la metáfora más hiperbólica posible es la reina de la composición. Comparaciones únicamente posibles para aquel que ha sabido desbrozar el terreno tan selvático e impío que cubre a los ojos de la vida y, tras entrar profundamente en su mirada, se ha vuelto a su casa, a su mesa, y ha escrito cuentos. 

No es necesario hablar del contenido de estos relatos, tampoco puedo asegurar que se entiendan todos. Pero haciendo gala de la esencia del mejor haiku o del mejor Cortázar, cada relato sumerge en nuestro interior la semilla de la esperanza, una semilla que brota y, horas o días después, hace crecer en nosotros una sensación de que la Literatura sigue pedaleando aun teniendo los pies llenos de barro. 

Podría decir que leí la obra de Sipán en una sola tarde, o que tardé semanas en acabarlo por el miedo a no verlo nunca más abierto. Podría hablar de ello, pero nada serviría para aclararlo. Así de relativo es el tiempo cuando te sumerges en Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas

Víctor G. 
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LAS AVENTURAS DE LA PRINCESA Y EL SEÑOR FU: LA COSA DE DEBAJO DE LA CAMA – PATRICK ROTHFUSS.


“Este no es un cuento para niños”. Así empieza esta obra tan insólita como chocante, tan sorprendente como excelsa. Nada malo puede salir de unas manos capaces de escribir algo como la serie “Crónica del asesino de reyes” de la cual ya conocemos “El nombre del viento” y “El temor de un hombre sabio”. Este es Patrick Rothfuss, alguien lo suficientemente singular como para atreverse a formar su camino en la Universidad asistiendo únicamente a asignaturas que le interesen, sin matricularse en ningún estudio en concreto.
  
En esta obra se junta con los mágicos trazos de Nate Taylor, quien acompaña a las escasas palabras que componen la obra con unas pinceladas en total sintonía con la historia. El cuento trata acerca de una Princesa, la cual vive siempre pegada a su fiel osito de peluche, el Señor Fu. Todo parece perfecto en la vida de la Princesa, con una enorme cama cargada de pomposidad pero debajo de la cual vive un monstruo a quien no se atreve a hacer frente. La historia se basa en cómo evolucionan la Princesa y su miedo hacia este monstruo, en la difícil decisión de plantarle cara o no.

No queda más que decir que la historia sorprende a todo aquel que la lea, con sus tres posibles finales, con sus terroríficas historias, con la sorprendente Princesa. Un libro que trata sobre nuestros temores infantiles, que narra un cuento sin adornos, que rompe con las moralejas, con las falsas enseñanzas que componen los cuentos de hoy día. Un cuento repleto de humor, de humor negro, raro y confuso, cargado de escalofríos. Pero no podía ser de otra manera, así es Patrick Rothfuss.

“Esto no es un cuento para niños. Parece un cuento para niños. Tiene ilustraciones. Tiene un título almibarado. Los protagonistas son una niña y su osito de peluche. Pero todo eso solo es una fachada. En realidad, esto es un cuento para adultos con un sentido del humor un tanto siniestro que sepan apreciar los cuentos de hadas de los de antes”.

Víctor G.
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EL PODER DEL ORO


Elia abre los ojos, ya es de día. En Argento, su pequeño pueblo, todo el mundo se despierta cuando amanece, es el sol quien manda en el sueño de esas gentes. Como cada día, Elia mira por la ventana. Todo sigue igual, todo está bien. Ve personas que empiezan a cargar sus cubos de agua en dirección al Palacio Dorado. En Argento solo hay un trabajo, y lo hacen igual adultos, ancianos o niños. En Argento únicamente se carga agua para llevarla al Palacio, donde esta es cambiada por oro. ¿Y para qué quieren el oro estas gentes? Para volar.

En Argento la gente solo tiene un sueño, volar. Miran con envidia, mañana tras mañana, el vuelo de quien ha conseguido el oro suficiente para alzarse, para navegar por el viento. ¿Y cómo se consigue volar? ¡Con el oro! En Argento, todo el mundo nace con dos alas: blancas, suaves, aterciopeladas, pero incapaces de volar, o eso cuentan ellos. Solo pueden volar siendo bañadas por oro, por eso es tan importante el oro en Argento. Y Elia quiere volar, pero quiere volar ya. Por eso, a sus 13 años, ya ha llevado más cubos de agua que algún anciano del pueblo. Tiene mucho oro en casa, pero no cree que sea suficiente todavía. 

Elia camina encorvada, tiene todo el cuerpo deformado de tantas horas bajo el sol llevando cubos y cubos de agua. Elia no tiene amigas, Elia no tiene un chico que tontee con ella. ¿Para qué lo quiere? Elia quiere volar. Y esa mañana Elia cree que será la última. ¡Esa tarde podrá volar! 

Se desviste y viste rápidamente, tomándose unos minutos para contemplar por última vez sus alas blancas. ¡Cómo brillarán esa tarde! ¡Será la envidia de todos cuando la vean por el cielo volar! 

Sale de casa, coge su cubo, y emprende el trayecto de cada día, saludando hoy con sonrisas a todo el que se cruza en su camino, regalando cumplidos y ánimos – los cuales desde aquí no sabemos dónde y cuándo aprendió - . Elia llega a casa, deja su cubo lleno ya de oro y suspira. Se deja unos minutos para mirar por dentro todos los recuerdos de tantos años en el camino. No debería tener prisa, pero Elia quiere volar. 

Con todo el oro acumulado, ya fundido, Elia comienza a pintar sus alas de color dorado mientras unas lágrimas – que no sabemos si son de melancolía o de alegría – caen por su sonrojada cara de niña. Ya las tiene acabadas, ¡ya puede volar! 

Pero en el cielo, Elia no tiene la sensación que esperaba, no todo es tan bonito como imaginó. Le encanta la sensación del viento regateando a su cuerpo, mirar a la gente desde tan arriba, ¡Elia se siente poderosa! Pero hay algo que le molesta. La gente que vuela, allí arriba, no está contenta. Todos miran para arriba, a los que vuelan todavía más alto. Todos quieren tener más oro en sus alas para llegar hasta allí, para ser los que vuelen más alto. Y Elia no entiende el porqué, ¡pero si lo bonito es volar! Aunque – debemos reconocerlo – Elia tiene el mismo sentimiento. 

Elia se pone a llorar en pleno vuelo, comienza a recordar lo mal que lo ha pasado todos esos años, para nada. No le importa que las lágrimas le tapen la vista, ¿qué más da?, le da igual adónde ir. Cuando se detiene, Elia se da cuenta de que ya no queda nadie en el cielo, todos se han recogido en sus casas, pero no sabe por qué. Las nubes están un poco oscuras y el sol empieza a caer, pero eso no debe ser motivo para dejar de volar. Se refriega los ojos con el dorso de sus manos, se quita las lágrimas que todavía no se habían atrevido a tirarse al vacío de aquel cielo, y lo ve. Algo viene hacia ella, algo parecido a una peonza que gira, que gira y gira, que va hacia ella. Y no le da tiempo a pensar, la peonza se la lleva. 

Tirada en el suelo, Elia consigue abrir los ojos. Mira a su alrededor, y cree que debe de estar alucinando, no puede ser, ¡hay gente con alas blancas volando! Ellos sí que disfrutan, no hay nadie por encima del otro, y si lo hay, es para hacer piruetas, es para hacer sonreír a los demás. Al verla ya despierta, uno de ellos baja hacia ella. Le sonríe y se sonríen. 

- ¿Dónde estoy? – pregunta Elia observando con detenimiento su entorno.

- Bienvenida a Moral, el malvado remolino te trajo hasta aquí. – con los brazos abiertos, un apuesto joven le muestra el nuevo pueblo. 

- ¿Estoy lejos de Argento?

- No mucho, pero no nos gusta hablar de ese lugar, la gente es tan rara… - Elia se da cuenta de que aquel extraño no deja de mirar sus alas y reírse. 

- ¿Por qué?

- ¿No lo ves? Mira tus alas, y mira las nuestras. Llevamos años sin entender por qué os las pintáis de oro. – Elia, que comienza a sonrojarse, enfadada, oye risas también por el cielo.

- Pues es fácil, tonto, para volar.

- ¿Volar? Y, ¿qué te crees que hacemos nosotros? – era como si a través de su voz le hablasen todos los habitantes del pueblo.

- Pues sí, tienes razón, no entiendo nada…

- Anda, dame la mano y levanta del suelo.

Es la primera mano masculina que toca Elia. Desde muy pequeña ha vivido sola y dedicado todo su tiempo a trabajar. Su mano tiembla, pero la de él no; sus ojos lo miran, y los de él, a ella, también. Van caminando hacia la primera casa que Elia ve mientras él le pide que le explique el porqué de ese color en sus alas. Elia le cuenta todo, que ellos solo pueden volar si sus alas son pintadas de oro, que necesitan cargar mucha agua para conseguir el suficiente, ¡que es su única manera de volar!

- Pero, ¿quién os ha contado todo eso? – el chico sigue con la sonrisa en el rostro que cada vez molesta más a Elia. 

- No lo sé, esas cosas no se preguntan. Hay cosas que son así y punto.

- ¿Adónde lleváis el agua? – Elia ve en su cara algo así como la brillantez de saberlo todo, como la luz de una bombilla cuando se enciende. 

- Al Palacio Dorado, allí nos dan el oro. 

- Así que se la dais al rey, ¿no? Y… ¿este rey nunca os recuerda lo del agua? ¿Nunca os anima para que no dejéis de hacerlo?

- ¡Claro! Una vez al año tenemos un día de descanso donde vamos todos a comer al Palacio y él allí nos recuerda todo lo que podemos conseguir llevándole el agua. 

- Y… ¿no crees que quizás lo del oro es una escusa? ¿Nunca te has preguntado por qué es necesario el oro para volar? 

- ¡Pues no! Ya te he dicho que esas cosas no se preguntan, son así, y punto. 

- ¿Seguro? 

Antes de llegar a la casa, Elia se da cuenta de que el chico la lleva hacia otro lugar a medida que avanza la conversación. Ahora está en lo que debe ser el límite del pueblo, porque a partir de allí solo ve el abismo. Ya no tiene a su lado al chico, y Elia comienza a notar como alguien le sacude las alas. Se gira, pero no le da tiempo a ver nada más, el chico la ha empujado al vacío. Solo ha podido ver al chico, su sonrisa, un trapo en cada mano, y sus alas otra vez blancas. Elisa vuelve a sentir el viento que regatea a su cuerpo, y sonríe mientras vuela. ¡Qué engañados habían estado siempre! 

Víctor G. 
@libresdelectura


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ERGÓN, DEMIURGO


El intenso vibrar del despertador llenó las paredes de prisas. Las arañas, atolondradas, se desperezaban por las esquinas y el viento reñía ansioso con el cristal de la ventana, queriendo abrirse paso por entre la madera resquebrajada del tragaluz. El tímido aliento de la luz de las farolas le acariciaba los párpados; las calles se cubrían de un profundo azul marino. Mientras tanto, su piel seguía oliendo a frío.
Despertó. A penas pasaban treinta minutos de la hora incierta. Jamás supo con certeza a qué día pertenecían las doce en punto de la media noche; pues, si el segundo en que tocaba la  hora punta pertenecía al día que dejaba atrás, el día siguiente empezaba con un segundo de menos y si, por el contrario, pertenecía al día que comenzaba, dejaba el día anterior con veintitrés horas, cincuenta y nueve minutos y cincuenta y nueve segundos. Se preguntaba a menudo cuántos segundos se habrían esfumado de su vida sin haber hecho ningún tipo de ruido.

Ergón era un muchacho bastante corriente. No era de los más menudos de la aldea, aunque tampoco destacaba por su corpulencia; su pelo revuelto le caía por la frente con cierto desorden, dotándole  así de un aspecto, a simple vista, algo descuidado. Sus ojos, perfectamente perfilados por sus infinitas pestañas oscuras, eran de un color incierto, pues dependiendo de la luz del día se mostraban verdes o azules, e incluso, cuando se animaba a ir al lago con su familia, llegaban a decirle que el reflejo del sol los bañaba de un intenso tono amarillento. Aunque era un tipo bastante astuto, solía pasar desapercibido; tenía la facilidad de ensimismarse con cualquier cosa de su alrededor, miraba al mundo como si realmente estuviese enamorado de él.

Si se hubiese preguntado por el muchacho a cualquiera de los aldeanos de Fenómeno, ninguno habría hablado mal de Ergón; apenas hubiesen articulado un puñado de  palabras que resumirían su condición de “chico cualquiera”, sin más. Sin embargo, la realidad, si es que la había, distaba mucho de todo eso. Ergón tenía unas costumbres algo peculiares desde hacía algún tiempo. Quedaba libre de sus quehaceres a las cinco de la tarde y a las siete ya se metía en la cama, a dormir. En esto era algo distinto del resto de chavales, pues siempre acababan con discusiones con sus respectivas familias rogando por cinco minutos más de juego. A las doce y media de cada  noche, el despertador vibraba bajo la almohada del chico; se activaba sin privilegios para los festivos, sin concesiones especiales en los fines de semana. El único objetivo de Ergón era el de abrir los ojos. Nada más que abrir los ojos.

Nada de lo que el muchacho hacía carecía de sentido, estaba todo meticulosamente pensado, y un horario tan extravagante no se quedaba sin explicación. Todo comenzó en medio de una noche. El chico se revolvía entre las sábanas; jadeaba; murmuraba palabras incomprensibles; estaba sumido en una pesadilla horrible. Comprendió que el mundo onírico le envolvía por completo; gritaba, gritaba para despertar, para que su cuerpo, que yacía tendido sobre el colchón, escuchase los imperiosos alaridos que emergían desde lo más profundo. Su cuerpo lo oyó. Su mente reaccionó. Sin embargo, algo fallaba, no era capaz de abrir los ojos, ¿qué le estaba sucediendo? Trató de calmarse ante esa extraña sensación. La oscuridad le envolvía por completo, un vacío se cernía sobre él. Era consciente de que ya no se encontraba en el mundo de los sueños; sin embargo, la realidad, o lo que quedaba de ella, amenazaba con ser algo todavía peor. Un sudor frío le serpenteaba por la nuca, y esa sensación era lo único que rompía el vacío. A pesar de que era consciente de su cuerpo, quizá por recuerdo más que por percepción, no era capaz de enviar ninguna orden desde su cerebro que pudiese poner en marcha ni un solo músculo de su figura. Que me despierten – pensó – que me zarandeen hasta que recupere el control sobre mí. Nada de eso sucedió.

Toda la aldea de Fenómeno estaba sumida en sueños, con los ojos sellados. Nadie sabía a ciencia cierta que la aldea seguía existiendo. Quizá nada existía cuando todos cerraban los ojos, quizá lo que hasta ahora había entendido como realidad necesitaba de una mirada para mantenerse tal y como la conocía. Qué tonto había sido – se repetía una y otra vez – ¿cómo no se había podido dar cuenta?

En seguida el recuerdo de Amara conquistó lo que quedaba de él, recordó cómo, al mirarla, se sentía como si fuese un artista, como si Amara naciese de su propio ser, como una especie de Pigmalión. Sin embargo, esa extraña sensación lo contrariaba a menudo; Amara, lejos de ser alguien cercano o afín, se exhibía sabiéndose hermosa, pavoneándose ante todo aquel que la miraba. Un día, mientras la miraba embelesado, no supo calcular bien las distancias y cayó de una de las sillas armando un inmenso estruendo y dejándose a sí mismo en evidencia. A partir de ese día se prometió que no la miraría nunca más y, poco a poco, Amara fue perdiendo la belleza y fue añorando las miradas que ya no tenía y que la hacían bella; y es que para que la belleza de la chica fuese tal, necesitaba de alguien que la mirase y la hiciese real. Con el tiempo, Ergón se dio cuenta que la belleza no pertenecía al que la poseía sino al que la observaba.

El pueblo dormía, y con él dormía también la belleza de Amara. Quizá, y solo quizá, si llegase el día en que todos y cada uno de los habitantes del planeta Tierra cerrase los ojos a la vez, el planeta optaría por desaparecer. Pues la belleza solo se aparece ante un observador; y la realidad se vanagloria ante todo aquel que la contempla.

Posiblemente Ergón acababa de comprender uno de los grandes misterios que escondía la existencia; sin embargo, sin nadie que pudiese regresarlo a una realidad, esa sabiduría flotaría eternamente en el vacío junto a él. De repente, algo le rozó las mejillas, un tacto peludo y suave le llevó al rostro el frío de la calle. Alzó las cejas, y haciendo un esfuerzo que a él le pareció descomunal, logró levantar los párpados. Y ante él, la realidad. Su gata volvía de uno de sus paseos nocturnos por el pueblo de al lado y se tomó la libertad de despertarlo cuando regresó de su excursión.

A partir de esa noche, Ergón caminaba por las noches entre las calles, sin más intención de que la realidad siguiese en su sitio y con la idea de que hubiesen al menos unos ojos que se cerciorasen de que el mundo seguía siendo mundo.

Sammy.
@sarazamz

 
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