EL REINO DE LA COBARDÍA. CUENTOS PARA NO-NIÑOS


Había una vez un reino llamado Cobardía. Este pequeño y abundante reino estaba poblado por los cobardes. Cada uno de ellos eran maravillosas personas, pero su condición en el reino les impedía ser quienes realmente eran. Era un reino nómada, se movían de un lado a otro y no conseguían crear un hogar. Ese era su lema, limitarse a huir.

Un día una princesa que habitaba en el reino de la Libertad decidió lanzarse a la aventura de encontrar la fórmula de la felicidad y llegó a la orilla del reino Cobardía. Ella no entendía nada. No entendía por qué los cobardes siempre huían de todo: de los sentimientos, del decir lo que pensasen, de ser ellos mismos en todo momento y de dejarse llevar. No hacían nada de eso. Ni siquiera decían lo que sentían. La hermosa princesa conoció a un príncipe cobarde. Pensó que podía salvarle, abrirle los ojos y hacerle ver que la felicidad no estaba en ese reino. Que más allá de esas orillas estaba el mundo real; el mundo del sentir, del besar, del abrazar y el de luchar por aquello que quieres. Pero el príncipe, como eterno cobarde huyó de todo eso y la princesa se dio cuenta de que había cumplido su misión. Había descubierto por fin la fórmula de la felicidad. Y comprendió que la felicidad es todo aquello relacionado con el alma, con las cosas que te hacen sentir vivo, humano, que formas parte de algo. Que la felicidad no entiende de huidas y sí de apuestas, de lanzamientos al vacío y de besos sentidos. El príncipe cobarde empezó a no dormir por las noches y a no saber cuál era su sitio en el mundo, a pensar si había hecho bien dejando marchar a esa hermosa princesa. Pero esa siempre fue la maldición de los cobardes, la incertidumbre y el pensar qué hubiese pasado si...

Blanca de Paco.
@blancadepaco

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