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PINTORES - SEUNG-YEOUN MOON

Pintores, de Seung-yeoun Moon y Suzy Lee, es un delicioso y divertidísimo álbum ilustrado donde desborda la vivacidad, la frescura y la alegría de la niñez. La historia es una escena fácilmente reconocible en casas donde hay niños y niñas: dos hermanos extasiados de felicidad, poseedores de inagotables fuentes de creatividad e imaginación, deciden experimentar con unas acuarelas y sus propios cuerpos. Embriagados por su juego, dejándose llevar por su imaginación, se divierten pintándose mutuamente y, en el clímax del momento, su madre se une a la caótica juerga de sus hijos.

Es una indudable maravilla poder disfrutar de esta alocada fiesta y ver, como al final, no hay una madre enfurecida por el resultado de tan alocada idea, sino que se ríe de tal ingeniosidad y deja que sus hijos la contagien con su alegría desbocada y su espontaneidad. De estos éxtasis de felicidad nos habla esta historia, de estos alocados momentos que, a veces, como adultos solemos hacer añicos con regañinas o dosis de seriedad. No olvidemos que los instantes más divertidos los hemos pasado con las rodillas verdes pintadas por el césped, con los pantalones manchados de barro, las manos llenas de harina o la cara manchada de chocolate. Que no se nos vaya nunca el recuerdo de habernos pintado bigotes y de no terminar ni un solo día con la ropa limpia. La suciedad se lava, las cosas rotas son solo objetos, pero la niñez, una vez se acaba ya nunca regresa. Los niños, como el sol, irradian energía, empapémonos y olvidémonos de todo menos del momento de ser felices junto a ellos, porque todavía queda una parte del niño o niña que algún día fuimos. Como alguien adulto me dijo una vez “no me tiro por un tobogán porque no me cabe el culo, no porque ya no me apetezca”.

Además de ser una ocurrente historia, cabe destacar el trabajo hecho por la ilustradora Suzy Lee. Ya nos dejó anonadados con anteriores trabajos como La ola o Sombras, y este nuevo lanzamiento no es menos ingenioso. Las ilustraciones nos transmiten ese frenetismo antes mencionado, absorbiéndonos en el caos e invitándonos a adentrarnos en el juego de los niños. Las imágenes consiguen ser el mejor narrador y Lee logra que los elementos más relevantes sean los primeros en captar la mirada del lector solamente al pasar las páginas. La suma de todo esto deja constancia, de nuevo, del talentoso y entrañable estilo de Suzy Lee y hará que este álbum no nos pase desapercibido cuando entremos en una librería.

Andrea Moreno
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LA MUERTE DEL COMENDADOR (Libro I) - HARUKI MURAKAMI

Lo ha vuelto a hacer. Ya es un hecho. Haruki Murakami ha vuelto a reinventar el mundo. 

El escritor japonés parece tener debilidad por disfrazarse de Gato de Cheshire e invitarnos a mirar a través del espejo. Degustar sus palabras significa convertirse en Alicia, representa hallar la entrada a un universo superpuesto donde lo real y lo intangible se funden. Leer a Murakami es estar dispuesto a querer leerse a uno mismo, a adentrarse en lo simbólico, en lo etéreo, en una perenne alegoría a un mundo interior. Bucear en sus novelas es renunciar al oxígeno de la lógica para comenzar a respirar un aire nuevo.

La muerte del comendador (libro I) nos coge fuerte de la mano y nos arrastra a un universo Platónico donde el mundo inteligible (o mundo de las ideas) cobra un protagonismo singular. Murakami es un ilusionista, un mago de las palabras y la narración, no hay otro modo de explicar la coherencia en sus novelas, a pesar de que están continuamente expuestas a un constante dinamitar de extravagancias que nos abren  la puerta a un realismo mágico. 

La música y la pintura nos acompañarán a lo largo de toda la historia, ya que el protagonista es un melancólico pintor que es capaz de encontrar la esencia de las personas a través de sus retratos. La obra nos muestra cómo la pintura tiene un lenguaje propio, que es un misterio por resolver. Da la sensación de que el autor se proponga fusionar el mundo de la pintura y el “real” y reducir a ambos al mismo plano. En uno de los pasajes del libro podremos leer la siguiente reflexión: “ El mundo es representación. La realidad es representación y la representación es la realidad […] La lógica y la realidad no existen”.

Esta obra es una invitación a dejarse llevar por un oscuro y denso universo lleno de enigmas que encontrarán algo de luz clara en el segundo libro. Una campanilla que suena en el bosque a media noche; un misterioso vecino que tendrá mucho que contar; el abandono repentino; un antiguo cuadro secreto de un afamado pintor japonés; lujos; la muerte; sexo; la soledad…  Todo ello vestido de una aparente naturalidad cotidiana a la que a veces pretende agarrarse (sin éxito) el protagonista. Una obra llena de referencias a Alicia en el país de las maravillas; Platón; al universo de Don Juan Tenorio de José Zorrilla; e incluso, me atrevería a decir, al universo que crea Christopher Nolan en su película Origen, pues también habla de la fuerza de las ideas y une los dos mundos: tangible e intangible. En este tomo lo que sí que queda claro es que el protagonista nos seducirá desde la primera hasta la última página. 

“Hoy, al despertarme de una breve siesta, el hombre sin rostro estaba frente a mí. […] 
— He venido para que me hagas un retrato — dijo en cuanto vio que me había despertado […]  — Me lo prometiste, ¿te acuerdas?”

Así comienza la última novela de Murakami. Te invito a que descubras cómo acaba. 


@Kosmonautaa

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PETER PAN - J M BARRIE

“Never say GOODBYE because GOODBYE means going away and going away means FORGETTING.”

La magia existe y viene de la mano de la editorial Harper Design. Y es que esta edición de Peter Pan no es mágica solamente por contener una de las historias más bellas escritas en el siglo XX, este libro es una delicia estética para todo bibliófilo.

Peter Pan es una de las novelas más relevantes de la literatura infantil y juvenil y, como otras muchas historias, fue adaptada al cine de forma inmerecida a manos de la compañía de Walt Disney cual inocente cliente pasa por las manos de un desmañado peluquero.

Me tomo la libertad de recomendarte este libro si eres amante de la literatura y, sobre todo, de la vida. Leerlo limpia el alma de toda amargura y junto a él nunca morirá la parte más inocente de tu infancia, aunque pienses que se extinguió, el país de Nunca Jamás la desenterrará de las tinieblas y la liberará de las cadenas de la adultez. Si no conoces la versión auténtica de James Barrie, esta maravilla hará que nunca más olvides a sus personajes y quién eres tú cuando estás junto a ellos. Sin embargo, si nunca lo has olvidado, si nunca has logrado regresar de allí y, pese a ser adulto/a, todavía escondes dentro de ti lo más puro de tu infancia, por si Peter te viene a saludar alguna noche (aunque sea releyendo unas páginas), este libro, quizás el libro más bonito que he tenido entre mis manos en años, te hará viajar por rincones que desconocías de ese mundo ideal. 

Siempre hay razones para viajar a un lugar utópico y no conformarnos solamente con la rutina de la realidad. Y no hay mejor nave para emprender esa aventura que a lomos de este libro, lugar donde se funden los horizontes de lo real y lo fantástico y donde hay un billete de ida pero no de vuelta, porque una vez pisas Nunca Jamás ya no hay vuelta atrás. 

Lo que hace que esta nueva edición sea especial, son sus deliciosas ilustraciones y los elementos interactivos que se esconden entre sus páginas. La delicadeza con que se ha tratado la simbología esencial de la novela hace innecesaria la aparición de los rostros de los personajes, unos rostros que, desdichadamente, han entrado en el imaginario colectivo de gran parte de nuestra sociedad por la imagen retratada por Disney.  Sin embargo, aquí tenéis la oportunidad de remediar tan terrible mal, y de reencontraros con el niño o niña que algún día fuisteis o que nunca habéis dejado de ser, porque Harper Design nos ha regalado una joya, una piedra preciosa de la literatura. 

Andrea Moreno

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LECTOR VORAZ - ROBERT GOTTLIEB

Si os pidieran que imaginarais al típico niño lector obsesivo estoy seguro de que la idea que rondaría vuestras cabezas sería muy parecida a lo que era de pequeño Robert Gottlieb, para quien no lo conozca, el editor más importante de la historia reciente. Tímido, introspectivo, con una inteligencia por encima de la media, muy poco sociable y siempre con la cabeza metida en los libros, el pequeño Robert (o Bob, como lo conocían sus más allegados) cumplía con todos los requisitos para entrar dentro de la definición tan estereotipada de freaky o nerd. Cosa que no impediría (nunca lo hace) que su vida fuera cosechando año tras año éxito sobre éxito. Todos estos años y todos estos éxitos (y los pocos fracasos) los cuenta ahora él mismo, superados los 80 años, en este Lector voraz, las memorias del gran editor elegidas por el Washington Post como libro del año, traducidas al español por Ainize Salaberri y publicadas por Navona. 

Habla el catedrático y crítico Javier Aparicio en el prólogo del concepto books on books, de esos libros que contienen en sí mismos otros libros, y este no podría ser un mejor ejemplo de ello. En Lector voraz podemos encontrar todo tipo de anécdotas, de consejos en forma de vida, de avisos, curiosidades y entresijos del mundo editorial, pero por encima de todo encontramos amor por los libros. Y es que ya lo dice él mismo en las primeras páginas: «supongo que mi religión es la lectura». Partiendo como base primordial de esa pasión, Gottlieb lo cuenta todo, desde sus primeros pasos en Simon & Schuster hasta sus últimos días en la mítica editorial Knopf, pasando por la dirección del New Yorker. Todo en Gottlieb ocurre por casualidad y sin él buscarlo, aunque pienso que es lo que él cree pero que en realidad no es así. Porque, aunque no lo crea, siempre está buscando sus frutos y su éxito a través del talento, el carisma y la pasión por el trabajo que emana. Gottlieb es lo que llamaríamos un workaholic en toda regla, y lo sabe. No le gusta salir, come siempre algo rápido en su despacho, pasa poco tiempo en familia y menos todavía entre amigos, solo piensa en el próximo libro y solo hace que leer. Su máxima es para qué hacer esperar a alguien si todavía tengo tiempo hoy para hacerlo. 

Ya desde bien pequeño Robert Gottlieb es y se sabe raro. Por ejemplo, va al teatro solo con 14 años. Y no para hacer la gracia una vez, sino sabiéndose amante de esa disciplina, al igual que del ballet. Esa rareza es probablemente lo que le hace cerrarse en sí mismo y únicamente abrirse en lo estrictamente profesional. Todo ello se puede notar en cómo pasa siempre de puntillas a la hora de mostrar sus sentimientos hacia Maria, su esposa, que lo sigue allá donde va, que ocupa el tiempo de sus hijos que él no puede (o no sabe o no quiere) ocupar. Para Gottlieb siempre y solo hay libros por hacer.

En este Lector voraz el editor da un repaso a toda su vida, uniendo fechas a títulos, hablando de su relación con un sinfín de escritores a cada cual más conocido: Toni Morrison, Doris Lessing, John Le Carré, Michael Crichton, incluso Bill Clinton, entre muchísimos otros. (También es cierto, y hay que reconocer, que muchos de esos títulos y autores pueden quedar un poco descolgados al lector español. O por lo menos para mí). 

En definitiva, Lector voraz, que está dividido por las etapas infantil y de aprendizaje, la de Simon and Schuster, Alfred A. Knopf, New Yorker, su vuelta a Knopf, y ya al final su pasión por la danza, la escritura y la vida, es toda una maestría de la edición hecha vida y de la vida hecha edición. Es el claro reflejo de una persona que ha vivido por y para su trabajo porque ha encontrado en él su refugio, su zona de confort, su lugar. La pasión hecha libro. 

Víctor González
 
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