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TONY TAKITANI - HARUKI MURAKAMI

Una vez más, la ficción como muestra de lo que somos, pero sobre todo de lo que podemos ser. Nacer alejado y crecer alejado da como resultado, sin ninguna duda, vivir alejado. Y eso es lo que le pasa a Tony Takitani, alguien que quiere ser (sin él saberlo), y es, un ejemplo de lo que somos: seres alejados. ¿Alejados de qué? Ahí que cada uno ponga lo que crea. Murakami escribió sobre ello en uno de sus famosos relatos, uno de los que compone Sauce ciego, mujer dormida, y ahora Tusquets, después de que incluso haya una película basada en el relato, lo publica de manera independiente, con su cartoné, su sobrecubierta, sus preciosas guardas, su marcapáginas, etc. Todo protagonizado por las geniales ilustraciones a todo color de Igansi Font. Con texto traducido, como ya es habitual, por Lourdes Porta.

Resumiendo rápido y aprovechando una frase del propio relato, se podría decir que la historia que se nos presenta aquí es un recorrido, breve pero intenso, por «el territorio de la memoria» del protagonista. Tony Takitani es un joven ilustrador que siempre ha vivido alejado de todo y todos. Su madre murió a los pocos días de él nacer y su padre, músico de jazz, siempre estuvo fuera, de gira. Correcto con todo el mundo, Takitani nunca ha sabido o querido o podido traspasar la barrera de la mera cordialidad. Buen trabajador, siempre cumple, y bien, con todo lo que le encargan. Vive solo, sale poco, gana bien, con lo cual tiene bastante dinero. Su vida pasa así, sin sobresaltos. ¿Anodina? No lo sé. Quizá sí.

Pero en un momento sin más, como siempre pasa, Takitani se enamora. Una joven empleada de una de las editoriales con las que él trabaja va a su casa a recogerle unas ilustraciones, y pasa. Takitani siente algo que nunca antes ha sentido, pero eso no le lleva a cometer ninguna locura, a desatarse, a darle por fin rienda suelta al amor y la vida dentro de sí mismo. Sí, se enamora por primera vez, pero sin nunca dejar de lado esa tan suya actitud de autocontrol.

Después del pico, del cénit de su enamoramiento, Takitani empieza a ver las cosas que no le gustan de ella. Es una compradora de ropa compulsiva. Sí, él tiene el dinero suficiente para que ella pueda comprarse todo lo que quiera, para que se haga su propio vestidor en casa de él, para que cada visita a una tienda comporte un gran gasto. Pero no le gusta. Y cierto día, otra vez sin más, ocurre algo. Algo triste, algo duro, algo fatal. La vuelta de tuerca. El sello Murakami.

Y entonces Takitani, que nunca antes había experimentado algo así, busca la que para él puede que sea la mejor forma de salir de ese bache. O no, pero es la que elige. Y sale mal. Y se da cuenta de que alejarse de todo era su comodidad. Que volver a esa sobriedad vital quizá es lo que la vida le pide. Que nunca debería haber salido de ahí. Pero el amor, quién puede controlar el amor.

Lo que no sabe Takitani es que al despojarse de todo, que es lo que hace o intenta hacer, corres el gran peligro de despojarte de ti mismo. O quizá sí lo sabe, y es lo que busca. O quizá es lo que quiere, y no sabe conseguirlo. Tony Takitani va desapareciendo a medida que el libro va terminando. Y entonces desaparece. Y entonces termina.

Más allá de la historia, que, cómo no, vale mucho la pena (o mejor dicho, el gasto), qué libro tan bonito para tener en tu librería. Un gran regalo para estas próximas navidades.

Víctor González 

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EL PRIMER HOMBRE - ALBERT CAMUS

Hace unos días estaba en una conferencia en la que hablaban tres mujeres. Una era directora editorial, otra, agente literaria y la tercera, escritora. Esta última fue la que empezó hablando. La idea era que las tres, desde sus perspectivas diferentes, dieran consejos a nuevos escritores sobre cómo llegar al mercado editorial. Yo no estaba allí por ser escritor, ni mucho menos, pero eso ya es otro tema. La cuestión es que la escritora se preparó una especie de decálogo para nuevos autores y uno de los puntos (creo recordar que el primero) era que el inicio de la novela (porque en este caso solo se hablaba de novela) fuera llamativo, consiguiera convencer a la persona a quien le tocara leer ese manuscrito (y tantos otros) de no dejar el suyo a las dos primeras páginas y probar con el siguiente. Yo acababa de empezar la noche anterior El primer hombre de Albert Camus, con ese primer capítulo magistral y pensé de repente dos cosas: que Camus había estado en la misma conferencia que yo pero muchísimos años antes (quizá incluso antes de nacer) y que aquella escritora quizá había leído el mismo libro que estaba leyendo yo. Sé que cualquiera de las dos opciones es bastante improbable, pero de alguna forma tenía que empezar esta reseña, y lo que cuento es verídico, por lo menos para mí. Lo importante es que el libro que estaba leyendo por entonces y que acabo de terminar es uno del que ahora se cumplen 25 años de su publicación y del que Tusquets ha lanzado una nueva edición: El primer hombre, de Albert Camus, traducido por Aurora Bernárdez y acompañado de un posfacio de José María Ridao.

Hay varios temas a destacar dentro de este libro, pero por encima de todo está la escritura de Camus. Qué delicia de texto. Pero hay otras cosas, algunas tan curiosas como el hecho de que se intercalen páginas manuscritas del autor con una letra mínima e indescifrable que te da a entender perfectamente cómo puede ser que haya algunas palabras en el libro que no aparecen y van acompañadas de una nota al pie donde se indica que la palabra era ilegible. Porque ahí está otra de las gracias del libro, y es que esta novela fue escrita por Camus justo antes de fallecer en aquel ya famoso accidente de coche cuando tenía 46 años y cuando todavía le quedaba su mejor literatura por delante (o por lo menos eso era lo que él defendía). He dicho fue escrita y en realidad no es del todo verdad porque, como podrá ver cualquiera que abra el libro, es esta una novela inacabada, aunque no por ello merecedora de no leerse. ¿Qué se merece no leerse que haya escrito Camus? Con un gran trabajo de edición y partes que se han intentado complementar con notas al pie y hojas añadidas al final, este El primer hombre bien podría venderse como obra terminada. Aunque, ahora en serio, ¿qué obra está acabada? De todas formas, tengo que decir que, aunque digan que el final que aparece no es el final, vaya si parece un final. 

En El primer hombre nos encontramos con la historia de Jacques Cormery, desde pequeño hasta la edad adulta, y no por ello en ese orden. Y es que desde esa edad última (¿?) el narrador nos va ofreciendo pasos atrás con los que descubrir por qué esa cerrazón del protagonista y, sobre todo, por qué esa ansia en la búsqueda de la figura paternal. El pequeño Jacques no conoció a su padre, fallecido en la Primera Guerra Mundial, pero sí conoce la ausencia de él, y se da cuenta de que debe ocupar su vida en la búsqueda de alguien que llene ese vacío. Por ese hueco pasará su abuela, su tío, su profesor... pero nunca su madre. Aunque convive con ella, aunque la ama más que a nadie, no ve en ella la figura que necesita. Sí en su abuela. Dureza, dolor y castigo. Conviviendo toda la familia en un ambiente de miseria absoluto en el Argel de la primera mitad del siglo XX, Jacques consigue huir de su entorno gracias a su predisposición en clase (y a ese profesor), lo que le lleva a recibir una beca para ir a estudiar al liceo. Será ahí donde el pequeño Jacques descubra otras formas de vida, donde descubra que la miseria no es lo que lo gobierna todo en el mundo, donde se sepa diferente rodeado de una gente que parece superarlo en todo menos en una cosa, lo importante en ese momento: el conocimiento, o la capacidad de él. Así, descubriendo que la mente puede crear vidas más cómodas que las de la propia vida, Jacques irá creciendo hasta llegar a la edad adulta, siempre con la sombra del padre ausente detrás. Por favor, no os perdáis la descripción de ese crecimiento, de ese saber que lo que se deja atrás en la niñez no volverá nunca, de entender pronto que crecer significa dejar la mayor y mejor patria que hay: el ser niño. 

También veremos la versión adulta de Jacques, a quien encontramos en una búsqueda férrea del rastro de su padre. Así, con las dos versiones de los dos Jacques posibles, se va creando desde el contorno hasta el grueso la figura de Henri Cormery, un ser olvidado como tantos otros que perecieron (y perecen) en la guerra, un hombre anónimo como tantos, pero alguien con un hijo (iba a decir familia, pero hijo) que se pregunta por qué, quién y dónde. Y más.

Solo hace falta abrir Wikipedia para ver cómo todo lo contado (y todo lo que queda por contar y que encontrarás dentro del libro, dicho y también no dicho) está en la biografía del propio Camus. Él fue ese niño sin padre por culpa de la guerra, ese niño que vivió la pobreza más absoluta en Alger, que pudo salir gracias al estudio y los libros, que acabó triunfando en la literatura y no tanto en la vida. Alguien que quiso escribirlo todo para dejar sin nada el mundo (su mundo) y así encontrar por fin a su padre. Pero alguien, también, que se fue antes de conseguirlo. Quizá por la prisa de encontrarlo, quizá con la esperanza de encontrarlo. Quién sabe. Yo seguro que no, por eso prefiero disfrutar de lo que queda. Y lo que queda es un grandísimo libro. No pierdas la oportunidad de leerlo.

Víctor González

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LA MUERTE DEL COMENDADOR (Libro I) - HARUKI MURAKAMI

Lo ha vuelto a hacer. Ya es un hecho. Haruki Murakami ha vuelto a reinventar el mundo. 

El escritor japonés parece tener debilidad por disfrazarse de Gato de Cheshire e invitarnos a mirar a través del espejo. Degustar sus palabras significa convertirse en Alicia, representa hallar la entrada a un universo superpuesto donde lo real y lo intangible se funden. Leer a Murakami es estar dispuesto a querer leerse a uno mismo, a adentrarse en lo simbólico, en lo etéreo, en una perenne alegoría a un mundo interior. Bucear en sus novelas es renunciar al oxígeno de la lógica para comenzar a respirar un aire nuevo.

La muerte del comendador (libro I) nos coge fuerte de la mano y nos arrastra a un universo Platónico donde el mundo inteligible (o mundo de las ideas) cobra un protagonismo singular. Murakami es un ilusionista, un mago de las palabras y la narración, no hay otro modo de explicar la coherencia en sus novelas, a pesar de que están continuamente expuestas a un constante dinamitar de extravagancias que nos abren  la puerta a un realismo mágico. 

La música y la pintura nos acompañarán a lo largo de toda la historia, ya que el protagonista es un melancólico pintor que es capaz de encontrar la esencia de las personas a través de sus retratos. La obra nos muestra cómo la pintura tiene un lenguaje propio, que es un misterio por resolver. Da la sensación de que el autor se proponga fusionar el mundo de la pintura y el “real” y reducir a ambos al mismo plano. En uno de los pasajes del libro podremos leer la siguiente reflexión: “ El mundo es representación. La realidad es representación y la representación es la realidad […] La lógica y la realidad no existen”.

Esta obra es una invitación a dejarse llevar por un oscuro y denso universo lleno de enigmas que encontrarán algo de luz clara en el segundo libro. Una campanilla que suena en el bosque a media noche; un misterioso vecino que tendrá mucho que contar; el abandono repentino; un antiguo cuadro secreto de un afamado pintor japonés; lujos; la muerte; sexo; la soledad…  Todo ello vestido de una aparente naturalidad cotidiana a la que a veces pretende agarrarse (sin éxito) el protagonista. Una obra llena de referencias a Alicia en el país de las maravillas; Platón; al universo de Don Juan Tenorio de José Zorrilla; e incluso, me atrevería a decir, al universo que crea Christopher Nolan en su película Origen, pues también habla de la fuerza de las ideas y une los dos mundos: tangible e intangible. En este tomo lo que sí que queda claro es que el protagonista nos seducirá desde la primera hasta la última página. 

“Hoy, al despertarme de una breve siesta, el hombre sin rostro estaba frente a mí. […] 
— He venido para que me hagas un retrato — dijo en cuanto vio que me había despertado […]  — Me lo prometiste, ¿te acuerdas?”

Así comienza la última novela de Murakami. Te invito a que descubras cómo acaba. 


@Kosmonautaa

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PATRIA - FERNANDO ARAMBURU

Qué gran descubrimiento ha sido Fernando Aramburu. Sé que esto no gustará a sus fans de siempre, esos que ahora sientan que la gran masa les ha robado a su autor, pero no puedo evitarlo, soy uno más de los que han caído en las garras de su narrativa tras ver el sorprendente éxito de Patria. Y es de este del que voy a hablar hoy (también tengo que decir: es de este porque no he leído más, con perdón). 

Antes de nada voy a confesar algo: yo fui uno de aquellos que recibieron la nota de prensa del nuevo libro de Aramburu, vieron el tema del que trataba y por X razones (otros libros más interesantes, un tema no tan alejado para el lector, o sea yo, etc.) decidieron dejarlo pasar de largo. Pero lo que es bueno siempre vuelve para decirte a la cara que no deberías haberlo dejado pasar. Lo bueno de los libros es que permanecen; y que siga siendo así, por favor. Pues bien, yo vi el éxito que estaba cosechando la novela y me dije oye, pues quizás sí hay que leerla. Así que me propuse que sería una de mis primeras lecturas de 2018. Tremendo error, porque ahora cómo superamos esto. 

Unas líneas más arriba he insinuado que, probablemente, una de las razones que me hicieron no decantarme por este libro en el momento de su publicación fue que el tema me pillaba un poco lejos. Vamos a aclarar esto. Tengo 26 años, soy de un pueblo de Barcelona y, la verdad, nunca he vivido muy de cerca el terrorismo de ETA más allá de la rabia que todo humano (¿?) puede sentir por el crimen y la rabia y los ataques injustificados. Pero no soy un experto en el tema, ni en este ni en ninguno, y creía, sinceramente, que poco iba a entender, a compartir, a sentir de lo que se narraba ahí dentro. Otro tremendo error. Y es que Patria, aunque trate el tema del conflicto vasco, aunque su trama esté ubicada en la época de máximo auge de ETA, trata tantos temas que acaba siendo un libro universal, un libro que toca todos los órganos, los que conoces y los que no, que habitan dentro de ti.

Es muy complicado explicar el entramado que compone Patria y para quien quiera entenderlo lo mejor es que compre el libro y lo lea. Primero para comprenderlo mejor que leyéndome a mí y segundo para disfrutar como pocas veces se puede disfrutar ya de tan buenas novelas. Nuevas y buenas. 

Patria es la vida de una serie de personajes, unidos por un nexo trágico, contada a través de un narrador que en ocasiones parece fundirse con la propia mente del personaje. Esas narraciones que parecen salidas muchas veces de la propia boca del personaje en cuestión son pinceladas de una literatura que parece haber okupado el cuerpo de un escritor en estado de gracia. A partir del asesinato del Txato, el marido de Bittori, una historia que agarra fuerte y muy adentro se teje de manera magistral en capítulos muy cortos que podrían componer si quisieran uno de los mejores compendios de relatos del momento. Todas las técnicas narrativas en alza a la hora de captar la atención del lector contemporáneo son en Aramburu trazos de un bolígrafo sobre el papel, teclas pulsadas sobre un ordenador que solo necesita de palabras bien hiladas para seducir. No hace falta nada de todo eso para enamorarte/obsesionarte con Patria. Es seguir una letra tras otra y convertirte en uno más del casi millón de lectores que han sucumbido a esta novela.

No es una historia fácil ni feliz ni agradable ni incluso recomendable pero hay algo ahí dentro que te empuja a seguir hasta que cierto día sales de ella tras más de seiscientas páginas y notas cómo algo de ti se ha quedado ahí, quizás un perdón que nunca te atreviste a decir, un abrazo, un beso o un paso que nunca te atreviste a dar. Digo que no es recomendable porque es una novela que duele, que escarba en esa herida que nunca enseñamos pero que está, que toca los puntos flacos, que te hace pensar en todo aquello que evitas pensar cuando piensas. ¿Y acaso alguien quiere recomendar algo que duele? ¿O quizás sea así como se sana?

Sé que no cuento nada de lo que es la trama en sí misma pero creo, y lo digo sinceramente, que en este caso es mucho mejor intentar expresar lo que sientes leyéndolo que lo que simplemente lees. Ha sido un fenómeno editorial, vale, pero os aseguro que ha sido, es y será un fenómeno personal. Para el autor por supuesto pero sobre todo para quienes lo hayan leído, para quienes lo estén leyendo y para los que lo vayan a leer. Ojalá seas tú, te lo digo de verdad.

Víctor González

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EL ASTRONAUTA DE BOHEMIA - JAROSLAV KALFAR

Un aliciente. Los amantes de las letras nos dejamos llevar por la intuición, la crítica o un aliciente, cualquiera, a la hora de escoger un libro en el que adentrarnos. Este aliciente también es necesario para cualquiera que tiene un libro entre las manos. 

Y cuando lo encuentras, empieza la verdadera aventura de la ficción literaria. En este caso, lo que me atrajo hasta El Astronauta de Bohemia fue ese pequeño aliciente: «Una odisea de ambición y autodescubrimiento en una gran novela que evoca intensamente los mundos de Haruki Murakami y Milan Kundera». 

El aliciente en esta ocasión recogía dos de los nombres que más me han hecho amar este inmenso mundo de palabras, Haruki Murakami y Milan Kundera. Añado a Kafka. En mi opinión ahí es donde reside el potencial asombroso de Jaroslav Kalfar: en proyectar el mundo paralelo en el que te lleva la lectura, donde Murakami te invita a conocer mundos de ficción con una narración detallada y arrolladora, Kundera te reporta a la crítica social con una pasión asombrosa y Kafka te propone ese estilo lúcido e irónico. 

Así se presenta El Astronauta de Bohemia: con ganas de que te dejes impregnar en una aventura de ficción, humanidad, ironía e historia.

En la aventura, nos encontramos con Jakub Procházka, un joven dedicado al estudio de la astrofísica con un pasado ligado al comunismo que aun en su mayor esplendor profesional sigue atormentándole con el recuerdo traumático de su infancia. Por su excelencia en la labor científica, y la total certeza de librarse de toda la culpa y rechazo social debido a la vinculación política de su padre en el pasado, el Gobierno le otorga la misión de recoger muestras de un polvo cósmico que ha aparecido en el Espacio interponiéndose entre la Tierra y Venus. 

Más allá del viaje de su vida, con todo el poder para convertirle en un héroe para la historia de la Republica Checa y el mundo en general, esta decisión le pondrá entre la espada y la pared: el abandono de su mujer, enfrentarse a la soledad así como al peso del pasado que le oprime. 

Ello nos invita a empatizar con el dolor, el sufrimiento, la soledad, la confusión y el miedo de Jakub. Con una destreza brillante y única, el joven escritor Jaroslav Kalfar nos conduce por los distintos caminos de la mente con una angustiosa, real y habilidosa destreza, en el que el lector, comparte las emociones del protagonista. 

El miedo a uno mismo, al pasado y al futuro, en sí mismo, se personifica para convertirse en el mejor acompañante de un viaje que le llevará más allá de la misión astrofísica. El viaje le permite conocer todos los rincones de su memoria, enfrentarse a sus miedos y angustias y enfrentarse a un presente, cada día, que no reconoce. 

En un futuro incierto, que cada día puede no llegar, Jakub en El Astronauta de Bohemia se convierte en una mirada reflexiva para los lectores. Una vista hacia la humanidad, una reflexión de la democracia actual y una representación del ser. ¡Agárrense que despegamos hacia la aventura!

Al·lòdia Garcia Ferrer



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DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR - HARUKI MURAKAMI

Si estás leyendo esta reseña lo más probable es que te guste Murakami, y si te gusta Murakami vas a leerte este libro. Es inevitable – por lo menos para mí pero creo que también para muchos otros – que en una cabeza tan chafardera como la nuestra, gestada a partir de programas del corazón 24/7 en nuestros televisores, no nos hayamos preguntado alguna vez (o muchas) quién hay detrás del Murakami escritor de novelas. Pues bien, el que hay detrás de todos esos best sellers es el Murakami de este libro. 

Lo primero que llama la atención en De qué hablo cuando hablo de escribir es la sobreutilización de fórmulas de modestia por parte del japonés. Hace unos días, justo cuando acababa de salir a la venta el libro, me vi con una persona que yo sabía que lo estaba leyendo. Yo también lo leía. Lo primero que comentamos sobre el libro fue eso. Tal suceso me demuestra que no soy solo yo quien lo ha visto. Frases como «es lo que pienso en mi condición de escritor, aunque soy consciente de que por el hecho de pensarlo no va a cambiar nada» o «pero da igual lo que opine. No creo que nadie me preste demasiada atención» son frases que a la mayoría nos sorprenderán salidas de alguien que es leído por millones de personas. ¡Claro que te prestamos atención, Haruki! Pero una cosa no quita la otra y con todo esto no quiero decir que el libro no merezca la pena. Porque el libro merece mucho la pena. En él, el japonés habla más que escribe, cuando lo normal en todos estos años es que solo lo hayamos visto escribiendo. En este libro se le puede leer hablando por fin, y más sabiendo que no es muy asiduo a ofrecer conversaciones. Y, aunque él no lo crea, como seguro que veis cuando leáis sus páginas, sus palabras valen mucho la pena. 

De qué hablo cuando hablo de escribir se divide en once capítulos más un epílogo. En ellos nos habla de todo tipo de temas, desde cómo se convirtió en escritor, pasando por el peliagudo tema de los premios literarios o la educación de los jóvenes, y acabando con una reflexión acerca de cómo y por qué salir al extranjero. Todos los temas salen desde su «yo» más personal. Si en muchas de sus novelas nos encontramos con un narrador en primera persona que a veces hemos podido confundir con el propio Murakami aquí, por fin, quien habla sí que es él. Y se nota. Siempre resguardado por esos escudos en forma de «creo», «pienso» o «es solo mi opinión» Murakami nos da un repaso de toda su vida y de su parecer acerca de todos los temas que le incumben, ya sea la literatura, Japón, el sector editorial, el deporte, la música, la imaginación, el oficio de escribir o el cuerpo. 

Pero no os creáis que es todo un seguido de reflexiones escritas por el japonés como estrategia de venta para un libro más con su firma. ¡Estamos hablando de Murakami! Sí, lo que os digo, es Murakami quien escribe y por eso siempre habrá sorpresas, como tantas que nos ha regalado en sus novelas. Y es así como os reiréis cuando os explique cómo le llegó el mensaje de que quería ser escritor o más tarde el de que iba a triunfar en ello; o lo aplaudiréis por sus reflexiones acerca de cómo deben aprender los jóvenes o cómo se debe cuidar una persona para mantenerse siempre viva; o lo subrayaréis apretando bien fuerte el lápiz cuando os hable de lo que piensa él de la lectura, de lo que piensa de la escritura, de lo que piensa de su inseparable compañera la Literatura. 

No os perdáis este libro porque creo poder decir que es un faro antiniebla para recorrer mucho más tranquilos sus otros libros. Leed a Murakami, es así de simple. 

Víctor González.
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LA CAZA DEL CARNERO SALVAJE - HARUKI MURAKAMI

Es un hecho. Abrir un libro de Murakami implica adentrarse en un universo paralelo, bucear en sus páginas supone ahogarse en uno mismo y salir a flote al mismo tiempo. Tener en las manos una de sus novelas significa estar dispuesto a tomar lo más disparatado de la “realidad” para acabar tomándolo como lo más verosímil. Leer la primera página es correr un riesgo, pues supone VIVIR, sin restricciones. El escritor japonés nos invita a hacer equilibrios sobre sus letras, estratégicamente colocadas para crear la magia, sobre unas palabras que van asfaltando y creando camino entre las páginas que conformarán el relato. Murakami, ya ha quedado claro, es un arquitecto de la literatura, un creador nato.

La caza del carnero salvaje es una especie de silencio postergado, un silencio que se queda dormido en la piel del lector cuando llega a la última página. Un silencio fértil, que se acaba transformando en interrogantes que cuelgan de la nada. Murakami, una vez más, consigue mantenernos pegados al libro incluso después de haberlo leído, nos mantiene junto a él unos minutos después de su final, como esperando a que sus personajes salgan de la novela para decirnos que la historia no acaba ahí, que no nos preocupemos, que hay más y, sobretodo, que nosotros, lectores, seguimos formando parte de ese extraordinario mundo que nace de la mezcla de lo verosímil y lo sobrenatural.

A lo largo de la novela, Murakami consigue que nos vistamos con las pieles del protagonista, un treintañero instalado en una especie de mediocridad que lo tiñe todo de grises, un publicista del cual desconoceremos el nombre, cosa que no nos impedirá instalarnos en sus ojos y en cada uno de sus sentidos para pasar a vivir lo que él está viviendo. Una mediocridad que se verá amenazada por una cadena de peripecias que obligarán al personaje principal a tomar una serie de decisiones apresuradas que delinearán claramente su existencia en un antes y un después.

Una mujer de orejas perfectas, una fotografía, un extraño carnero misterioso que no se deja encontrar y un hombre que se disfraza de res, son algunos de los detonantes de la novela, que te deja avanzar a través de sus páginas como si de una escalera de caracol se tratase, con cierto vértigo y con ganas de llegar al final para poder descubrir qué se encuentra detrás de todo eso.

Haruki Murakami lanza la caña al mar y en la primera o en la segunda línea consigue hacernos picar, arrastrarnos por todo un océano de palabras y sumergirnos en un mundo de largas descripciones; de musicalidad; de vicios y pasiones; pero, sobretodo, consigue sumergirnos en el subconsciente, en lo latente de esta existencia y que tan pocos se atreven a mirar a los ojos.

Sara C. Labrada
Twitter: @sarazamz
Instagram: @kosmonautaa


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HEREJES - LEONARDO PADURA

Herejes, otra novela de Padura situada en una Habana post comunista que se imbrica con relatos pertenecientes a otros mares. El autor logra llevarnos de punta a punta por el globo y mostrarnos lo que ha sido ocultado. Historias no contadas que, junto con los personajes que crea, nos interpela y sumerge dentro de un mundo rodeado de dogmas y su contraposición: la herejía.

Los aficionados por este autor ya conocerán al detective empedernido Mario Conde, quien es convocado una vez más para guiar a forasteros en la búsqueda de un eslabón perdido. Elías Kaminsky lo encuentra para entender parte de su pasado, un cuento inconcluso que se hace evidente por una obra de arte que le pertenece a la familia Kaminsky pero no lo poseen: un cuadro del holandés Rembrandt. Al entender la ruta que tomó ese cuadro para llegar hasta uno de los museos de Londres, se descubre la tragedia, traición y robo que sufrió esa familia. Para ello, Padura nos lleva al origen mismo del problema que radica en el barco S.S Saint Louis que en 1939 llegó al puerto habanero cargado de judíos que escapaban de una Alemania cada vez más nazi. El barco esperó varios días la aprobación para desembarcar. Mario se obsesiona con el trabajo encargado y, aunque se encuentra con varios obstáculos y más de una historia misteriosa enredada en este asunto, tiene todas las habilidades para encauzar la búsqueda del joven Elías.

Hay muchos relatos sobre judíos desterrados y perseguidos a través de los siglos, sin embargo Herejes combina un presente muy contemporáneo con el pasado utilizando una estrategia óptima para mantenernos al pie del relato. Es extenso, dividido en libros y con cambios de narrador que no hacen más que aclararnos aún más el panorama. Así, nos ayuda a introducirnos en la piel de los personajes que bien podrían ser reales. Desde los judíos radicados en una Holanda que permitía el albergue de esta comunidad (siempre en busca de la “Tierra Prometida”), hasta el crimen de una joven perteneciente a una tribu urbana denominada “emo”; es lo que abarcan estas páginas. Dos ejes aparentemente imposibles de asociar toman un rumbo que tiene choques, encuentros y coincidencias que culminan en el desenlace de esta gran obra.

A lo largo de todo el relato, Padura nos invita a pensar sobre nosotros mismos como herejes. Todos tenemos algún grado de herejía: están quienes no creen en nada, quienes creen a medias, los que condenan a quienes no creen y, por último, los que deciden dejar de creer. Se hace hincapié en los credos y dogmas, lo que se debe ser y cómo todo aquello es echado por tierra en la práctica cotidiana. Es más, hay que ser un poco hereje para realizar lo que nos dicta el espíritu. Esto, es el denominador común de todas las historias: el anhelo de gozar aquello que nos ha sido arrebatado, ayer y hoy (en cada momento con sus formas y particularidades), aquello que llamamos libertad.

Diana Navoa.
@diananavoa

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EL ELEFANTE DESAPARECE - HARUKI MURAKAMI

Marzo comienza impulsando sonrisas a todos los amantes de esa prosa poética que gobierna Murakami con maestría. Y esto es gracias a Tusquets Editores y la publicación de la colección de relatos del escritor japonés El elefante desaparece. 

Más de 300 páginas para diecisiete relatos que coparán las expectativas de todo aquel que dude en la posibilidad de seguir disfrutando tanto y todavía de Murakami. Con el título del libro sacado del relato que cierra esta colección, El elefante desaparece llega para hacernos subir a la nave de sus letras y viajar por ese mundo onírico que parece tan real en el espacio literario del japonés. Y es que Murakami tiene eso, la capacidad de hablarnos directamente a través de sus personajes, desde un Japón que a priori debería ser totalmente distinto a nuestro entorno, pero que se convierte en similar, en moldeable, en adecuado para nosotros hasta convencernos de que lo que hay escrito es real y es nuestro. Pero en el momento de esa convicción, todo lo real desaparece, como lo hace ese elefante en el último relato o como lo hace en la postal que acompaña al libro. Porque Murakami tiene la destreza de empaparnos de lluvia cuando estamos seguros de estar frente a un día soleado. 

Volveremos a la mente de aquel personaje que hace muchos años atracó junto a un amigo una panadería para saciar el hambre que tenían, bailaremos junto a un enano hipócrita y conspirador, beberemos mucha cerveza y disfrutaremos de mucha música, escucharemos a varios pájaros cantar y sobre todo nos adentraremos en la imaginativa cabeza de personajes que son eso, una cabeza pensante que divaga, que viaja, que sueña y se deja llevar. Como inmersos en un cuento infantil, la prosa de Murakami coge esos rasgos que solo ven aquellos que nunca han querido apartar de su vida la semilla de la infancia y suman a ella la lógica de la edad, las conexiones que aporta la experiencia y la lectura de tantos y tantos libros a lo largo de una vida. Los relatos de Murakami, igual que sus novelas, llevan a pensar en un niño que nos cuenta algo totalmente inverosímil pero con tanta carga lógica que hace que nos sintamos incómodos al aceptar la posibilidad de algo totalmente imposible. Murakami sabe esconderse tras las palabras, sabe ir dejando migas entre frase y frase para hacernos sonreír satisfactoriamente a medida que leemos, sabiendo que eso nos llevará al final que esperamos. Y es que esos finales, en el escritor japonés,  es lo que tantos han buscado durante tanto tiempo en las letras y en muchos otros campos: la consecución de hacerte ver algo que contiene tantos porqués que te acaba llevando a no pensar en ellos al final, como estamos acostumbrados en la vida en general, sino a aceptarlo, sonreír y saber que el escritor, Murakami, ha conseguido introducir en ti la semilla de un espectro fantástico con aspecto real. 

Los cuentos de Murakami son, en esencia, un grito oculto en historias entretenidas que quiere reivindicar la falta de sorpresa y la falta de ficción en nuestras apagadas y monótonas vidas. 

Víctor González.
@chitor5

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NEMO - GONZALO HIDALGO BAYAL

El silencio: ese eterno desconocido, esa voz dormida, ese perpetuo latir que habla sin hablar. Y, sin embargo, como decía el gran Antonin Artaud, «no ha quedado demostrado, ni mucho menos, que el lenguaje de las palabras sea el mejor posible».

Gonzalo Hidalgo Bayal, autor de Paradoja del interventor, Campo de amapolas blancas o El espíritu áspero, nos adentra, en su última novela, en una especie de odisea sumida en la quietud. El propio título de la novela, Nemo, que en latín se traduce como “nadie”, no hace más que subrayar la continua presencia de la ausencia. Y es, precisamente, la ausencia de palabras por parte de Nemo - pues con ese nombre será bautizado por los habitantes del pueblo en el que busca retiro - la que mueve a los lugareños a hacerse un sinfín de preguntas acerca de ese eterno silencio que guarda el huésped. Será, pues, el silencio el que lleve a la acción.

Gonzalo Hidalgo Bayal, con una prosa exquisita y una continua reflexión a cerca del silencio, obliga al lector de bien a mantenerse despierto durante toda la lectura, a saborear cada una de las sentencias y a disfrutar con los juegos de palabras que nos brinda la agudeza del autor. Nemo nos sume en una incesante paradoja, en un hecho que, por desgracia, está más presente que nunca en la sociedad actual: la vacuidad de las palabras, que suelen amontonarse unas sobre otras para acabar diciendo nada, superpuestas a un silencio que olvidamos, un silencio que puede resultar sanador y lleno de vida.

Por tanto, veremos durante toda la obra una crítica a ese hablar sin atender, sin escuchar; a esa necesidad de vaciarnos por dentro sin estar diciendo realmente nada. Y es que a veces, simplemente, no decimos las palabras, sino que las escupimos, como las escupen los tertulianos de tantos y tantos programas de radio o televisión (sálvame de nombrar a alguno por su nombre).

Y es que, como dice el autor por boca de uno de los personajes de la novela, «el silencio dignifica la lengua».

Así que, desde Libres de Lectura, os invitamos a degustar, a buscar entre las palabras del narrador un silencio que, paradójicamente, está colmado de significado.

Sara C.Labrada
@kosmonautaa

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EL ÚLTIMO DE LA ESTIRPE - FLEUR JAEGGY

Ritmo. Eso es lo que exige un buen relato y lo que da vida a los ojos del lector para correr rápido por las líneas y entre lo que ellas esconden. Ritmo a base de frases cortas, correspondencia de elementos y puntuación. Y buen relato, tal y como cualquiera lo puede entender, es lo que crea siempre Fleur Jaeggy, quien ofrece a España esta maravillosa colección titulada El último de la estirpe, publicada por Tusquets. 

Veinte son los relatos que conforman un libro de delicada y veloz lectura que deja poso en nuestros fondos. Porque si Fleur Jaeggy se caracteriza por algo, es por la facilidad - o aparente facilidad - que tiene para cargar a sus relatos de una melancolía siempre presente, de una tristeza perenne para con las relaciones humanas, y sobre todo familiares, que nos lleva como lectores al interior roto de los personajes. Jaeggy es una maestra en introducirnos en el alma trágica de sus personajes, en llevarnos a sus grutas para desde allí contemplar cómo se ve la vida con unas gafas tan oscuras. Todos los relatos de este libro están cargados de ese punto de vista melancólico y grutesco que incluso lleva a recordar a otra gran cuentista contemporánea como es Hilary Mantel. Evitando el diálogo y jugando con los tiempos verbales, la escritora nacida en Zúrich rompe con el tiempo y el transcurso lógico de la narración para llevarnos donde ella quiere. Consigue reproducir el complicado discurrir mental humano a través de la palabra escrita. 

Decía Julio Cortázar con respecto al relato, que este debía tratarse como una fotografía, a partir de la cual recrear toda la historia que la envuelve. Y no podría seguir mejor esa estela Fleur Jaeggy, una escritora hiperestésica que nos coge de la mano para transportarnos a todo lo extraordinario que sucede en las mentes ordinarias. Conversaremos junto a Ingeborg Bachmann de la vejez, comeremos un chuletón con Oliver Sacks o interactuaremos con un pez, todo ello en una indispensable colección de veinte relatos destinados a llevar al lector a la raíz de los sentimientos, a la búsqueda del mundo de las sombras.  

Víctor González.
@chitor5

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TAMBIÉN ESTO PASARÁ - MILENA BUSQUETS

Milena Busquets aparece con su segundo trabajo de forma apabullante después de provocar un boom en la feria del libro de Frankfurt, siendo el libro más deseado por las editoriales allí presentes. Tras ese evento, También esto pasará ha sido adquirida por 29 editoriales de países distintos (incluso puede verse en esa lista Vietnam) y ha llamado la atención de importantes empresas cinematográficas para hacerse con sus derechos.

Para ella todo lo que está pasando “es un milagro”. Después de la muerte de su madre (la reconocida e ilustre Esther Tusquets), pensando que escribir le ayudaría a superar su pena (cosa que desgraciadamente no le ha ocurrido), decidió elaborar unas páginas que fueron el desencadenante de lo que hoy conocemos como También esto pasará. Y gran parte de este éxito es obra de la agente literaria creadora de la agencia Pontas: Anna Soler Pont. Ella, tras leer entusiasmada el blog de Milena, recomendó a ésta dedicarse a la escritura. Milena, teniendo en su poder ya una veintena de páginas empezadas, confesó a Anna su trabajo y esta, sin dudar un segundo, la conminó a enviarle inmediatamente esos borradores. A partir de ese momento, y como ya todos conocemos, empezó a nacer También esto pasará.

Ahora es una realidad que ni la misma autora cree. Puede verse en su escritura lo mejor de Chéjov, Wilde, de Beauvoir, Colette o como ella incluso reconoce, de Jane Austen, por su centrada y exclusiva visión de los hombres y el dinero. Milena Busquets es un tesoro encontrado cuando ya no había esperanza de encontrar nada en esta tierra, es la herencia mamada de una mujer que se codeó con las figuras más intelectuales y artísticas de su época. Es la experiencia, sobre todo innata, hecha escritura.

Cuando hablas con ella no sabe explicarte cómo ha podido ser que su libro triunfe de esta manera, no encuentra más explicación que mirar al cielo y buscar una señal de autoría, pero eso solo le ocurre a ella. A los demás: editores, críticos, lectores, no se nos da opción de dudar, de no encontrar el porqué, porque en su libro, en su líneas, sus palabras, está la respuesta.

En definitiva, También esto pasará es el desahogo de una mujer que siempre tuvo el colchón (a veces cómodo y otras incómodo) de su madre, es la carta que una hija acostumbrada a hablar con su madre por escrito nunca le pudo entregar, es la herramienta de desfogue de alguien que ve de muy cerca y a paso firme llegar a esa edad en la que, como dijo en su momento Marguerite Yourcenar, la noche solo sirve para dormir. 

Víctor G. 
@libresdelectura
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1Q84 - HARUKI MURAKAMI


Hoy toca irse a Japón para hablar de este gran escritor, enraizado completamente en su país, en su cultura, su sociedad, 100% japonés, pero amante del Jazz, corredor de maratones a sus 63 años, adicto a Stephen King. Fuertemente criticado en su país por su literatura excéntrica, demasiado moderna, surrealista, pero alabado en todo el mundo, situado en el más alto pedestal de los escritores actuales, definido por The Guardian como uno de los mayores novelistas del mercado actual, ganador del Premio Franz Kafka y del importantísimo Premio Jerusalem, el cual se concede a escritores cuyo trabajo se haya destacado por la lucha por la libertad en el contexto de la sociedad actual; entre muchos otros. Una persona la cual delante de toda la prensa en la entrega del Premi Internacional de Catalunya y a la pregunta de cómo se definiría él mismo destacó: “Nací y crecí en Japón, hablo japonés, como comida japonesa y hago todas las cosas que hacen los japoneses pero me gusta el jazz y la literatura occidental, desde Dostoievski hasta Stephen King, ¿qué es oriental y qué es occidental?”.

Llega la que muchos profesionales del sector califican como su obra maestra. En esta obra seguiremos encontrando sus excentricidades, seguiremos encontrando preguntas en nuestra cabeza de por qué escribe así, de qué ha querido decir, seguiremos encontrando al puro Murakami. Pero en esta novela empiezan a girar en otro sentido las tornas que mueven su bolígrafo, estas empiezan a virar hacia el sentido de la crítica de la sociedad que envuelve la historia, ya no se inventa un mundo surrealista en el cual evadir a los personajes, ya no nos sube en su nube de irrealidad para bajarnos al cerrar el libro, esta novela bebe un poco más de la “realidad”, si se puede unir realidad a Murakami. Habla acerca de la sociedad japonesa, del machismo que la condecora, del maltrato, tanto físico como psicológico, pero sin perder su esencialidad, sin perder sus trazos, esos que sólo producen preguntas sin respuestas, preguntas que con otros libros te harían cerrarlos al momento y olvidarte de ellos, pero que, con Murakami, sólo hacen que engancharte más a él, buscar esas respuestas que sabes que no vas a encontrar, buscar su magia, su brillantez, sus destellos de genio, su literatura excelsa, su todo, él.
Hay un comentario de un lector de este libro que ha sido muy destacado y que muestra perfectamente la sensación con que se queda cada uno de los lectores de esta novela: “...al acabar de leerlo, te quedas con una sensación extraña. Con un '¿y qué diablos querrá decir esta novela?'. Pero ¿sabes?, ¿cómo te lo diría?, ese 'no sé adónde quiere ir a parar' se te queda grabado en la mente. Es extraño”. No podría definirse mejor.

Aomame, entrenadora y masajista, con un cuerpo diez y deseada por todos los hombres, se dedica fuera de sus horas de trabajo a asesinar a hombres que no aman a las mujeres, hombres que las maltratan hasta llegar al punto de brutalidad, hombres sin ningún valor, y que ella les muestra su destino. Murakami nos mostrará a este personaje por dentro, lo hará evolucionar, nos enseñará su verdad, cómo es en realidad, sus sentimientos, sus penas, sus antecedentes personales. Hasta que le llega la tarea de liquidar al líder de una importantísima secta religiosa, que complementa su creencia y su necesidad de energía espiritual con el abuso de niñas, incluida su hija.

Tengo, profesor de matemáticas y escritor fracasado, se introduce casi sin quererlo en una farsa de enorme magnitud dentro del sector editorial de su ciudad, en un túnel dónde no verá salida, acentuado por problemas que le irán sucediendo que no harán más que agravar su situación.

Dos redes, tan diferentes y separadas que no harán más que acercarse, que nos dejarán boquiabiertos con el final de la historia, totalmente inesperado, acompañado del lujo de los toques literarios de Murakami, como la ‘little people’, pequeños personajes que devorarán la vida de los protagonistas sin prácticamente existir, la incertidumbre de haber entrado en un mundo dónde hay dos lunas, el dilema de si vale la pena esconderse de por vida por hacer un trabajo que sueñas con hacer, la búsqueda del amor de sus vidas, sexo, asesinatos, psicología, conexiones inesperadas, sucesos escalofriantes, desternillantes y hasta asfixiantes…

…todo en un sólo libro, todo en 1000 páginas, todo en un simple papel, en unas simples líneas, en unas simples letras, que se juntan para formar una obra de arte, que se juntan para formar unos trazos que cuentan historias, unos trazos simples, al alcance de todo el mundo, que son simples letras una detrás de la otra, que no tienen que tener ningún valor, cualquiera puede hacerlo, cualquiera puede escribir historias así, hasta que un genio empieza a colocar estas letras, una detrás de la otra, como todos nosotros haríamos, pero totalmente diferente a como todos nosotros haríamos, dejando a estos cualquiera sin aliento, preguntándose qué hacen mal, obligando a la vista a clavarse en ellas, a no dejarlas, como si necesitasen de la vista para vivir, como si fuese su fuente de alimento, su fuente de vida.


Víctor G.
@libresdelectura 
https://www.facebook.com/libresdelectura
 
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