¿POR QUÉ NO?

¿Es curioso, no? Parece que nos pasemos la vida intentándonos marcar retos a corto, medio e incluso largo plazo, y cuándo todo el mundo a tu alrededor da por hecho que ya los has logrado, incluso con creces, tú aún estás buscando eso que te falta para alcanzarlos, eso que todo el mundo sabe lo que es, pero nadie lo ha visto nunca. Bueno, de hecho no creo que nadie lo vea nunca, porque si algo tiene, es que es intangible.

Intangible y hasta no sé qué punto creado a propósito por la parte más cabrona y autodestructiva de nosotros mismos, nuestro inconsciente. Supongo que es un modo de mantener esa auto exigencia que nos hace estar siempre en guardia. Esa auto exigencia que a veces no nos permite ni disfrutar de las cosas que nos vienen o incluso las que encontramos después de buscar (sin antes perdernos unas cuántas veces) pero que hace que siempre estemos deseosos de algo más, algo que no sabemos que es, ni por qué lo queremos, ni, en cierto modo, si lo queremos. Pero ahí está, acechándonos a la mínima de cambio, ya sea con un Gintonic, un cigarrillo o al meternos en la cama antes de acostarnos.

A veces, y en especial últimamente, me pregunto si es normal e incluso sano pensar tanto. Podríamos quedarnos en la piel de las cosas, saber lo que nos gusta y lo que no y conformarnos con eso. Pero no, hemos comprobado que no podemos, de hecho no sabemos del todo qué nos gusta, o qué no, porque siempre tendremos el “¿por qué no?”. Y eso es lo que complica las cosas. Pero joder, que morboso es el “¿por qué no?”, ¿verdad? Es esa salsa de la que siempre hablo, porque aunque no haya definido el sabor, sé de qué ingredientes está compuesta.

Yo diría que está hecha de curiosidad, impulsividad, ingenuidad y una gran dosis de ilusión. Hasta aquí todo pinta de color de rosas, pero ¿qué me dices de ese “algo” que siempre nos falta, incluso con las bravas con la mejor salsa de toda la ciudad? Llamémosle X. Bueno, de hecho, no. Llamémosle miedo. Cinco letras con un gran potencial para amargarte la vida, o frenártela, aún peor.

Es fácil huir por miedo, es fácil pasarle la pelota del “¿por qué no?” a otros. Podemos poner innumerables excusas: no va conmigo, no es mi momento, ya… pero ahora no… pero en el momento en que tienes que buscar más de una razón por la cual no hacer algo ya has caído… y lo único que haces es excusarte.

Y ojito con quien te lleve la contraria, o el que te intente hacer barajar otras posibilidades, porque en ese preciso instante te vas a irritar cual niño pequeño y caprichoso con un ataque de histeria. Vas a alzar todas tus barreras y no vas ni a permitir que alguien se disponga a pagar el peaje para que se abra esa barrera.

En lugar de eso vas a cambiar de carril y hacer como si nunca hubieses conducido por el de la derecha, porque por ahí solo circulan los lentos. ¡Y claro! Tú no eres de esos…

Lo que no sabes, es que en el momento en que prefieres enterrar en cualquier playa lo que de verdad quieres, lo único que haces es enlentecer el trayecto, y encima circulando por el carril izquierdo. ¿Sabes lo que pasa entonces, verdad? Provocas atascos, malas caras, riñas, e incluso bocinazos, porque entorpeces el camino de los que de verdad sienten que deben ir por el carril de la izquierda. ¿También sabes cómo termina, me equivoco? En el próximo peaje todo serán malas caras de los demás conductores, y tras cinco minutos de subidón, mientras conduzcas cantando la canción que a conciencia has ido buscando por todas las emisoras de radio de tu coche pensarás…

Pues quizá sí, quizás me he refugiado en el miedo y he preferido pasar por ese tramo a toda velocidad, como si fuese algo de lo que tuviese que escapar, en lugar de darme cuenta que quizá me debería haber acoplado al próximo carril de desaceleración, y desacelerar, y parar, y dejarme sentir, porque este, o ese, es o era mi camino. Y aunque todos cojamos la misma salida, el camino que tomemos cada uno de nosotros siempre será distinto, y aunque algún “¿por qué?” nos invada forzosamente la mente debemos limitarnos a pensar… “¿Y por qué no disfrutarlo?”.

Jennifer Monterroso.

2 comentarios:

Paula Merino dijo...

A veces no es tan sencillo, pero hay que re-educar nuestros pensamientos positivos, me ha gustado mucho! Crack

Libres de Lectura dijo...

¡Gracias por tu comentario Paula!

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