Mostrando entradas con la etiqueta romance. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta romance. Mostrar todas las entradas
0 comentarios

ROMANTIC TIMES

Esta vez rompemos con la publicación rutinaria del blog para hablar de un formato completamente distinto que ha llegado a nosotros de la mano de una de nuestras seguidoras: Pilar García (@fear1e55). Esta, administradora del blog La Propia Eternidad, con la empresa de dar a conocer una publicación con enorme éxito en EEUU, nos facilita la revista Romantic Times para darla a conocer a todos nuestros seguidores. 

Romantic Times es una revista de carácter mensual especializada en el género romántico. Con más de 30 años de experiencia desde su creación y cientos de miles de suscriptores, se erige como la publicación de su tipología más importante del continente americano. 

Para todos aquellos amantes del género romántico, de misterio, paranormal, erótico, de fantasía o de ciencia ficción; esta es su revista. Publicada íntegramente en inglés, ofrece un sinfín de reseñas y recomendaciones de los mejores críticos estadounidenses en referencia a las obras más destacadas del panorama americano. Además, cuenta con entrevistas a autores de renombre y una estructura muy sencilla que divide la revista por géneros. 

Por último, resaltar la organización anual por parte de la misma revista, desde el año de su creación, de la llamada “Convención de Amantes de los Libros de Romantic Times”. En ella, además de asistir la flor y nata del mundo editorial, de contar con firmas de libros de los más reputados escritores y de acoger a miles de personas cada año, resalta su especial baile de disfraces y el afamado concurso de belleza masculina. 

Queremos informar que se puede adquirir ya en España, pudiéndola encontrar en cualquier librería, Corte Inglés o Casa del Libro; o en portales como Amazon o Play Store. 

Víctor G. 
@libresdelectura

0 comentarios

ROMANCE DE AQUEL HIJO QUE NO TUVE CONTIGO - RAFAEL DE LEÓN



Romance de aquel hijo que no tuve contigo:

Hubiera podido ser
hermoso como un jacinto
con tus ojos y tu boca
y tu piel color de trigo,
pero con un corazón
grande y loco como el mío.
Hubiera podido ir,
las tardes de los domingos,
de mi mano y de la tuya,
con su traje de marino,
luciendo un ancla en el brazo
y en la gorra un nombre antiguo.
Hubiera salido a ti
en lo dulce y en lo vivo,
en lo abierto de la risa
y en lo claro del instinto,
y a mí... tal vez que saliera
en lo triste y en lo lírico,
y en esta torpe manera
de verlo todo distinto.
¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!
Tres caballos, dos espadas,
un carro verde de pino,
un tren con cuatro estaciones,
un barco, un pájaro, un nido,
y cien soldados de plomo,
de plata y oro vestidos.
¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!
¿Te acuerdas de aquella tarde,
bajo el verde de los pinos,
que me dijiste: —¡Qué gloria
cuando tengamos un hijo! ?
Y temblaba tu cintura
como un palomo cautivo,
y nueve lunas de sombra
brillaban en tu delirio.
Yo te escuchaba, distante,
entre mis versos perdido,
pero sentí por la espalda
correr un escalofrío...
Y repetí como un eco:
«¡Cuando tengamos un hijo!...»
Tú, entre sueños, ya cantabas
nanas de sierra y tomillo,
e ibas lavando pañales
por las orillas de un río.
Yo, arquitecto de ilusiones
levantaba un equilibrio
una torre de esperanzas
con un balcón de suspiros.
¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria
cuando tengamos un hijo!
En tu cómoda de cedro
nuestro ajuar se quedó frío,
entre azucena y manzana,
entre romero y membrillo.
¡Qué pálidos los encajes,
qué sin gracia los vestidos,
qué sin olor los pañuelos
y qué sin sangre el cariño!
Tu velo blanco de novia,
por tu olvido y por mi olvido,
fue un camino de Santiago,
doloroso y amarillo.
Tú te has casado con otro,
yo con otra hice lo mismo;
juramentos y palabras
están secos y marchitos
en un antiguo almanaque
sin sábados ni domingos.
Ahora bajas al paseo,
rodeada de tus hijos,
dando el brazo a... la levita
que se pone tu marido.
Te llaman doña Manuela,
llevas guantes y abanico,
y tres papadas te cortan
en la garganta el suspiro.
Nos saludamos de lejos,
como dos desconocidos;
tu marido sube y baja
la chistera; yo me inclino,
y tú sonríes sin gana,
de un modo triste y ridículo.
Pero yo no me doy cuenta
de que hemos envejecido,
porque te sigo queriendo
igual o más que al principio.
Y te veo como entonces,
con tu cintura de lirio,
un jazmín entre los dientes,
de color como el del trigo
y aquella voz que decía:
«¡Cuando tengamos un hijo!...»
Y en esas tardes de lluvia,
cuando mueves los bolillos,
y yo paso por tu calle
con mi pena y con mi libro
dices, temblando, entre dientes,
arropada en los visillos:
«¡Ay, si yo con ese hombre
hubiera tenido un hijo!...»

Rafael de León.

Rafael Turia.

 
;