No. No te mires ni te remires más. Eso no eres tú, o al menos no
eres lo que debieras ser. Eso es un rostro, reflejado en un cristal de un
transporte público, pongamos de un metro que viaja bajo tierra, como tú en
estos momentos, que te entierras, a las siete de la mañana. Es un rostro serio
de la no valentía, del no atreverse o, por qué no decirlo sanamente: es un
rostro cobarde.
Quizás no has probado huir de tu silencio y dar la mano al otro eso y convertirte en ese o esa. Pruébalo. Es otra opción. Unirse bien fuerte a “eso” que malgasta sus finos dedos mientras teclea con vértigo lo que parece un móvil o un cacharro de estos (su silencio); o unirse a aquél otro “eso”, lo que apoyado en la barra se aleja en sus particulares escudos, llamémosle auriculares, contra ese ruido espantoso, mientras escucha la música creada por otros que sí lograron activarse, pensar, componer y crear. Pruébalo. Suma almas, no miedos. Sumemos.
Es fácil. O ni siquiera fácil. No es nada. No existe la lucha. No existe el rival. No hay secretos. Quizá algún consejo.
Que la vida y el tiempo no te presten como esclavo. Que te prestes tú como el cuádriga que dirige la vida y el tiempo. Te sentirás mejor, te lo digo yo, que tras muchos latigazos recuperé el aliento. Te lo digo yo que, de tanto reflejarme, ya no me reconozco. Esclaviza tú al tiempo. Porque el que eres ahora, no eres tú. Y no. No te mires ni te remires más...
Daniel Arrébola
@dani3arrebola
@apetececine
http://apetececine.wordpress.com/

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