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ÍNTIMA DISLOCACIÓN Y VOCES QUIETAS


Es una sensación triste: sola,
un vértigo acumulado en el
estómago.

un desprendimiento físico
de tu compañía, en esos 
momentos en que reconoces 
que te has ido de casa.

ese miedo que te agarra la 
vida por el cuello y se 
ahogan las ganas de ver 
los colores en el escenario.

ese pánico de que nada te 
pertenezca, de que tu vida 
se escriba con la insostenibilidad 
de las creencias.

ver que te vas, libre, bonitx y 
sonriente, y yo me quedo 
con la cáscara magullada, 
sintiendo 
simplemente un dolor agudo, 
una pérdida de sonrisas, 
unos trozos de vida 
que ahora viven lejos 
de mí.

si pudieras oír 
mi soledad.

mi presente se encierra en imágenes 
futuras, escenarios del mañana. Y 
el futuro se acorta, deja de existir 
porque el oxígeno apenas deja arrugas 
en la cama: inmóvil. A punto de ser.

y mientras tú sonríes, y llamas a la 
libertad, yo me siento presa de esta 
soledad mordaza. De este sentir 
prohibido e infectado.

te cuelgo en la pared como 
como algo lejano. a veces soy tan 
difícil de vivir. No quiero 
mancharte. Cuando veo que 
vuelas siento que ya está, que 
ahora lo único que vamos a 
compartir será la ausencia.

La falta de lx otrx.

Para poder seguir articulando 
esto que denominan 
tiempo y aprendizaje.

Patricia Bertolín.
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COSAS QUE PUEDEN PASAR CUANDO PARECE QUE NO PASA NADA


Definitivamente hay días que te sacan de un guantazo de la monotonía. Sí, es cierto que dicho así, de este modo, puede sorprender; como sorprende un caballo con tacones, una monja con leggins de colores o un bidón de gasolina en un parque infantil. Pero también es cierto que son cosas que pueden llegar a pasar, nadie  puede negarlo. 

El caso es que yo estaba a punto de enhebrar la cabeza del hilo de las nueve y media de la mañana, para ir, puntada a puntada, a por las diez, a por las diez y siete, directa a las diez y quince hasta llegar a las cuatro o, incluso,  a las ocho de la tarde-noche. Porque a veces los días son eso, ir dando puntaditas de hora en hora, en línea recta, sin más objetivo que el de no pincharte con la aguja. A veces la finalidad es clara: llegar a salvo, tan pronto como sea posible, a ese rincón borracho de almohadas y edredones dispuestos a proteger a una del mundo exterior. Claro, seguro que mucha gente sabe de lo que hablo. 

En fin. Como decía, estaba dispuesta a pasar un día plano y poco emocionante cuando, de repente, decidí que sería bueno poner por escrito todo aquello que quería cambiar en mi vida. Sí, mira, cosas que pasan. Qué quieres que le haga. Este tipo de pensamientos irrumpen sin pedir permiso previo, porque si lo pidieran se les denegaría rotunda e instantáneamente. Tonterías del tipo: sacarme de encima el maldito carnet de conducir; dedicarle algo de tiempo al inglés, que lo tengo abandonado; hacer algo de deporte de vez en cuando; volver a perderme en la montaña; leer los finales de los libros que aparqué en alguna parte. Y bueno, chorradas de esas, a montones. Ordenar los cajones del escritorio; sacar punta a los colores y aprender algo de matemáticas. De verdad, me da casi vergüenza que estas cosas puedan salir de mí, y más aún que les conceda algo de importancia. Pero está claro que, muy de vez en cuando, este montoncito de morralla quiere que le otorgue un trato especial. Y estaba dispuesta a hacerlo. Mira, me cogió con la defensa baja.

Está bien, cogeré un boli Bic - me dije - que será perfecto para emborronar un folio con algunas auto-proposiciones que, seguramente, esta misma noche arroparé suavemente entre bolsas de basura. También podría haber prescindido del boli y del folio y haberlo hecho directamente en el ordenador, que siempre ronronea por alguna parte de mi habitación pidiendo un poquito de atención. Pero no, un esquema o una lista de cosas banales nunca pueden escribirse directamente en un Word. Pues porque no, porque una se ve tentada de apuntar más cosas de la cuenta (por eso de la página en blanco y la facilidad del tecleo) o, mucho peor, se corre el riesgo, una vez viéndolo todo tan ordenadito, de querer llevar a cabo todo eso. Y eso sí que no. Ni pensarlo, vamos. 

Pues se me puso a mí en las narices que quería un folio y un boli (Bic, he dicho). Fue extraño. Quizá el destino mismo se vistió de negro y arrambló con todos los folios de mi casa para llevarme a otro lugar. Ve a saber, como he dicho antes, todo es posible y son cosas que pasan. La verdad es que no puedo dejar de afirmar que, cuanto menos, era raro. En fin, yo ya tenía en mente algo más que limitarme a hilvanar un puñado de horas que conformarían mi día, un plan mejor que el de asegurarme de que pasa el tiempo. Ya tenía un estupendo propósito que estaba abarrotado de auto-consejos que podrían llegar a cambiar mi vida. De ningún modo podía desfallecer ahora en algo tan nimio como lo es la búsqueda de papel. 

Ahora, al contarlo, ya voy atisbando ese guantazo del que hablaba. Entonces ni lo olía. 

Acabé en el patio. En el cuartito del patio, entre cajas y libros del colegio,  buscando una página en blanco (o media, media ya me servía). Madre mía, lo que llegué a encontrar en mi búsqueda, qué risas a solas. Notitas de esas que se envían en clase, a montones. Esquinas de libros plagadas de dibujillos. Un papel atestado de palabras en las que bailaban mayúsculas y minúsculas sin orden aparente, con letras temblorosas y tildes de grandes aspiraciones. (Eso fue de la época en que practicaba con la izquierda. Es que siempre he querido ser zurda. Los zurdos me dan una envidia que poca gente es capaz de comprender. Otros quieren ser rubios o morenos. Yo siento una gran nostalgia por la falta de “zurdidad” en mi cuerpo en general.)

Bueno, pues acabé por darme de bruces con una libreta amarilla. Las grandes cosas siempre tienen algo de amarillo. Mira sino el sol. O los patitos de goma. La ojeé y la hojeé. Páginas blancas, infinitas. Ya casi se me había olvidado lo que había ido a buscar allí. Siempre me ha dado una pena tremenda eso de arrancar folios de una libreta tan nueva. Pero vamos, que puestos a arrancar, arranco la última página, que es la que menos se lo espera.

Yo sí que no me lo esperaba. ¡Madre mía! Cuánto tiempo. Las últimas tres páginas repletas de letras de desconocidos, de frases desordenadas, de firmas y fechas. Recordaban a esos últimos días de instituto en los que te da por pasar una libreta a los compañeros para que te la llenen de recuerdos y frases absurdas que en otro momento tendrán la capacidad de hacerte recordar momentos excelentes. Pero bueno, en este caso no se trataba de eso. A ver, esto que voy a explicar ahora juro que es verdad. Es completamente cierto. 

Un día, uno como otro cualquiera, me levanté pensando que quería descubrir algo (esto antes me pasaba muy a menudo, demasiado frecuentemente para el gusto de muchos). Así que se me ocurrió caminar por calles por las que no solía hacerlo. Quería hablar con desconocidos. Pero hoy en día se necesita siempre una excusa para acercarse a alguien; sino te toman por loca. Además pensé que quería hacerlo de un modo especial, dando una oportunidad al mundo de expresarse. Así que hice lo primero que se me ocurrió. Inventé que era una estudiante de sociología y que necesitaba la colaboración de la gente para llevar a cabo un proyecto. Tenía tantas ganas de ponerme manos a la obra que ni siquiera le dediqué medio segundo a pensar qué tipo de trabajo iba a ser. 

Hola, muy buenos días – les decía con mi mejor sonrisa y la libreta amarilla en la mano – ¿podría prestarme unos segundos? Las caras de incomprensión no tardaban ni un segundo en aflorar. Verá, es para un trabajo de sociología… solo tiene que escribir una frase; no hace falta que tenga sentido, lo primero que le venga a la mente – continuaba yo –. Pues ¿y qué pongo?, ¿no hace falta que tenga sentido?, no sé qué poner – me decía la mayoría con una mezcla de emoción y curiosidad, por eso de hacer algo distinto –. Lo que quiera, señora, ponga lo que quiera. Y así. Algunos continuaban con preguntas; otros, los más, corrían a escribir lo que más les apetecía y otros, los menos, se negaban y seguían aferrándose a esa consideración de bicho raro que me habían adjudicado desde el principio. Fue una mañana realmente genial. Las frases que más espacio ocupaban rezaban cosas del estilo: “ya llega la primavera”, “hoy es un buen día” o “suerte”. Dejé muchas otras por leer, las que tenían la letra más pequeña. Pensé que al ser la escritura tan menuda la gente estaría confesando alguna especie de secreto y no sabía yo si estaría preparada para recibirlo. 

Sin embargo, el día en que encontré la libreta amarilla por sorpresa y por casualidad, me sentía libre de leer cualquier cosa, pues muchas de las confesiones ya habrían perdido parte de su valor. Por desgracia, no eran gran cosa, un puñado más de mensajes positivos y poco originales. Sin embargo, se me heló la sangre al llegar a una de las frases. No era especialmente singular, ni mucho menos, “cualquier día es un buen día” decía. Lo que me dejó de piedra, de hecho, no fue la frase en sí, sino la fecha. Pues la fecha que ponía era la del día en que me encontraba al leerla, el día actual. Es decir, cuatro años después. Vaya guantazo. De pronto, sin esperarlo, pasa algo así y apenas hace falta un cuarto de minuto para pasar de un “será casualidad” a un “flipa colega, cuando lo explique a ver quién es el loco que me cree”. A ver si va a ser verdad que existe el destino. A ver si ese alguien quiso decirme algo. Ni siquiera me acuerdo de su cara. Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte. Es que no me lo creo. 

Y bueno. Poco más. Lo que vino después fueron todo elucubraciones y una serie de ideas locas que de vez en cuando saco a pasear. Jamás sabré qué escondía todo aquello. Sin embargo me di cuenta de que, efectivamente, cualquier día es un buen día. ¿Para qué? Pues para lo que se quiera, hombre, para lo que se quiera.

Sammy.
@sarazamz

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¿Y PARA TI, QUÉ ES EL AMOR?


Quizás el amor sea eso; tomar gintonics, hablar sin parar y reír. Y nada más. Nada de volverte loca y hacer locuras tóxicas por alguien, ni llorar hasta la madrugada por lo que pudo haber sido. Quizás el amor sea sentirte bien con alguien y dejar que fluya todo, experimentar, comprender y complementarse. Quizás esa famosa chispa de la que siempre hablamos tiene nombre y apellidos y jamás se vuelve a repetir, quizás eso no es el amor y simplemente es saber conquistar y hacer feliz a la otra persona. Sin dramas, ni historias rocambolescas. El amor es bonito y sencillo, puro y transparente, y todo lo que no se adapte a ello son sentimientos tóxicos de los cuales hay que huir sin pensárselo dos veces. Porque luego, cuando las cosas se tuercen, esos amores pasionales y vacíos nunca están. El amor es estabilidad, es caminar por la calle de la mano sin prisa, no tiene nada que ver con besarte en una esquina perdida para que nadie te vea. En el amor no hay que esconderse. Es saber qué hace feliz a la otra persona y hacerlo, sin pensárselo. Es besarte y seguir haciéndolo en paz, sin tener esa inseguridad de si volverás a verle de nuevo. El amor es seguridad, estabilidad y por supuesto pasión. Pero esta pasión se consigue, se crea y se trabaja. Porque como bien dice el refrán; «lo que rápido llega, rápido se va».

Titanium.
@blancadepaco
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MAPA DE CARACTERES EN TU NO-CUERPO (CON RUIDO DE FONDO DE LA SÍSTOLE Y LA DIÁSTOLE)

Imagen: Irene Colell.

tengo un pedazo de carne en la mano 
y un grito desgarrado en las pupilas

el silencio se desdibuja suavemente 
por las grietas de mis contornos.

estoy a punto de todo. las 
cosas se desbordan desde 
mi cuerpo hacia el suelo 
Tengo los pies manchados 
de historias.

estas lejos y tu olor 
ha impregnado mi futuro. 
estoy con los brazos esperando 
tu cuerpo huido. Tu sangre 
es solo tuya.

hay un vacío que me ahuyenta 
de ti. haría de tu cuerpo un 
santuario y de tu cabeza 
un infierno.

el dolor es lento. un cuenta 
gotas. y acumulo gramos 
y gramos de espinas y 
oscuridades, de vidas 
silenciadas e invisibilizadas.

te tengo como principio, pero 
desde ahí no encajo: DEBO 
huir de nosotros.
encontrarme fuera de lo
que somos. Te dejo conmigo 
yo, me voy.

antes, quisiera que te quedaras un 
trozo de mí, esta carne que se 
desgasta en mi mano.

yo, el resto, me regalaré al 
absurdo. a la riSa y al olvIdo. 
al ahora. 
nada más que Esto.

Tu quédate con la historia 
yo me quedo con la piel

cuéntales a los oídos que 
anhelan, que enloquecí y 
que huí entre las trenzas. 
que creí ser otra, y quizás 
sí, una que no conocía. 
pero Diles que solo así 
sentía el circuito eléctrico 
de la vida, la humedad 
del movimiento.

Diles que nunca seré eterna
 y que muero cada noche. 
Diles que me he convertido 
en todo, pero que no me 
busquen (no tengo 
forma de nada) 
Diles que muchas veces el 
olvido es mi ansiolítico: 
dosis altas para sobrevivir (te,me,nos)

de mientras yo estaré 
diluida entre oxígeno,
tierra, arte y fuerza.

Patricia Bertolín.
 
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