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CONFLUENCIA – MARÍA NIEVES FERNÁNDEZ

Decía el poeta estadounidense James Russel Lowell que «los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra». Y algo así es lo que ocurre en esta magnífica novela de la que hablamos hoy. María Nieves Fernández coge al lector como si de un marionetista se tratara y lo lleva, a su completa voluntad, de personaje en personaje, de cabeza en cabeza, por un sendero tan embriagador y satisfactorio que al acabarlo - trágico momento -, acaba creando en nosotros una triste dependencia. 

Confluencia es la secuela de la primera novela de esta escritora ciudadrealeña – Los ojos del misterio – en la cual, a partir de dos personajes secundarios de esta primera, se extiende toda una trama de fantasía, sacudidas y sobre todo buena literatura, que es lo que mejor caracteriza a María Nieves Fernández. Nayla, una chica que siempre se moverá entre un deseo natural de romper con las normas y un orden lógico impuesto por su entorno, se verá de pronto atraída por un desaliñado inspector de policía que aparecerá en su vida para quebrar la rigidez cotidiana que tanto le había costado construir alrededor de un marido ejemplar, un trabajo estable y una atmósfera sin esquinas punzantes. Junto a Adrián, el inspector, se verán introducidos en un mundo que nace de ella, un mundo de magia que creía tener controlado. Por la fuerza sobrehumana que explota en su hijo, la energía que nace de su interior y la obsesión por la búsqueda de respuestas del policía, Nayla se dejará llevar por una corriente donde a cada tramo se le presentará un obstáculo el cual, solo con el profundo conocimiento de sí misma, podrá superar. De la mano de estas mentes que atrapan y no sueltan, el lector también se verá llevado a la Inglaterra del siglo XVII, donde conocerá la historia de Mary y William, donde vivirá tragedias y amoríos, donde sufrirá en sus propias carnes la caza de brujas, las injusticias por odio, las viles acciones a las que lleva el poder desmesurado. Entre esos dos mundos distintos, entre esas dos épocas separadas por tantos años, un hilo invisible conectará a todos los personajes y provocará que su sombra llegue hasta nuestros días para acabar, en este preciso momento, en una batalla tan bien tratada que acaba dejando marca incluso en el lector; pero no en la piel sino en su corazón. 

María Nieves Fernández conjuga con maestría recursos que recuerdan a grandes escritores como Agatha Christie y ese talento por dejar las pistas en el lugar más adecuado que la llevó a confesar, algo que se ha conseguido en esta novela, que «el detective nunca debe saber más que el lector»; o a Patrick Rothfuss por ese manejo de dos tiempos distintos, por ese viaje con éxito a un pasado de tabernas, moteles y pueblos de caballería cargados de una atmósfera fantástica; o incluso al gran Stephen King por esos cliffhangers de cada final de capítulo. Todo ello, convierte a Confluencia en una novela que desprende olor a cine, que convierte el tiempo de su lectura en un viaje acomodado a través de la imaginación.  Si lo que se busca con la literatura es entretener, divertir, conseguir que el lector se abstraiga por un tiempo de todo lo que nos sacude diariamente, solo se puede decir aquí que María Nieves Fernández ha pasado de alumna aventajada a profesora. Y que nos siga enseñando. 

Víctor González.
@chitor5


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MARÍA DE LAS NIEVES FERNÁNDEZ

Hoy hablaremos de una autora la cual tuvo que luchar mucho para acabar viendo publicada la que fue su primera y exitosa obra: Los ojos del misterio; una novela repleta de fantasía, amor, conspiraciones, miedo y sobre todo, mucho misterio. Con un bebé en su interior que le ha llenado de vida y sumergida al completo en la confección de Confluencia, su segunda novela muy ligada a la primera; esta autora ciudarrealeña y colaboradora de Libres de Lectura ha podido sacar tiempo para recibirnos y poder realizarle la entrevista que veréis a continuación.


Víctor G: En primer lugar, ¿Qué te hizo empezar a escribir? ¿Crees que todo escritor nace de un sentimiento de tragedia o de opresión interna?

Mª de las Nieves: La idea de escribir me rondaba por la cabeza desde hacía bastante tiempo, pero hasta el año pasado no había encontrado el momento para ponerme en serio. Un día me dije: Ahora o nunca, y en ese momento se empezó a definir mi primera novela.

Creo que todo el mundo tiene necesidad en algún momento de su vida de expresar sus sentimientos más profundos de alguna manera, y qué mejor forma de hacerlo que plasmarlos sobre el papel. Desde el punto de vista psicológico es muy terapéutico y puede ayudar a resolver conflictos internos que, si no es por esta fórmula, quizás ni sabías que estaban ahí. Más allá de utilizarlo para mejorar tu salud psicológica, creo que los escritores nacen por varios motivos, porque tienen algo que contar, por una imaginación que no para de crear, por el amor hacia las letras; y es juntando todo eso más el talento innato para modelar en palabras lo que quieres expresar, lo que da como resultado una novela, un ensayo o un poema. 

VG: ¿De dónde procede ese aire fantástico que le das a tu obra?

MF: De siempre me han gustado las películas, las series y la literatura de corte fantástico, por lo que estoy bastante influenciada por este género. Además desde siempre he tenido mucha imaginación por lo que si sumas ambas cosas, sale un cóctel donde se mezcla lo real y lo sobrenatural. 

VG: Al empezar a escribir, ¿Sabes cuál será la extensión aproximada del libro o te dejas llevar? ¿Cuándo decides que te estás acercando al final de la obra?

MF: En principio no tengo ni idea de cuál será la extensión de la obra. Lo primero que hago es coger una idea principal, defino cuáles y cómo serán los personajes y hago una síntesis o un cuadro con la historia y las subtramas, y el papel que representará cada personaje en ellas. Y es en ese momento cuando decido la extensión aproximada que tendrá la obra.  

Lo que sí tengo claro es el final. En esa síntesis o primera aproximación, me gusta tener en un golpe de vista todo, el comienzo de la historia, el desarrollo y el final. Me da seguridad y la posibilidad de jugar con la historia, para que las cosas resulten como me he marcado, aunque hay veces que un personaje o una escena te ponen el resto de la historia patas arriba y debes rehacer algunas cosas.

VG: ¿Crees en la inspiración? ¿Cómo la definirías? ¿Podrías contarnos alguna anécdota de algún momento extraño en el que te hayas sentido inspirada?

MF: Por supuesto que creo. Si te sientas frente al ordenador y no estás inspirado o metido de lleno en la historia es difícil que escribas algo que luego seduzca y guste al lector. Es como en cualquier otro arte, el pintor, el músico o el escultor necesita de esa “magia” que un momento determinado aparece en su mente, abstrayéndolo de todo lo que tiene alrededor para limitarse a crear aquello que su parte más profunda le dicta.

En mi caso particular la inspiración me viene justo antes de quedarme dormida. En ese momento me empiezan a asaltar un montón de ideas y situaciones que reproduzco en mi imaginación y más de una noche me he tenido que levantar para apuntarlas y así acordarme de ellas al día siguiente.

VG: Para ser escritor, ¿Qué es más necesario? ¿Talento o dedicación?

MF: Ambas cosas. Es difícil escribir algo si no tienes esa facilidad para expresarte. Y si no le dedicas tiempo y esfuerzo, por mucho talento que tengas no podrás sacarle el rendimiento óptimo a esa aptitud, aprender de tus errores y madurar. Creo que lo ideal es un cincuenta por ciento de ambos.

VG: ¿Hay algo en Los ojos del misterio que haya salido de tu vida real?

MF: La pasión por las motos, por la música y el afán de superación y de lucha cuando la vida y el destino te sorprenden y no precisamente para bien. 

VG: ¿Qué ha supuesto para ti el convertirte en escritora? ¿Le ves futuro?

MF: Para mí ha sido una revelación, ya que ni yo misma me podía creer que fuera capaz de escribir una novela. Me ha hecho madurar, conocerme mejor a mí misma y explorar mi interior de una manera que no había hecho hasta ahora. En relación al futuro, bueno, el tema está complicado, pero como otras muchas cosas en este momento. Opino que, o tienes un buen golpe de suerte, o alguien con poder que te lleve de la mano o es harto complicado poder vivir de lo que escribes, por lo que, de momento, me lo tomo como un bonito hobbie que me ha reportado muchos buenos momentos y experiencias, y por el que he visitado lugares estupendos y conocido personas maravillosas. 

VG: ¿Cómo se le confiesa a una pareja que quieres empezar a escribir sabiendo que será menos tiempo a su lado?

MF: Lo cierto es que fue el primero que me apoyó y en ningún momento se ha quejado de que pasábamos menos tiempo juntos, sobre todo porque procuraba escribir cuando él estaba trabajando o acostado, por lo que a ese respecto no hemos tenido ningún tipo de problema. 

VG: Sabemos que estás sumida en la elaboración de tu segunda obra, ¿Qué nos puedes decir de ella?

MF: Hay dos personajes en Los ojos del Misterio que me llamaron mucho la atención cuando aparecieron. Uno de ellos aparece en la novela con más protagonismo que el otro, pero ambos reclamaban a gritos una historia para ellos y es en lo que estoy. No se la puede considerar una segunda parte de Los ojos del Misterio al uso, ya que no continúa la historia de Alex y Alicia pero sí es cierto que se atan unos cuantos cabos que quedaron sueltos la primera obra.

VG: ¿Ha influido el hecho de tener pronto un hijo en la historia?

MF: En esta segunda historia no, ya que estaba completamente hilada antes de enterarme que iba a ser madre, pero si el tiempo y las fuerzas me lo permiten tengo pensado hacer algo con la experiencia tan increíble que estoy viviendo. 

VG: ¿Cómo influye al escribir una novela el haber estudiado Psicología?

MF: En esta primera obra intenté mantener al margen mis conocimientos o mi experiencia pero ha resultado imposible y entre líneas, mi profesión o lo que ella implica sí que está presente. Debo decir que en la segunda obra sí que aparece en todo su esplendor y a sabiendas de que así sea. 

VG: ¿Qué piensas acerca del mundo editorial hoy día? ¿Crees que los escritores son explotados por pautas y exigencias muy marcadas? ¿Cuál crees que es el futuro de la Literatura?

MF: Por mi experiencia y por lo que he hablado con otros escritores que he conocido a través de las Redes Sociales, el mundo editorial es bastante hermético y es muy complicado que un escritor novel sea fichado por una gran editorial, que le dé la promoción necesaria para que pueda vivir de ello, y cuando así es, el escritor es el que menos beneficios recibe por un trabajo que ha hecho él y solo él y debe cumplir una serie de plazos de entrega y exigencias que, muchas veces, terminan por hacer que aborrezcas algo que empezó como lo que más te gustaba en el mundo. Pero es así como están las cosas y es como todo, o lo coges o lo dejas. Y si te planteas vivir de lo que escribes es lo que hay. Si algún día una gran editorial llamara a mi puerta con un contrato estoy bastante segura de que le diría que sí sin pensármelo demasiado. 

Y referente al futuro de la literatura creo que es bastante incierto. La gente lee, aunque menos de lo que me gustaría, los que han leído siempre lo siguen haciendo y los que han empezado hace poco tienen ante ellos un universo casi infinito de posibilidades con obras a un precio bajísimo en decenas de plataformas que con un solo clic del ratón te permiten tener el libro en tu dispositivo electrónico. Esto es bueno, ya que es inmediato, sencillo y relativamente barato, pero también tiene su parte negativa, como la piratería, con la que es muy difícil luchar. Cada vez se leen menos libros en papel y eso alimenta a esta industria que se está haciendo de oro a costa del trabajo de los demás. Es triste pero cierto, y los únicos que pueden hacer algo para pararla son los propios lectores, pensando antes de piratear un libro todo el trabajo, la dedicación y el esfuerzo que hay detrás de él. 

VG: Explícanos, ¿Cómo se consigue no soltar prenda de que estás escribiendo una novela a nadie de la familia ni amigos a excepción de tu marido?

MF: Pues es difícil, pero se consigue, disimulando y echando unas cuantas “mentiras piadosas”. Sí es verdad que sabían que estaba metida en algún tipo de proyecto, pero pensaban que era algo relacionado con mi profesión, ni de lejos se esperaban Los ojos del Misterio como resultado. 

VG: ¿Qué crees que sienten unos padres al ver ojipláticos que su hija ha escrito un libro?

MF: Eso deberías preguntárselo a ellos. La verdad es que su primera reacción fue como: ¿Qué has hecho el qué? Incredulidad, sorpresa… y cuando se leyeron el manuscrito me dijeron que les había encantado la historia y que estaban muy orgullosos de mí, aunque les parecía increíble que algo así hubiera salido de mi cabeza.  

VG: Tenemos constancia de tu pasión por la música. ¿Crees que música y literatura van de la mano? ¿Piensas, como muchos, que el escritor es aquel músico que no sabe cantar? 

MF: Pues yo canto fatal, la verdad. Sí, creo que la música enriquece a la literatura y viceversa. Piensa por ejemplo estar leyendo un libro romántico mientras escuchas una selección de baladas o leer una novela de miedo escuchando el O Fortuna de Carmina Burana.

En mi caso, según la escena que esté escribiendo en ese momento, así pongo la música y creo que dota a la escena de un “algo” especial que sin música no lo conseguiría. 

VG: Dices en alguna entrevista que tener por primera vez tu libro entre las manos se asemeja a la sensación de tener un hijo. Ahora que sientes lo que es llevar un hijo dentro, ¿Ratificas la afirmación?

MF: Salvando las distancias, ambas cosas las has creado tú junto a una persona querida y especial que ha estado a tu lado en los momentos buenos y malos (en mi caso mi marido). Mientras la estás “gestando” tienes miedo de que algo salga mal, de cómo ira el proceso de creación, estás nerviosa y la miras y remiras una y otra vez deseando que todo vaya como tú quieres. Y al final, cuando está todo listo y tras un gran esfuerzo, uno más mental y otro más físico, lo tienes entre tus manos y es irremediable evitar ponerte a llorar como una magdalena al ver el fruto de tu esfuerzo delante de tus ojos. 
Yo ahora estoy en proceso de creación de mi hijo y la verdad es que la sensación de estar haciendo algo grande, algo de lo que dotará de un sentido muy especial mi vida y que me sobrevivirá, es muy parecida.

VG: ¿Cómo fue tu primer contacto con las críticas? 

MF: Debo reconocer que fue muy bueno. A las primeras personas que leyeron Los ojos del Misterio les gustó mucho y fueron comentarios sinceros y que me llenaron de fuerza y motivación para seguir adelante. También agradezco aquellas críticas más duras, que desde el respeto y el cariño, me han dicho lo que no les ha gustado o lo que cambiarían, ya que esto me permite enmendar errores y seguir creciendo como escritora.

VG: ¿Piensas que lo de encontrar una editorial (Falsaria) que te publicase la obra fue un golpe de suerte o por el contrario que surgió fruto del trabajo y la dedicación?

MF: Ambas cosas. La novela lleva detrás muchas horas de trabajo, documentación y esfuerzo y creo que eso se plasma en ella y lo cierto es que encontrar una editorial que tuviera a bien la coedición de la obra fue una suerte, ya que hubo varias respuestas negativas antes de ellos. 

VG: ¿Tienes alguna fecha aproximada marcada para la salida de tu nueva novela? ¿Será publicada por alguna editorial en concreto?

MF: Pues no me he puesto fecha ya que en estos momentos tengo otra prioridad, depende de cómo se vayan dando las cosas, la publicaré antes o después. Lo que sí está claro es que será en el 2015. Y respecto a la forma o con quién publicar, estoy barajando varias opciones. 

VG: Por último, decía Bukowski en su famoso escrito (el cual recomiendo fervientemente leer a todo aquel con vocación de escritor) Así que quieres ser escritor que “si lo haces por dinero o fama, no lo hagas”. ¿Qué les dirías a todos aquellos jóvenes que, por miedo al qué dirán o por temor al poco éxito de su obra, no se atreven a comenzar a escribir?

MF: Que se quiten el miedo, lo cuelguen en el armario y lo hagan. Pero que lo hagan para ellos, porque les gusta, les divierte y les apetece. Yo cuando empecé a escribir Los ojos del Misterio no lo hice con la pretensión de publicar o de que llegara al público, lo hice porque me apetecía, como reto personal y para sentirme bien conmigo misma. El resto ya vendrá cuando tenga que venir. Que no tengan prisa, que no piensen en si gustará o no. Que escriban lo que quieran y como quieran. Esa es la esencia y eso es lo único que les debe importar. 


LIBREGUNTAS: 

Libro de papel o electrónico: Papel, aunque soy consciente de la comodidad del libro electrónico.

Narrativa o poesía: Narrativa.

Un libro: Los renglones torcidos de Dios – Torcuato Luca de Tena. 

Un poema: Caminante no hay camino – Antonio Machado. 

Un autor: Difícil decantarme solo por uno. Español, Carlos Ruiz Zafón y extranjero, Agatha Christie. 

Un personaje: Amy Dunne. Protagonista femenina de Perdida (Gone Girl) de Gillian Flynn.

Una cita: "Lo que no te mata te hace más fuerte". 
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SOY


Soy esa niña que no quiere crecer, que vuela con Peter Pan cada noche rompiendo las nubes plagadas de sueños imposibles. Soy esa niña que pese a sus treinta y cinco primaveras sigue saltando en los charcos, manchándose la cara cuando come chocolate y gastando bromas a escondidas. Soy esa niña a la que se le saltan los colores cuando le pillan en una mentira; soy esa niña que necesita ser querida no solo con palabras; soy esa niña que necesita los brazos de su madre y los consejos de su padre.

No soy esa mujer perfecta que ves en los anuncios y en el cine; no soy esa mujer impecable que se despierta impoluta, peinada y maquillada, de buen humor y con buena cara; no soy esa mujer que se pasa todo el día subida en unos tacones de quince centímetros y embutida en ropa que apenas la deja respirar; no soy esa mujer refinada y educada, que siempre tiene la palabra adecuada en el momento oportuno. Soy una mujer llena de imperfecciones, que se despierta despeinada, de mal humor; soy una mujer con arrugas y canas, con cicatrices en la piel y en el alma; soy una mujer que se viste con chándal y vaqueros, zapato plano y una coleta que despeina el viento en cuanto sale de casa; soy una mujer que comete errores, que no siempre dice lo correcto, a la que a veces le pierde la boca.

Soy esa amante que ya no te busca por las noches, pero que cuando te encuentra disfruta de ti como nunca, regalándote orgásmicos quejidos que nos llevan al nirvana. Soy esa amante, que también es amiga y esposa, siempre a tu lado, que te escucha aunque a veces no te comprenda, que te apoya y te anima y que también te necesita. Soy esa amante que te ama, no más o menos que antes, sino de manera diferente porque ambos ya no somos los mismos que hace doce años. Soy esa amante de tu vida, de esa vida que es la nuestra.

No soy esa madre que se enamoró de ti en cuanto te vio; no soy esa madre cuyo instinto maternal se implantó en su cerebro nada más conocer que crecías dentro de mí; no soy esa madre que solo habla de ti, que intenta quedarse por encima de las otras madres diciendo que tú eres más que los demás; no soy esa madre que dice que todo lo haces bien, que eres el bebé perfecto. No soy esa madre que te parió y dijo que todo era de color de rosa y que tenerte fue lo mejor que le había pasado en la vida. Soy esa madre a la que le costó adaptarse a ti, a la que las hormonas bandearon entre la depresión, la ansiedad y la indiferencia, que sufrió porque no sabía muy bien qué hacer contigo. Soy esa madre que descubrió hace muy poco lo que significaba ser madre. Soy esa madre que se desespera y llora cuando te despiertas tres veces seguidas a las dos de la mañana y se tiene que levantar para acunarte y cantarte, porque necesita dormir y descansar; soy esa madre que se agobia si no comes, si no descansas, si no estás bien; soy esa madre que está deseando y temiendo a partes iguales que crezcas; soy esa madre que ahora sí dice que eres lo mejor que le ha pasado en la vida.

Soy… soy tantas cosas que a veces no sé ni quién soy. Cada día me miro al espejo y descubro algo diferente, nuevo, sorprendente. Lo que sí sé es que ahora y siempre seré yo. Yo misma. Seré niña, seré hija, seré mujer, seré amante, seré esposa, seré amiga y seré madre pero siempre, ante todo y pese a todo, seré yo.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio" y "Confluencia".
@Marynfc
Facebook: Los mundos de Nieves.


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NIEBLA


Niebla, de esas que envenenan el alma. Soledad y tristeza la acompañan. ¿Por qué?, me pregunto. ¿Por qué me siento así?

Depresión, la llaman los entendidos. Yo, decepción. Decepción conmigo misma, decepción con el resto del mundo. Tengo frío y grito en silencio, pese a que gruesas capas de tela me envuelven y nadie puede oírme. Me apetece arrancarme la piel a tiras, despojarme de todo lo que soy y retar a los demás a que me creen a su imagen y semejanza, así, quizás, estarán contentos.

Niebla, oscuridad pero no miedo. Bruma que enluta todo lo que me rodea. No quiero sentir, quiero ser como hielo: frío, duro, arisco, sin corazón y sin alma pero soy humana, soy frágil, débil… siento y me duele.

Todos parecen reírse de mí, de mis desgracias. Soy el centro de las burlas, de los rumores, de los corrillos de pasillo y ascensor. Todos me miran por encima del hombro, altivos, creyéndose mejor que yo. Y lo son.

Paranoia, lo llaman los entendidos. Yo, desconfianza. Desconfianza en mi misma, desconfianza en el resto del mundo. Me han herido tantas veces que ya casi no queda nada que sanar. Estoy rota por dentro y por fuera y ya no tengo ganas de luchar. ¿Para qué? ¿Para ganar una mísera batalla y perder una guerra tras otra?

Niebla, esa que tiene su propio eco y que ahuyenta todo lo demás. Ya no queda nada, solo las voces que me susurran en la niebla, al compás de un irreal pensamiento, un fantasmagórico pensamiento que me acompaña allá donde esté.

Una voz quejumbrosa que se ha adueñado de mí y que me dice esas verdades que nadie quiere oír. Arrastra las palabras en un discurso pastoso y emborrachado de hiel y rencor, que me pide que devuelva cada golpe, cada humillación, cada herida.

Esquizofrenia, la llaman los entendidos. Yo, conciencia. La conciencia de mi misma, la conciencia sobre el resto del mundo. Esa voz es la única que me conoce, que me entiende, que se atreve a decir lo que yo nunca me atreveré a hacer, porque soy una cobarde, y así se encarga de recordármelo cada día.

Niebla que no me permite ver nada más. Estoy atrapada en el espacio y en el tiempo, sin ir a ningún lado, solo ahogada por ese lamento, por mi propio lamento que junto a mi conciencia suenan tan altos y constantes que no me dejan reaccionar. Y tampoco quiero, me niego a caminar o a volar. Solo quiero dormitar, soñar, quizás para siempre. ¿Por qué no? ¿A quién le iba a importar?

Niebla… solo y únicamente niebla.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio" y "Confluencia".
@Marynfc
Los mundos de Nieves.
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UNA ENTREVISTA CON LA MUERTE


Buenas noches, hace unas semanas uno de nuestros compañeros tuvo el placer de entrevistar a uno de los personajes más esquivos que conocemos y, aunque nos costó, logramos por fin hablar con Dios y conocer algo más de este desconcertante personaje. Pues bien, hoy tenemos a otra figura que es casi imposible de comprender y mucho menos hablar con ella, pero después de mucho indagar y casi suplicar, la tenemos sentada a nuestro lado.

Periodista: Buenas noches, Señora Muerte o… Señorita… ¿Cómo prefiere que la llame?

Muerte: Muerte a secas está bien.

P: De acuerdo, pues Muerte entonces. Lo primero que me gustaría preguntarle es: ¿por qué Dios dijo en la entrevista que le concedió a nuestro compañero que usted no existía?

M: Porque es la verdad. No existo. Lo que ves ahora mismo es solo producto de su imaginación, yo solo soy un estado o una transición de su existencia, nada más.

P: Entiendo… ¿Y a qué se debe que los humanos la hayamos imaginado así, vestida de negro y con una guadaña?

M: Es muy sencillo, querido amigo, porque me tienen miedo. De hecho, los humanos temen todo aquello que desconocen y si es algo que consideran malo o pernicioso para ustedes lo tildan de siniestro, oscuro, feo… Por suerte, ya estoy acostumbrada.

P: Con todo el respeto, Muerte, para nosotros no es nada agradable que se lleve a nuestros seres queridos de las maneras que se los lleva algunas veces.

M: Lo sé, lo sé pero es un trabajo y alguien tiene que hacerlo. Mire, para mí tampoco es agradable arrancar del seno familiar a madres, padres, hijos y hermanos pero es lo que hay, yo solo soy una intermediaria.

P: ¿Intermediaria? ¿A qué se refiere exactamente?

M: No se me permite contar todos los detalles, eso sería como si Dios les hubiera desvelado el secreto de la vida, solo le diré que yo sigo órdenes, nada más.

P: O sea, ¿Que usted no elige a sus víctimas?

M: No, por favor, eso me resultaría imposible. A mí me dicen cada día a por quién tengo ir y a quién debo dar un pequeño toque de atención. Comprendo que debe ser duro para ustedes el que yo aparezca y me lleve a sus seres queridos, conozco mi fama y la asumo, pero si supieran lo que hay después…

P: Creo que ahí radica el problema, que desconocemos tanto sobre usted, que como bien ha dicho antes por eso la tememos. Todo sería más sencillo si nos contara qué sucede con nosotros cuando usted se nos lleva, ¿no cree?

M: (Carcajadas) ¡Anda y no me tire de la lengua! Lo siento pero no puedo decir nada, solo que si yo no existiera, tenga por seguro que a la humanidad le iría muchísimo peor de lo que ya le va.

P: No me va revelar nada entonces sobre la vida después de la muerte, ¿no?

M: ¿Ve? ¡Es que están errados en todo! Ni hay vida ni muerte, todo forma parte de un continuo, de cambios de estado y de poco más y hasta que no comprendan eso seguirán temiendo todo lo que este fuera de su conocimiento.

P: Es complicado…

M: Lo sé, los humanos muchas veces no dan para más, sin ánimo de ofender.

P: Supongo que aún nos queda mucho por aprender. Bueno, Muerte, por desgracia se nos acaba el tiempo de la entrevista. ¿Le gustaría añadir algo más?

M: Solo que “vivan” cada día como si fuera el último. Nunca se sabe cuándo puedo ir a buscarles (guiño de ojo).

P: Vaya, un consejo muy… importante. Gracias, Muerte.

M: Gracias a ustedes y que disfruten de lo que les queda de “vida”.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio".
@Marynfc
Los mundos de Nieves.
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CUADERNO DE VIAJE


Fecha interestelar 8852/42:

Estoy desolado. Sorprendido también y, por qué no admitirlo, asustado. Ayer, después de un último salto por el agujero espacio temporal MG990, vimos nuestro objetivo. Allí estaba. Azul, veteado por unos irregulares velos blanquecinos que los terrícolas llaman nubes, verde, ocre… Repleto de colores y de vida, de centenares y centenares de formas de vida de todos los tamaños y matices, aunque a nosotros solo nos interesa una. La que se hace llamar raza humana.

Cuando llegamos a su satélite, Luna le llaman, nos ocultamos tras ella para no ser captados por sus artefactos que vigilan el universo más cercano y allí, amparados por la oscuridad, le pedí a Olein que encendiera el Xerter para ver lo que había ocurrido en aquel remoto planeta desde que las primeras células aparecieron en él hasta el momento actual en el que nos encontramos.

Nuestro visionador lo envolvió y comenzó la proyección de la historia de la Tierra en nuestros monitores.

Al principio parecía el lugar ideal donde poder establecerse en pacífica comunión con los seres que allí vivían. Multitud de culturas habían construido lo que hoy es la Tierra cubriendo los suelos y las mentes de los hombres con enriquecedoras arquitecturas, sabios descubrimientos que, pese a ser aún muy inferiores a los nuestros, iban por el buen camino, y una gran evolución que todavía perduraba. Estaban en los albores del sumun conocimiento pero era una civilización joven a la que le quedaba mucho por aprender y por descubrir. De ayudarles nos encargaríamos nosotros.

Olein y yo estábamos entusiasmados. Nuestro planeta está a punto de ser engullido por su estrella y necesitamos otro lugar donde seguir viviendo y la Tierra era nuestra tabla de salvación. Presentaba condiciones similares a nuestro mundo y tenía mucho espacio donde poder establecerse. Nosotros, a cambio, les enseñaríamos todos nuestros conocimientos y haríamos avanzar su civilización más y mejor de lo que lo había hecho hasta ahora, pero entonces, justo antes de entablar comunicación con el control de la misión en nuestro planeta, el Xerter nos mostró una cara muy diferente de la Tierra.

Los monumentos majestuosos, el crisol de culturas, la relación tan especial entre el ser humano y el resto de especies, el mar, la imagen de una hembra amamantando a su cría, la risa (algo que quiero aprender a hacer), la suculenta comida que llevan a sus bocas y a sus estómagos, el cine, el amor, la creación de vida de la manera más hermosa que vi jamás, la amistad, los besos, la música, la literatura… todo sacudido por unas imágenes terroríficas que no podía creer que pertenecieran a la misma especie.

Olein y yo estábamos atónitos viendo cómo el mismo ser era capaz de todo lo anterior pero también de matar y torturar a sus propias crías, de masacrar a sus hembras de las maneras más atroces jamás imaginadas, de crear máquinas y artilugios capaces de segar miles de vidas. De algo que llaman guerras donde todo lo anterior llega a su máxima expresión, matándose unos a otros sin remordimientos, incluso muriendo ellos para matar a los demás. Dónde otras emociones cómo el odio, la envidia, la rabia y el miedo, ahogaban a la más pura y poderosa que tenían, pero no se daban cuenta de ello.

Anteponen todo lo bueno que tienen por el poder, por estar en lo más alto sin importarles hacer auténticas barbaridades para conseguir estar por encima de sus congéneres y por unos papeles de colores que llaman dinero. ¡Por el amor de nuestros hijos, es solo papel! ¡En nuestro mundo hace cientos de ciclos estelares que dejamos de usar papel!

No hablan entre ellos, no llegan a acuerdos, no dialogan y cuando lo hacen lo ven como algo excepcional. Las voces y las faltas de respeto son tan usuales, que ya forman parte de su forma de ser.

Y si no tuvieran suficiente con todo esto, además están matando a la Tierra, ¡a su hogar! La están explotando de tal manera que se está muriendo a pasos agigantados. Llenan los océanos, la tierra e incluso su atmósfera de residuos, de mugre y de aire negro y contaminado que a veces no les deja ni respirar. Arrasan sus bosques y matan a otras especies sin control por puro placer, creyéndose los dueños de todo lo que les rodea. La Tierra, se queja a veces, y la naturaleza, nuestra madre, les reprende con cataclismos meteorológicos tan voraces que nuestro mundo nunca ha visto, pero ellos no reaccionan. Sólo se quejan, entierran o queman a sus muertos, reconstruyen y siguen adelante sin ser conscientes del mensaje que la madre de todo les quiera dar.

¡Es increíble! ¡Increíble!

- ¿Qué vamos a hacer? – me preguntó Olein mirando aún el monitor, aunque ya estaba en negro.

- Volver a casa – le respondí antes de soltar una gran bocanada de aire.

- ¿No vamos a aterrizar?

- ¿Para qué? ¿Para terminar muertos o secuestrados en algún horrible lugar? Después de lo que hemos visto dudo mucho que se tomen nuestra presencia en su suelo como algo enriquecedor. Seremos una amenaza para ellos. Todo, hasta ellos mismos, son una amenaza.

- ¿Y qué vamos a hacer, Palsi? Nuestro mundo está a punto de morir – me dijo Olein asustado.

- Volveremos cuándo los humanos hayan acabado con ellos mismos – le dije pulsando con rabia el teclado y poniendo rumbo a nuestro hogar.

- Y, ¿cuándo será eso? – me pregunto Olein preocupado.

- Pronto… muy pronto.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio".
@Marynfc



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MUJER


www.guiarte.com

El maestro se encontraba dando los últimos retoques a su nueva creación, cuando su aprendiz se acercó a él, sigiloso, temiendo romper su manifiesta concentración.

- Sé que estás ahí, ven a mi lado, no temas.

- No quería incomodarle, maestro – confesó acercándose y mirando a la inmóvil criatura que se alzaba frente a él -. Es muy hermosa…

- Y no solo hermosura posee, joven aprendiz. Estás ante mi mayor proeza – dijo el maestro satisfecho.

- ¡Vaya! ¿Y qué hará para considerarla como tal? – se atrevió a preguntar.

Mirándolo a los ojos, henchido de orgullo, el maestro comenzó a relatar:

- Esta divina criatura que he bautizado con el nombre de "mujer", será madre. Albergará durante nueve meses en su seno al futuro de su especie y lo parirá. Sufrirá al hacerlo, llorará y derramará sangre por el hijo que saldrá de sus entrañas pero pese a ello, lo amará, educará y protegerá ante todo y ante todos durante el resto de su vida. También será hija. Venerará a sus padres, los escuchará y cuidará cuando enfermen o la necesiten. Estará siempre a su lado, aunque deba dejar de lado parte de su vida, nunca les abandonará. A parte de madre e hija, también será compañera y amante. Querrá de manera incondicional a la persona que decida compartir su vida con ella. Formará un hogar cálido, limpio y acogedor, lleno de cariño y buenos momentos. Luchará por ello y no permitirá que nada lo destruya. Para conseguir todo ello será trabajadora. Tanto dentro como fuera de su casa. Le faltarán horas al día, pero lo hará. No habrá profesión que se le resista y pese a tenerlo más difícil que el hombre jamás se rendirá.

- ¿Podrá con todo ello, maestro? – preguntó sorprendido el aprendiz.

- Podrá. Para ello la he hecho fuerte, optimista, soñadora, responsable, intuitiva, alegre e inteligente. Sabrá escuchar, aconsejar y ser el hombro donde siempre el resto podrá llorar. Ella, lo hará en soledad cuando este triste y no pueda más, para no preocupar a los que la quieren. Delante de sus seres queridos siempre mantendrá una sonrisa, aunque esté rota por dentro, así ellos la verán feliz y no sufrirán por ella.

- Pues sí que es su mayor obra, maestro – confesó el aprendiz.

- Aún hay más – le explicó retocando el suave y sedoso pelo de la mujer -. Sus besos curarán, sus abrazos calmarán y sus palabras tranquilizarán. Su belleza será patente, siempre, aunque que ella intentará ensalzarla para tapar sus desvelos, su cansancio y el paso de los años. Antepondrá su familia a sus propios intereses, será generosa con los que lo merezcan pero sacará las uñas y su genio con aquellos que quieran dañarla a ella o a los que forman parte de su vida. Los incultos e ignorantes la llamarán el sexo débil por ser, aparentemente, más menuda y frágil que el hombre pero nada más lejos de la realidad. La debilidad no formara parte de su condición. Nunca.

- Es perfecta… - musitó el aprendiz.

- No, no lo es – contesto el maestro. El aprendiz lo miró extrañado -. Hay algo que no logró arreglar en ella. Un defecto que no consigo solucionar – admitió con pesar.

- ¿Y cuál es ese defecto? – pregunto el aprendiz con curiosidad.

- No logro hacer que se valore lo suficiente.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio".
@Marynfc


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PRÓLOGO DE 'CONFLUENCIA'


Hace dos años. Cerca del aeropuerto Ciudad Real Central.

- ¡Parece mentira que antes de conocerte me diera tanto miedo volar! – exclamó la mujer mirando al piloto con visible gesto de adoración -, pero contigo me siento tan segura que hasta me apetece abrir la puerta para saltar y flotar entre las nubes – bromeó mientras le acariciaba la cara con el dorso de la mano.

- Esa sería muy mala idea, cariño – rio él cogiéndole la mano y besándole los nudillos.

Ambos disfrutaban de las preciosas vistas que tenían desde la cabina. Un espléndido cielo azul salpicado con blancas y regordetas nubes parecía no tener fin frente a sus ojos. Él pilotaba su precioso regalo de cumpleaños y ella estaba orgullosa y feliz por el hombre que hacía tan solo unos meses se había convertido en su flamante segundo esposo. Esperaría a llegar a su destino para darle la gran noticia, aunque ya se había adelantado confesándole el secreto que guardaba celosa en su vientre al otro hombre de su vida, pese a que solo pudo escribirle cuatro líneas en la carta que le envió donde estaba privado de lo que ella y su marido ahora mismo disfrutaban. Pese a su situación era incapaz de ocultarle nada.

Un ruido ahogado y chirriante junto con unas secas y fuertes vibraciones azotaron el avión cambiando las sonrisas y las miradas de complicidad por un gesto de asombro, al que siguió el desconcierto y la tensión, mezclada con el miedo que se hizo patente al instante. El pitido insistente y agudo de una alarma y el testigo de fallo de motor apareció frente a los ojos de él.

- ¿Qué pasa? – pregunto ella mirándolo con pánico, mientras él agarraba el timón con fuerza y revisaba los indicadores.

- Ponte el cinturón – pidió visiblemente preocupado mientras apretaba varias botones -. PAN, PAN, PAN, Ciudad Real Control de Polar 66. Se nos ha parado el motor número uno – avisó por radio.

- Aquí centro de control, Polar 66 recibido. Entiendo que tienen un problema de motor y declaran emergencia – corroboró una voz metálica.

- Es correcto. MAYDAY, MAYDAY, MAYDAY. Ciudad Real Control, Polar 66 declara emergencia, tenemos el motor número uno parado. Solicitamos dirigirnos a tomar tierra al aeropuerto Central Ciudad Real. Requerimos los servicios de bomberos, rescate y emergencias.

La voz de él era segura y no temblaba, pero en su interior se temía lo peor, si el segundo motor también fallaba…

Pese a la cantidad de horas de vuelo que llevaba a sus espaldas, no se explicaba por qué demonios el motor había dejado de funcionar y más cuando había revisado concienzudamente el aparato antes de despegar, pero en ese momento debía concentrarse en mantener el avión en el aire y aterrizar cuanto antes.

- ¡Dios mío! – exclamó ella cerrando los ojos y agarrándose con fuerza al asiento cuando las sacudidas empeoraron.

- Recibido. Paso aviso a la Torre y a todos los servicios de emergencia – dijeron desde el centro de control –. Polar 66 cambie con la Torre de Ciudad Real en frecuencia 126,1 – le pidieron.

- Cambiamos con la Torre de Ciudad Real en 126,1 – dijo moviendo el dial con mano firme -. MAYDAY, MAYDAY, MAYDAY. Torre de Ciudad Real de Polar 66, nos dirigimos a tomar tierra en su campo y declaramos emergencia, tenemos el motor uno parado.

- Recibido Polar 66. Todos los servicios de emergencia del aeropuerto ya están activados. Dígame número de personas a bordo, tipo de aeronave y combustible – pidieron desde la Torre del aeropuerto.

- Somos dos personas a bordo – explicó mirando a la mujer que le suplicaba con los ojos llenos de lágrimas y que se abrazaba el abdomen con posesión, que la sacara de allí cuanto antes –, avión de hélice privado, depósito de combustible al 85%. Estamos a 25 millas al suroeste de su campo y estamos perdiendo altura – informó atropelladamente, con la voz cada vez más entrecortada.

- Les tengo en pantalla. Pongan rumbo 030 y desciendan a 2000 pies.

- Rumbo 030 y descenso a 2000 pies. Necesito QNH – pidió refiriéndose al número para calar los altímetros y prepararse para un aterrizaje de emergencia, pero un nuevo vaivén del aparato hizo que su estómago se le subiera hasta la garganta y otra alarma que palpitaba con urgencia en la cabina junto con sonido de la turbina que anunciaba la tragedia le indicaron que de poco serviría saber la presión barométrica.

- QNH 1020 Mb. – informaron desde la Torre.

- Torre estamos teniendo problemas con el otro motor, no sé si podremos llegar.

El avión comenzó a descender a tal velocidad que el piloto era incapaz de hacerse con él. En la que sería la última visión que tendría en su vida, miró a la mujer que tenía a su derecha y le dijo el último te quiero. Ella, le devolvió un ahogado “yo también” y cerró los ojos.

Desde la Torre de control del aeropuerto Central Ciudad Real, los controladores que estaban en ella perdieron el pequeño puntito verde que tenían en el radar y segundos después, un afilado y atronador ruido anticipó el brutal impacto del avión en la loma de una montaña cercana, que convirtió todo en un radio de 500 metros en un amasijo de metal, humo y llamas.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio" (Falsaria).
@Marynfc


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TIEMPO


Compañero implacable que en nuestra mente anida, apenas te conoceríamos si no fuera por el reloj que marca tu vida. Alongado cuando deseamos que pases con rapidez, esperando aquello que tanto ansiamos y demasiado breve cuando llega, haciendo que pases rápido sin apenas notar tu presencia.

Te perdemos cuando lo que tenemos a nuestro alrededor nos aburre, utilizándote en tareas insípidas mientras tu existencia transcurre e, ilusos de nosotros, te queremos recuperar cuando lo que creíamos eterno se ha marchado para no volver jamás.

A veces todo lo curas, incluidas esas cicatrices que parece que no sanarán, y nos conformamos diciendo que si te damos tiempo a ti también todo cambiara, cuando en realidad, somos nosotros los que debemos cambiar.

No te mimamos lo suficiente, te malgastamos, pensamos que serás infinito y muchas veces nos arrepentimos de no haberte disfrutado más, de no haberte querido más para que el sabor de lo vivido impregne todos nuestros sentidos.

Adoro tu momento presente, ese que apenas dura un suspiro y me gusta mirarte a los ojos para ver cómo te alias con el destino. Me gustaría saber lo que me espera cuando pases y mientras pasas te evoco en el pasado, viejo y añejo, de cuyas experiencias vividas ya solo queda un vago recuerdo.

Sabio anciano que nos mira desde las alturas mientras los mortales vivimos dentro de tu ser, usándote a nuestro capricho, queriéndote siempre tener. Cambiamos tus segundos, tus minutos y tus horas, vapuleándote cuando se nos antoja y tú, volátil, te escapas entre nuestros dedos como agua que nunca los volverá a recorrer.

Así eres tú, tiempo. Invisible pero presente, inútil e importante, fugaz y desesperante y pese a intentar controlarte, es al contrario, tú nos guías con tus instantes. Solo nos queda contarte y valorarte, para cuando al final marques el último segundo estemos preparados para abandonarte.

Tic, tac, tic, tac… Tiempo… Siempre presente, nunca eterno.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio" (Falsaria).
@Marynfc
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LA ABUELA


La abuela solo tiene dos dientes. Ella dice que los perdió en la posguerra, por comer pan duro, cáscaras de patata y cecina cuando el día amanecía con suerte.

- ¡Otra guerra hacía yo para acabar con todos esos ladrones hijos de mala madre! – despotrica cuando ve los telediarios.

Ese, entre otros, es uno de sus pasatiempos. La tele. Más que nada porque en la aldea donde vive y en agosto no es que se puedan hacer milagros. Lleva una vida bastante rutinaria desde que mi abuelo tuvo a bien, según ella, pasar a mejor vida para dejar de aguantarla. Se levanta a eso de las ocho, como si tuviera que fichar para hacer las haciendas de la casa, en las que se desenvuelve como pez en el agua ya que lleva toda su vida haciendo lo mismo.

Cuando la abuela termina de fregar la loza, el suelo y todo lo fregable, (que digo yo, que qué ensuciará para pasarse más de media mañana limpiando si vive ella sola, pero ni se te ocurra decírselo porque te mira como si fuera la mujer más guarra sobre la faz de la tierra). Como digo, cuando termina de hacer las tareas de la casa, se calza sus zapatillas y su mandil de salir, como ella los llama, y va a la tienda a comprar. Bueno, a comprar es la excusa, porque en más de una ocasión se va con las manos vacías o con la barra de pan más pequeña que haya y que no necesita, ya que tiene congelada, pero que por no hacerle un feo a la Dolores, se lleva. Allí, a la hora que ella va y de manera totalmente premeditada, se junta lo más granado del pueblo. Otras viudas o casadas con cuarenta años de matrimonio a sus espaldas, que hacen del rumor y el chisme un arte digno de estudio. Pero esas conversaciones matutinas solo son la antesala de la noche…

Cuando es la una en punto regresa a casa, se coloca su mandil de cocinar y se prepara la comida.

La abuela come como un pajarito. Así está, que entre que come poco y la mala leche que gasta tiene un 'tipín' digno de la mejor operación biquini.

- Abuela, tiene usted que comer un poco más, que con estos calores necesita energía – le dice mi madre cuando habla con ella por teléfono, en los meses donde el calor aprieta.

- ¡No digas 'tontás'! – exclama – Estoy echa un roble y os pienso enterrar a todos – dice medio en broma medio en serio, porque la abuela, otra cosa no, pero pelos en la lengua ninguno.

Mi padre me cuenta cómo lo tenía más derecho que a una vara, tanto a él como a su otro hermano, más pequeño y a mi abuelo. Esa casa era un matriarcado en todo regla y nada se hacía o deshacía si la abuela no estaba de acuerdo. Mi padre y mi tío se fueron a estudiar a la capital, como ella la llama, y allí han hecho sus vidas. Mi tío, su ojito derecho, se casó con una enfermera, de pueblo como él, quienes le dieron dos nietos; y mi padre, la oveja descarriada, se casó con una abogada de la capital y de buena familia y solo me tuvieron a mí.

La abuela no traga a mi madre. “La 'señoritinga' de la capital” la he oído referirse a ella muchas veces, y no es que mi madre sea una pija madrileña reconvertida de la movida de los ochenta, pero a la mujer se le ha metido entre ceja y ceja, que le vamos a hacer, al igual que yo, que me dice que soy su vivo retrato.

Cuando termina de comer, recoge lo poco que ha ensuciado y dormita diez minutos en su sillón orejero, que tiene casi tantos años como ella pero del que no se desprende ni con cola, hasta que comienza el telediario de Telecinco y ya no despega los ojos y el culo del sofá hasta que el Sálvame termina. Alguna vez la hemos llamado durante el programa para hablar con ella y ni siquiera nos ha cogido el teléfono.

Cuando su sesión diaria de cotilleo nacional ha terminado, se da una ducha mientras refunfuña sobre La Esteban, El Kiko, La Bollo y demás personajes y personajillos, porque otra cosa no, pero limpia y aseada la abuela es un rato largo. Después de ponerse de limpio, se pone a coser. Ganchillo es su labor favorita, pero también bolillos y bordar entran dentro de sus dones con la aguja. Recuerdo que al ser su única nieta intentó enseñarme pero la destreza manual con hilos y agujas no la había heredado por lo que al final, me dejó por imposible, diciendo que en sus tiempos las niñas de mi edad ya ayudaban a sus madres con la dote y que ahora solo servimos para estar con las maquinitas esas e ir con chicos que nos dejarán preñadas a la primera de cambio.

La abuela y la tecnología no se llevan nada bien y eso que mi abuelo, que en paz descanse, era un manitas arreglando cosas cuando su trabajo como conductor de la línea entre los pueblos de la comarca y la capital de la provincia se lo permitía. La buena mujer se apañaba con la tele, la calefacción en invierno y el abanico en verano. La cocina era eléctrica y cuando algo se le estropeaba llamaba al Antonio, el hijo de la Paca, que había estudiado para eléctrico y por unos eurillos le hacia la chapuza.

A las ocho en invierno y a las nueve en verano, se hacía algo para cenar y era cuando recogía de nuevo y sacaba la basura cuando empezaba de veras el mayor de sus placeres estivales. Cuando hacía frío no le quedaba otra que seguir con las labores e irse a la cama tras dar dos o tres cabezadas en el sillón ya que decía que a esas horas, en la tele, solo había putas y cabrones. ¡Como si el Sálvame fuese un programa educativo!

Pero en los meses centrales del año la cosa cambia y acompañada de su inseparable abanico, su silla plegable y una botella de agua se sale al fresco junto a las vecinas de la calle. Hasta el calor huye cuando las ve salir de las casas por miedo a que sus lenguas también le den un buen repaso.

Suelen hacer corrillo donde la Manuela, ya que su acera es más ancha y allí dan un buen repaso a lo que han oído o visto de unos y unas, de otros y otras. Vamos, que a todo el pueblo y a parte del extranjero le pitan los oídos cuando las buenas señoras se ponen a largar. Se saben la vida y milagros de propios y ajenos y no dejan títere con cabeza.

La semana que viene vamos a verla. No le hace ni chispa de gracia, lo sé. Pero ya está mayor y papá quiere ir a darle una vuelta. Pese a su fortaleza y su carácter, sus últimos análisis no han salido del todo bien, aunque como siempre ella ni caso, y mis padres quieren hablar con el médico.

- En mis tiempos no había tanto matasanos y tantas medicinas y vivíamos tan ricamente – dice con frecuencia.

La verdad es que tengo ganas de verla. Me lo paso pipa con las cosas que dice y los gestos que tiene. Sé que por ley de vida no le queda mucho y más si lo que viene en la analítica es señal de algo grave, por lo que pese a su irreverencia, su peculiar forma de ser y pensar y las broncas que siempre nos echa, la abuela es y siempre será mi abuela.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio" (Falsaria).
@Marynfc
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TREINTA AÑOS DESPUÉS


- ¿Estás nerviosa? – preguntas con picardía en tus grandes ojos pardos.

- Un poco y no solo por el avión – respondo guiñándole un ojo, abanicando mis pestañas delante de su ya maduro rostro.

Él me aprieta la mano y continúa observando el mando de la televisión que nos ofrece la comodidad de volar en primera clase.
Yo, mientras espero que nuestro pájaro de acero se ponga en marcha y nos lleve de nuevo al destino de nuestra ya lejana luna de miel, miro por la ventanilla.

Cuantos recuerdos se me agolpan en la memoria, toda una vida llena de experiencias hermosas y otras no tanto pero siempre vividas junto a la persona que tengo a mi lado. El comienzo fue fácil, aunque siempre tenía la espada de Damocles encima – por no llamarlo miedo e incertidumbre – de que algo fuera a salir mal. Llevaba una pesada carga conmigo que él se encargó de ir liberando gracias a su paciencia, su forma de ser y hacerme ver de que no todos los hombres son iguales.

Los años fueron pasando, años de convivencia con boda incluida donde cada vez me enamoraba más, no solo de él sino todo lo que le rodeaba. Su forma de ser, pese a ser cabezota y algo despistado, defectillos que me encantan y que acepto gustosa aunque a veces me saquen de quicio. Su forma de comportarse, tan amable y dadivosa, haciendo todo por todos sin esperar nada a cambio. Su forma de sorprenderme, llevándome a lugares increíbles, cercanos y lejanos y que forman parte de nuestro pequeño álbum de escapadas de fin de semana, donde lo mejor era que nada estaba planeado y el dejarse llevar era el mejor de los regalos. Su forma de necesitarme, de amarme, como el sediento que anhela agua más que a su propia vida, bebiendo de mí como si fuera lo único importante y radiografiando cada parte de mi cuerpo con sus ojos, sus manos y toda su alma, hasta que no sabía dónde terminaba yo y empezaba él.

Proyectos en común empezaron a surgir en nuestras cabezas, ingenieros de una vida que solo era nuestra pero que queríamos compartir con todos los demás. Algunos fueron fáciles, otros nos costaron sangre, sudor y lágrimas pero al final, con mi fortaleza que no sería tal si no fuera él mi sustento y con el empeño y las ganas de conseguir todo lo que nos proponíamos, lo conseguimos.

El nacimiento de Cayetana, nuestra primera hija… Se me saltan las lágrimas al recordar aquellos nueve meses, con sus altos y sus bajos pero siempre con la sensación de que la vida nos había recompensado con el mayor de los tesoros y con el miedo de que algún pirata nos lo robara. Pero no fue así y protegiste nuestras aguas frente a todos los peligros, y sigues haciéndolo para que nada nos pase ni a ella ni a mí. Luego vino Alejandro para cuadrarlo todo y ahora, ambos ya más altos y guapos que nosotros también están formando sus familias y aunque siempre serán nuestros pequeños, los polluelos han volado del nido y estamos de nuevo solos, como al principio.

Bueno, como al principio no. Con tantos años a nuestras espaldas, nada es como al principio. Solo nos queda los más importante, la necesidad que tenemos el uno del otro. El amor que lejos de convertirse en otra cosa ha ido creciendo, pasando por etapas tan intrincadas como una montaña rusa, pero que siempre se ha mantenido vivo, llameante, sin posibilidad de que nada ni nadie lo apagase. Hemos vivido decenas de vidas en una sola, ya que ésta nos ha hecho evolucionar siempre a mejor, tanto en nuestros trabajos como en nuestra vida personal.

Y ahora, le observo con los surcos de la experiencia marcados en la cara, que casan perfectamente con los míos. Y así, arrugados por los casi 122 años que sumamos juntos estamos de nuevo donde estuvimos hace 30 años, viajando de nuevo a Canadá gracias al regalo de nuestros hijos en nuestro trigésimo aniversario de boda.

Le cojo la mano por instinto y me devuelve la caricia mientras sonríe. Esa sonrisa que me llena de paz y me calma, esa sonrisa de niño travieso que aún conserva y que me vuelve loca. Esa sonrisa que me dice que todo irá bien.

Mi vida podría haber sido diferente debido a las encrucijadas a las que tantas veces me vi sometida, decidiendo al final por uno u otro camino de los que se abrían ante mí. Podría haber escogido otros caminos, otras metas, otros retos y seguro que mi vida habría sido diferente pero lo que estoy segura es que él hubiera estado presente en todos ellos. Él, la mejor elección que he hecho en mi vida y que me ha acompañado, me acompaña y me acompañará allá donde vaya porque sin él no hay vida, porque él es mi vida.

María de las Nieves Fernández,
autora de "Los ojos del misterio" (Falsaria).
@Marynfc
 
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