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MANEL LOUREIRO

Imagen: Víctor González.

Con postura y gesto cansados por un día repleto de entrevistas, comparecencias y promoción de su última novela, Manel Loureiro nos recibe en el Edificio Planeta para hablar con nosotros de Fulgor, una novela apasionante que atrapa al lector de la primera a la última página. Empezando hace ya varios años a través de un blog personal, Manel Loureiro ha sido capaz de llamar a la puerta de grandes editoriales españolas e internacionales y de convertirse en el autor español revelación en los Estados Unidos.  

Víctor González: Antes de empezar a leer el libro, el lector ve en la contraportada una pregunta que dice «¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para salvar a los tuyos?» ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Casandra, la protagonista de esta novela?

Manel Loureiro: Casandra está dispuesta a llegar hasta donde haga falta, porque Casandra se enfrenta a una de las preguntas más despiadadas que se le puede hacer una madre: «¿qué estás dispuesta a sacrificar por tus hijos?» Las madres son capaces de hacer lo que haga falta. Es una pregunta con trampa, todos tenemos líneas rojas que no nos atrevemos a cruzar, que no podemos hacerlo. Yo, por ejemplo, sería incapaz de hacerle daño a un niño o de entrar en una joyería a punta de pistola, pegarle un tiro al joyero y robarle todas sus joyas. Yo no podría, y seguro que tú tampoco. Pero si yo te digo: «si no coges esta pistola y entras ahora mismo en esta joyería mueren tus padres, tus hijos, o la persona que tú más quieras». Entonces, la pregunta ya no es si estás dispuesto a hacerlo o no, ahora es: «¿cuánto tiempo va a pasar hasta que cojas esa pistola?» Ahí te das cuenta de que esas líneas rojas que hasta ese momento parecían inamovibles se desdibujan, ya no hay límites cuando llegas a un extremo en el que pierdes de vista las referencias morales. 

VG: Sueles acabar los capítulos con una sola frase, impactante, que deja al lector con ganas de empezar el siguiente, recordando a aquellas novelas de folletín tan propias del romanticismo francés que dejaban a los lectores en ascuas hasta el próximo número. ¿De dónde te nace ese talento para enganchar al lector? ¿Es fruto de tus estudios de derecho (y por tanto, de retórica y oratoria)? Y, ¿crees que esa fue la clave del éxito cuando empezaste a publicar en tu blog?

ML: Pues nunca lo había pensado por ahí. Yo creo que viene más de mis lecturas. Yo crecí leyendo clásicos como Verne y de allí, cuando ya me los leí todos, me fui directamente a los escritores de bestseller norteamericanos. Resulta que sucede una cosa muy curiosa que en España no es muy conocida. En Estados Unidos, en los 70, se estaba produciendo una bifurcación muy peligrosa de la literatura: por una parte estaba la literatura de clase, elegante, de Truman Capote para arriba; y por otra parte estaba la literatura pulp, la barata, lo que aquí en España sería las novelitas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía. Se estaba diferenciando tanto que en medio estaba quedando una zona muerta, muy peligrosa, que era donde estaba la mayoría de los lectores: lectores que querían leer historias vibrantes pero que al mismo tiempo tuvieran el refinamiento estructural que tenía la "buena" literatura. Ahí dentro hay un grupo de autores que en los 70 crea una nueva forma de hacer literatura, que es esta literatura de bestseller: ágil, ligera, divertida, que te crea tensión, que bebe mucho de recursos de la televisión porque somos hijos de la generación audiovisual. Ese estilo es el que a mí siempre me fascinó. Cuando yo empecé a escribir, lo que hice básicamente fue escribir lo que yo leía, y me sorprendía que nadie lo hubiera hecho antes. Y esos cliffhangers, esa manera de acabar efectista que sirve como enganche del siguiente capítulo no deja de beber de la narrativa audiovisual; del cine, de la televisión,... Seguro que estás cansado de ver series de televisión que lo hacen, igual que los MacGuffin, que te obligan a avanzar a través de la historia y que no tiene ninguna importancia lo que sucede pero es ese 'rollo' de que te obliga a saltar de capítulo en capítulo. Todo esto es tan importante, esa manera tan visual de contar las cosas, ha cambiado tanto... Y es que tú, tienes en tu cabeza un montón de códigos y de resortes que yo puedo utilizar, pero tú ya los tenías previamente, de serie. Benito Pérez Galdós, en sus Episodios Nacionales, contando la Batalla de Trafalgar se tiraba quizás seis páginas. Pero no lo hacía porque fuese un torpe, sino porque era la única manera que tenía de hacerlo. Para saber de una batalla solo había dos formas: haber estado en ella o que te la contaran de una manera prolija y detallada. Yo no necesito hacer eso. Ahora, con todos los códigos que tienes en tu cabeza, solo me hacen falta dos pinceladas para crear una escena completa en tu cabeza. Pero no es mérito mío, es tuyo, tú ya lo tienes todo eso en la cabeza acumulado. Es una nueva forma de escribir.

VG: Tratas en la novela el aura de las personas, el fulgor, mezclado con elementos fantasiosos. Pero es cierto que hay personas que pueden ver el aura de los demás, aquello que llaman “sinestesia emocional”. ¿De dónde nace tu idea del fulgor?

ML: Conocí el tema de las auras de forma incidental. Yo sabía que había literatura científica al respecto, y las cámaras Kirlian, etc. No está nada claro. Sí que podemos decir que si hace 150 años nos hablan de los rayos X nosotros les tomamos por locos. Hoy en día es imposible ver las auras de una manera física constatable científicamente, pero eso no quiere decir que en un futuro no se pueda. Y sí que es cierto que todos somos capaces de detectar gente cargada de buena y de mala energía. Si somos capaces de detectar eso de manera intuitiva, el hecho de que haya una manifestación física, esa sinestesia que me comentabas, que te permita captarlo, no me parece descabellado. Y para mí, que vengo de un entorno cultural como el gallego, que bebe mucho de la fantasía, de las meigas, la Santa Compaña, los trasgos, muy compartido todo con países como Gales o Irlanda, pero que además soy muy racional y escéptico, este es un tema que no me parece descabellado. 

VG: Narras desde fuera pero conociendo todo de los personajes, lo que hace sentir al lector como en una película. Dado el toque cinematográfico que tienen todas tus novelas, ¿veremos película de esta? 

ML: Espero que sí. Algo se empieza a vislumbrar ya, pero el cine es muy complejo y de proceso muy largo. Pero a mí me hace muchísima ilusión. Me encantaría que la novela llegase a mucha más gente y en un nuevo formato como es el cine. 

VG: Cuentas que la novela nace de un chispazo una noche que conducías escuchando a Johnny Cash. Ese chispazo, la inspiración, ¿cuándo crees que llega? ¿Te pilla trabajando como defendía Picasso o llega de repente como ese ‘aliento de Dios’ que llamaban los griegos? 

ML: Esto que me dices es lo de las musas, y yo siempre digo que musas hay tres: una es la tele, otra es la Play Station y la última, muy pequeñita y que habla muy bajito, es la que te susurra las ideas. A esta hay que hacerle caso y es la que queda ensordecida por las demás. Digo televisión o Play Station pero podría ser salir de copas, estar con los amigos o rascarte la barriga mientras juegas al ordenador. La inspiración te tiene que llegar trabajando. La fórmula del éxito, que nadie la conoce ni la tiene, seguro que se acerca a un cóctel formado por pequeño porcentaje de talento, un porcentaje enorme de trabajo duro y cantidades ingentes de suerte. La inspiración surge de las cosas más insospechadas. Yo hago una cosa que supongo que también harán muchos autores: yo soy como una ardilla emocional en el sentido de que voy acumulando experiencias. Ahora estoy hablando contigo y en cierta manera estoy registrando cómo vas vestido, peinado o cómo estás sentado.  Todo eso se queda guardado en un cajón y de repente, un día, tú apareces en una novela mía. Y yo ni sé que eres tú. 

VG: Está claro que, desde hace ya tiempo, a la hora de escribir tienes que pensar en todos los distintos lectores y culturas a las que va a llegar tu libro. ¿Cómo te ha afectado esto al empezar una novela?

ML: Tengo lectores en todos los continentes y eso es genial, llegas a gente de distintas culturas, sensibilidades, etc. Pero, ¿sabes cuál es el común denominador de todos ellos? Que a todos les encanta que les cuenten historias. Las historias son lo que nos permite ponernos en la piel de otros y sentir emociones de otros. Da igual dónde estén ambientadas y cómo, lo que realmente importa es lo que pasa. Es como Juego de Tronos, una serie que está ambientada en un universo totalmente imaginario, o cualquier historia de Joe Abercrombie. Todo eso funciona. No es importante dónde sucedan las historias, lo importante es lo que estas cuentan. La clave está en contar historias que emocionen a la gente independientemente de cuáles sean sus entornos culturales, y que toquen las fibras comunes que todos tenemos, las emociones humanas fundamentales: amor, odio, venganza, redención, celos, superación, etc.

VG: ¿Cómo explicas el gran éxito que han suscitado tus novelas en EEUU? Y, ¿qué piensas de que se te considere el Stephen King español?

ML: No lo puedo explicar porque si pudiese, estaríamos teniendo esta conversación en mi yate, camino de mi mansión en el Caribe... No existe una fórmula del éxito. Existen factores que pueden ayudar porque una cosa es escribir y otra es tener éxito editorial. Y el éxito editorial responde en la mayoría de ocasiones a factores insospechados. En mi caso, por ejemplo, me ayudó mucho lo que hicieron los guionistas de The Walking Dead. Yo estoy recién publicado allí, soy un desconocido, y de repente comienzan a recomendarme. Eso fue como subirme en una catapulta y hacer ¡paf!, ahí va. Después ya tienes que navegar tú solo. Y con respecto a lo de Stephen King español, es una cosa halagadora pero que me queda muy grande. Este hombre, cuando yo tenía pañales, ya estaba publicando bestsellers. Tengo que crecer un poquito para caber en su chaqueta. Pero bueno, todo esto significa que estamos haciendo cosas muy parecidas y que caminamos en la misma senda, y eso me gusta porque me gusta cómo escribe él y a mucha gente también, con lo cual a mucha gente le debe de gustar cómo escribo yo. 

VG: Has sido siempre un gran defensor del acceso a los libros para todo el mundo, incluso creo que al principio ofrecías gratis tu primera novela para los lectores de tu blog. ¿Cómo ves todo eso ahora que estás dentro de un grupo tan grande e importante como Planeta?

ML: Fíjate en el libro [señala la opción de descarga gratuita del ebook al comprar el libro en papel]. Esto me encanta porque es una aspiración que yo tenía desde hace mucho tiempo. El lector está comprando el contenido, no el formato. Tú, como lector, estás invirtiendo dos cosas importantes en mí: dinero, y la más importante, tiempo. Y eso es sagrado, yo tengo que respetarlo y darte algo a cambio de ello. Lo que te doy es un pacto, te digo «ven, cógete a mí y nos vamos a subir a una noria. Y cuando lleves diez páginas de este libro no vas a poder parar de pasar páginas hasta el final». La sensación que tienes al acabar un libro, dejarlo sobre la mesa y decir: «joder, ha molado», eso es la p****. Hay otro terreno que aquí en España se ha confundido y que es el free inglés, la cultura libre por la cultura gratis. Yo soy de los que digo que el precio de los libros en digital todavía es caro, y es algo que a mí me ha dado problemas. Pero lo digo, porque es lo que pienso.  Pero igual que digo esto, también pienso que gratis total tampoco puede ser. Yo me he pasado un año de mi vida encerrado escribiendo esto y creo que me merezco algo a cambio de las horas de evasión que te estoy ofreciendo, igual que el señor que ha hecho la portada o la señora que ha hecho la maquetación. Si no das nada a cambio, al final nadie lo va a hacer y tú te vas a quedar sin nada. ¿Que el precio es caro? Puede ser, aunque es la gran excusa. Aún tiene recorrido a la baja, pero mientras tanto, tienes cosas más baratas e incluso tienes bibliotecas públicas, que son esas grandes desconocidas. 

VG: Por último, tú acabaste dejando de lado tu carrera como abogado para dedicarte al oficio de escritor. ¿Qué les dirías a todos aquellos jóvenes, y no tan jóvenes, que dudan del hecho de ser escritor o que creen que ya es demasiado tarde para empezar a escribir?

ML: ¡Nunca es demasiado para esto! ¿Tú sabes cuántos años tenía Cervantes cuando escribió El Quijote? Que yo haya empezado relativamente pronto no significa que sea el momento de empezar. Para esto no hay edad ni momento. Es más, yo noto que mi momento de madurez como creador de historias está muy adelante todavía. El mensaje de fondo es: si relamente quieren hacerlo, que no cejen en el empeño, que no abandonen ni bajen los brazos nunca. Pero que no se obsesionen jamás con el bestseller o con el triunfar porque ese es un camino a la frustración. Que se concentren en escribir una gran historia, que emocionen, que nos hagan no parar de pasar páginas. Pero sobre todo, que se concentren en disfrutar escribiendo, que se lo pasen bien, porque si hacen esto, el resto llega solo. En este trabajo no hay atajos, si lo quieren hacer tomando atajos van a ir al barranco. 


LIBREGUNTAS: 

Libro de papel o electrónico: Papel.

Narrativa o poesía: Narrativa.

Un libro: No puedo. Cientos.

Un poema: No sé.

Un autor: Extranjero, Stephen King. Nacional, Javier Sierra.

Un personaje: Jack Torrance, de El Resplandor.

Una cita: «Que vuelen alto los dados», Julio César. 

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1Q84 - HARUKI MURAKAMI


Hoy toca irse a Japón para hablar de este gran escritor, enraizado completamente en su país, en su cultura, su sociedad, 100% japonés, pero amante del Jazz, corredor de maratones a sus 63 años, adicto a Stephen King. Fuertemente criticado en su país por su literatura excéntrica, demasiado moderna, surrealista, pero alabado en todo el mundo, situado en el más alto pedestal de los escritores actuales, definido por The Guardian como uno de los mayores novelistas del mercado actual, ganador del Premio Franz Kafka y del importantísimo Premio Jerusalem, el cual se concede a escritores cuyo trabajo se haya destacado por la lucha por la libertad en el contexto de la sociedad actual; entre muchos otros. Una persona la cual delante de toda la prensa en la entrega del Premi Internacional de Catalunya y a la pregunta de cómo se definiría él mismo destacó: “Nací y crecí en Japón, hablo japonés, como comida japonesa y hago todas las cosas que hacen los japoneses pero me gusta el jazz y la literatura occidental, desde Dostoievski hasta Stephen King, ¿qué es oriental y qué es occidental?”.

Llega la que muchos profesionales del sector califican como su obra maestra. En esta obra seguiremos encontrando sus excentricidades, seguiremos encontrando preguntas en nuestra cabeza de por qué escribe así, de qué ha querido decir, seguiremos encontrando al puro Murakami. Pero en esta novela empiezan a girar en otro sentido las tornas que mueven su bolígrafo, estas empiezan a virar hacia el sentido de la crítica de la sociedad que envuelve la historia, ya no se inventa un mundo surrealista en el cual evadir a los personajes, ya no nos sube en su nube de irrealidad para bajarnos al cerrar el libro, esta novela bebe un poco más de la “realidad”, si se puede unir realidad a Murakami. Habla acerca de la sociedad japonesa, del machismo que la condecora, del maltrato, tanto físico como psicológico, pero sin perder su esencialidad, sin perder sus trazos, esos que sólo producen preguntas sin respuestas, preguntas que con otros libros te harían cerrarlos al momento y olvidarte de ellos, pero que, con Murakami, sólo hacen que engancharte más a él, buscar esas respuestas que sabes que no vas a encontrar, buscar su magia, su brillantez, sus destellos de genio, su literatura excelsa, su todo, él.
Hay un comentario de un lector de este libro que ha sido muy destacado y que muestra perfectamente la sensación con que se queda cada uno de los lectores de esta novela: “...al acabar de leerlo, te quedas con una sensación extraña. Con un '¿y qué diablos querrá decir esta novela?'. Pero ¿sabes?, ¿cómo te lo diría?, ese 'no sé adónde quiere ir a parar' se te queda grabado en la mente. Es extraño”. No podría definirse mejor.

Aomame, entrenadora y masajista, con un cuerpo diez y deseada por todos los hombres, se dedica fuera de sus horas de trabajo a asesinar a hombres que no aman a las mujeres, hombres que las maltratan hasta llegar al punto de brutalidad, hombres sin ningún valor, y que ella les muestra su destino. Murakami nos mostrará a este personaje por dentro, lo hará evolucionar, nos enseñará su verdad, cómo es en realidad, sus sentimientos, sus penas, sus antecedentes personales. Hasta que le llega la tarea de liquidar al líder de una importantísima secta religiosa, que complementa su creencia y su necesidad de energía espiritual con el abuso de niñas, incluida su hija.

Tengo, profesor de matemáticas y escritor fracasado, se introduce casi sin quererlo en una farsa de enorme magnitud dentro del sector editorial de su ciudad, en un túnel dónde no verá salida, acentuado por problemas que le irán sucediendo que no harán más que agravar su situación.

Dos redes, tan diferentes y separadas que no harán más que acercarse, que nos dejarán boquiabiertos con el final de la historia, totalmente inesperado, acompañado del lujo de los toques literarios de Murakami, como la ‘little people’, pequeños personajes que devorarán la vida de los protagonistas sin prácticamente existir, la incertidumbre de haber entrado en un mundo dónde hay dos lunas, el dilema de si vale la pena esconderse de por vida por hacer un trabajo que sueñas con hacer, la búsqueda del amor de sus vidas, sexo, asesinatos, psicología, conexiones inesperadas, sucesos escalofriantes, desternillantes y hasta asfixiantes…

…todo en un sólo libro, todo en 1000 páginas, todo en un simple papel, en unas simples líneas, en unas simples letras, que se juntan para formar una obra de arte, que se juntan para formar unos trazos que cuentan historias, unos trazos simples, al alcance de todo el mundo, que son simples letras una detrás de la otra, que no tienen que tener ningún valor, cualquiera puede hacerlo, cualquiera puede escribir historias así, hasta que un genio empieza a colocar estas letras, una detrás de la otra, como todos nosotros haríamos, pero totalmente diferente a como todos nosotros haríamos, dejando a estos cualquiera sin aliento, preguntándose qué hacen mal, obligando a la vista a clavarse en ellas, a no dejarlas, como si necesitasen de la vista para vivir, como si fuese su fuente de alimento, su fuente de vida.


Víctor G.
@libresdelectura 
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GARY SHTEYNGART

Imagen: Brigitte Lacombe.
Con motivo de la presentación de 'Pequeño fracaso' (Libros del Asteroide), las memorias de Gary Shteyngart antes de convertirse en Gary Shteyngart, pudimos realizar esta cercana y divertida entrevista a un escritor que no dejará a nadie indiferente.  Sátira, humor y confesión a partes iguales. 

Andrea Rovira: Gary o Igor Shteyngart empezó a escribir para sentirse querido y aceptado. ¿Por qué escribe hoy en día?

Gary Shteyngart: Bien, ya sabes, ahora tiene una hipoteca, tiene que pagarla... También tiene un niño en Manhattan, cosa que le resulta caro... Cuando empecé a escribir era una diversión y a la vez lo que me salvaba un poco: volvía de una fiesta, me sentía triste y me ponía a escribir. Ahora es un trabajo. La gente siempre me dice que su primera novela es un acto artístico, después, ¿qué más puedes hacer? (se ríe).

AR: Dices que durante tus años de adolescente desarrollaste un problema de personalidad. No sabías si eras Igorcheyk, Gary Ñu, Gary Shteyngart... ¿Quién es ahora? ¿Cree que es un mix de todos o que hay alguna personalidad que resalta sobre las otras?

GS: Con la edad, o bien coges tu personalidad y la rompes en mil personalidades diferentes, o bien coges a tu persona y la estiras hasta quedarse llana, y entonces tienes una personalidad aburrida. Yo creo que me he quedado en esto último.

AR: En el último capítulo hablas mucho de tus padres y de lo que ellos sufrieron, y de cómo tu padre dejó de llamarte “hijito”. ¿Tiene Gary Shteyngart a veces la necesidad de sentirse otra vez como el pequeño Igorcheyk, aunque la relación con su padre fuese difícil?

GS: Claro, todo el mundo quiere volver a sus momentos buenos de la vida. Tener un hijo me ha recordado a eso porque hay esa oportunidad de hacerlo bien y no mal, pero nunca lo sabes: cada persona es diferente, es una combinación de cosas diferente y no sabes cómo alguien va a resultar ser. En la mayoría de casos es suerte y genética. En el mundo, a la mayoría de personas se les puede decir quién van a ser desde el minuto uno, al menos es así con la gente que conozco.

AR: Tus padres no volvieron nunca a Rusia...

GS: Nunca. Yo creo que es un país deprimente. Y volver donde se criaron... el centro de la ciudad es muy bonito, pero también empezaron a ver perros moribundos, borrachos por la calle... Mi madre decía: «¡todo estaba mejor cuando vivía Stalin!». Pero solo el hecho de ser rodeado por millones de rusos creo que es algo depresivo. Bueno, todo el mundo que puede se está yendo de allí. Toda la gente que yo conozco en San Petersburgo se quiere ir de allí lo más rápido posible.

AR: En tu libro también explicas cómo tu padre, cuando llegaron a América, fue a una sinagoga y la comunidad judía les empezó a prestar dinero sin ningún problema y con mucha generosidad. ¿Diría que esta generosidad y espíritu de comunidad aún está presente?

GS: No tengo ni idea. El sitio donde vivo no es para nada religioso, así que no sé cómo sería hoy en día. Pero para entonces todo era muy político: sacar a judíos de la Unión Soviética era es gran “trabajo” para que todo el mundo estuviese junto, etcétera. Los judíos americanos se sintieron en parte también culpables durante la Segunda Guerra Mundial por no salvar a las víctimas del Holocausto, así que creo que para ellos fuimos esa oportunidad de “arreglarlo”, de alguna manera. Pero estuvieron muy sorprendidos cuando llegamos, porque no éramos religiosos para nada, comíamos jamón todo el rato...

AR: Sí, realmente a mí me chocó cuando leí tu libro: esta generosidad que ahora no se ve mucho, por ejemplo con los refugiados sirios, al menos aquí...

GS: Sí, pero los refugiados sirios no son españoles, o ingleses, son sirios. Pero yo lo pienso, y nosotros también podríamos haber sido perfectamente una familia de Siria: no teníamos nada que ver con los otros judíos.

AR: En relación con el tema judío, aunque no eres religioso, en las memorias retratas cómo preguntaste a tu madre por qué estabas asustado de todo, y cómo ella te respondió “porque eres judío”. ¿Crees que es eso cierto?

GS: Creo que incluso ahora se pueden trazar orígenes de enfermedades, ansiedades o miedos que resaltan más en una comunidad étnica que en la otra. No sé por qué por eso (ríe). En el genoma de los judíos del holocausto aparecen muchas enfermedades, y estoy seguro de que la ansiedad y el miedo es una de ellas.

AR: Me quedé muy sorprendida con la historia de tu primera televisión y cómo el pequeño Gary iba todos los días a casa de la abuela para ver los programas. Evidentemente, la televisión jugó un papel muy importante en tu aceptación entre los otros niños...

GS: Sí, todo iba sobre la televisión en esos tiempos. Sería el equivalente a Facebook ahora.

AR: Eso quería preguntarte: ¿crees que la relación de ahora niños-televisión es la misma que antes?

GS: No, en absoluto. Ahora es todo Facebook, redes sociales... Los niños ya no miran la televisión, ahora miran cosas en una pantalla. Pero esto es interesante: casi todas nuestras interacciones son ahora online, así que los niños tienen que adaptarse a ese tipo de pensamiento. Para mí, hubiese sido mejor, porque siempre fui mejor escritor que orador (tenía un acento pésimo), así que creo que mi vida hubiese sido mejor.

AR: Dices que cuando comprasteis el primer televisor, paraste de escribir. La televisión es genial pero también hace perder un poco la imaginación a los niños...

GS: ¡Claro! Todo elimina la imaginación. Cuando me voy a otro país y soy demasiado tacaño para pagar el Wi-fi público y me doy vueltas por la ciudad sin estar enganchado a esta pequeña cosa (me enseña el móvil), me doy cuenta de hasta el más pequeño detalle. Hoy he mirado un rascacielos y había un par de chicos en el último piso subidos en una grúa limpiando los cristales... No habría reparado en ello si hubiese estado mirando algún tweet estúpido. Te conviertes en una persona totalmente diferente cuando estás siempre online. Llevo un mes fuera de casa y me doy cuenta de lo necesitado que estoy de encontrar Wi-Fi.

AR: Dices que el psicoanálisis te salvó la vida... ¿cómo te afectó o influenció en la escritura?

GS: Simplemente me mantuvo apartado del consumo habitual de drogas y alcohol. La gente siempre dice «bueno, si vas a psicoanálisis pierdes aquello que te empuja a escribir», yo no creo que sea así. Para mí lo que hizo fue darme un tiempo cada día donde estar sobrio y trabajando.

AR: ¿Y te ayudó a reconocerte y aceptar todo aquello por lo que habías pasado?

GS: Ya estaba haciendo eso a través de la escritura. Pero no es un proceso de grandes descubrimientos, es algo médico: realmente te baja la ansiedad, la depresión, y puedes funcionar mejor. Ahora algunos se medican para lograr ese efecto, pero los medicamentos no hacen todo el trabajo; pueden tratar algunos de los síntomas pero el problema base sigue existiendo, y para eso me sirvió a mí la psicoanálisis. No estoy en contra de las drogas tampoco (ríe).

AR: Basado en tu propia experiencia como creador y profesor, ¿qué consejo le darías a un joven escritor?

GS: Vaya, es duro ser un escritor joven, porque realmente no sabes quién eres. Es encontrar su propia voz, eso es duro; porque leemos mucho, y eso está bien, pero evidentemente nos dejamos influenciar por esas lecturas y lo difícil está en encontrar el punto medio, ya sabes, ¿quiero ser el nuevo Nabokov?, bueno, ¡pues no seas el próximo Nabokov, ya tuvimos un Nabokov! Pero la pregunta es: ¿cómo coges lo mejor de todos los autores que has leído y a la vez te mantienes fiel a ti mismo y a tu propia voz? Odio a los escritores que suenan como otros escritores, no hay nada más triste que eso.

AR: ¿Así que piensas que un escritor también debe aportar un tono personal?

GS: Sí, por eso quizás en América hay tantos escritores inmigrantes, porque la experiencia que aportan es muy diferente de la experiencia estándar. Todo lo que se escribe se convierte, casi por naturaleza, en una voz diferente.

AR: Tu madre te llamaba “Pequeño Fracaso”... ¿cómo te llama ahora?

(Suelta una carcajada) ¡Solo Igor! ¿Sabes? Cuando publiqué mi primer libro fue como un acto de emancipación. Siempre me pregunto si la razón por la que me convertí en escritor fue para crear esa distancia: cuando te haces abogado, puedes ser un mal abogado, pero si te haces escritor es como decir “no soy tú, soy diferente a ti”. Y en Rusia eres visto como una extensión de tus padres, en cambio en América el individualismo es lo más importante.


LIBREGUNTAS:

Libro electrónico o de papel: Papel, por supuesto.

Narrativa o poesía: Narrativa.

Un libro: Pnin, de Vladimir Nabokov.

Un poema: Charles Simic, cualquiera de sus poemas.

Un autor: Iván Turguénev.

Un personaje: (se lo piensa un buen rato) No sé... es mejor que se los deje tranquilos, ¡a los personajes!

Una cita: No soy fan de las citas, ni los eslogans... No me inspiran. Me inspira la buena comida.

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LOS SUEÑOS QUE ME CURAN


Como de costumbre, estaba perdida en mis pensamientos internos y eternos. El sol me acariciaba y me doraba la piel mientras yo, con los ojos cerrados, viajaba lejos, hacia dunas ondulantes y recuerdos frágiles como las hojas de papel que se mojaron entre lágrimas y no volvieron a ser las mismas.

Fue de repente, en uno de esos giros inesperados que da la vida de vez en cuando, que abrí los ojos y, como nunca antes, me sentí despierta.

Justo antes de despertar, soñé con largos monólogos interiores oprimidos por ansia de irrealidad y suspiré verdades ahogadas en las vidas de una mayoría silenciosa. Volé a un lugar donde la vida no se estructura en edades, ni se mide en tiempos escuetos que no dan cabida a los deseos del inconsciente. Y en brazos de ese lugar remoto, con hambre de libertad, me columpié entre los anhelos de una infancia fugaz y los retazos de una inocencia perdida.

También estabas tú, ahí de pie, a la izquierda del árbol de la vida; mirándome.

Llévame allí. - te dije-. No me hinches el ego con globos de colores vacíos de ilusiones, ni me regales falsas sonrisas innecesarias, ya no las quiero. Llévame donde las rosas tienen espinas y pinchan, para que yo elija si quiero que me duelan. 

Pero súbeme alto primero. Hazme creer que controlamos todo, cada detalle, mientras escalamos juntos la cima de la felicidad que nos contaron. Y cuando estemos en lo más alto, dejémonos caer, huyamos. Sí, por favor, hagámoslo. Salta conmigo para que podamos encontrarnos.

Me desperté así, entre imágenes difuminadas de cimas, rosas y espinas; y vi que seguías a mi lado, sonriendo.

IG: @andreamoonforce

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HAZTE UN FAVOR Y VIVE


¿Por qué no nos centramos en vivir? Simplemente vivir. No pensar en futuros ni pasados, solo presente. En disfrutar de lo hermosa que es la vida y en sus regalos. Deja de hacer planes y empieza a hacerlos realidad. Viaja ahora que tienes tiempo. Vete a cualquier playa y dibuja tu bonita vida en la arena. Escoge cualquier montaña y refúgiate del mundo. Señala a unos labios y dispara. Besa, besa mucho. Abraza un poco más y ríe más de lo normal. Si tienes suerte, escoge a un buen compañero de viaje y si no, descúbrete a ti misma. 
Disfruta, al fin y al cabo todo lo hacemos por una sola razón, estamos vivos. Y eso significa una cosa; aprovecha tu día a día al máximo porque llegará un momento que las ganas de decidir por ti mismo se habrán esfumado y te darás cuenta que el miedo y los quehaceres te han hecho dejar ir la vida. Y amigo, eso no te lo podrás perdonar jamás. No te hablo de grandes planes, si no de pequeños momentos que pueden convertirse en únicos al final del camino. Disfruta y descubre los hermosos rincones de la vida. Mucha Suerte. 

Blanca de Paco.
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SUEÑOS DE MADERA


Sueño que descanso mirando las estrellas tumbada junto a una hoguera, sueño que disparo una flecha bajo el cielo azul, sueño que cavo en la tierra húmeda un pequeño hueco con las manos desnudas y dentro de él pongo una semilla, sueño despierta que talo un árbol para hacerme una mesa, y unas sillas, que yo elijo el árbol y que el árbol me escoge a mí, sueño que camino y me adentro en el bosque descalza, escuchando los pájaros susurrar y las hojas mecerse entre rayos de sol, sueño que consigo el sustento por mis propios medios y bajo mis propias normas, sueño que vivo como me siento, natural, sueño que me alejo del suelo de asfalto que nos han impuesto, y me adentro en nuestra cuna, que me mece el agua helada de un río, el viento que se abre camino desde el mar, el reflejo de la luna.
Sueño que en un lugar más vacío de nosotros los animales no me teman, sino que se acerquen a mirar, sueño que donde la luz del ser humano sea más tenue tendré más ganas de brillar, sueño con observar la belleza y formar parte de un mundo que para mi tacto es desconocido, formar parte de la naturaleza y que la naturaleza se funda conmigo. Y soñando descubrí mi sino.

Alba Ferrer.
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BUSCA TU CAMINO


Sé que a veces parece complicado; todos fallan y la vida toma un tinte oscuro. Las oportunidades empiezan a desaparecer y lo que resultaba el camino fácil; se complica un poco. Lo sé, a veces cuesta. Cuesta pensar en el lugar donde deberíamos estar y darse cuenta de que estamos a años luz de ese sitio. Cuesta darse cuenta de que estás perdido y que tu día a día no es como lo habías planeado. Que todo se ha torcido, tú el primero. 
Pero no olvides, que la vida es larga; hay muchos caminos y momentos para volver a encontrarte. Oportunidades que se presentarán y personas que te harán brillar de nuevo. Debes pensar que lo bueno está por llegar y que todo está a ahí fuera, que encerrado en tu interior nadie va a llamarte, debes quitarte de encima el abrigo del miedo y el traje de la negatividad e ir hacía delante. No mirar atrás y buscar cada oportunidad. Solo así podrá llegar un día en el que mires atrás y te sientas orgulloso de los pasos dados y del camino recorrido. Y por supuesto, recuerda que no estás solo, que siempre hay alguien que confía en ti, aunque sea un poco más de lo debido. Suerte en tu camino.

Blanca de Paco.
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CONTIGO, CONMIGO


No te vayas, quédate un tiempo más en este lugar. Sigue rozándome la piel antes de dormir y acaricia mis labios cada vez que me olvide que sigues junto a mi. Sigue siendo tú; con tus manías y tus imperfecciones. Sigue haciéndome sentir bien cada vez que nos acercamos más de lo permitido. No dejes de hacerme feliz, sigue riendo y haciéndome reír. Coge un coche y viajemos, a cualquier lugar. Al fin y al cabo, solo importa con quién estás. Y yo quiero estar contigo; cuando las cosas se tuerzan y cuando no. Permanecer unidos y hacer oídos sordos a las malas lenguas y al monstruo de la envidia. Seguir respetándonos pase lo que pase. No abrir la puerta de nuestro mundo nunca a desconocidos y desearnos todos los días hasta que esto frene. Seguir siendo tú y yo seguir siendo yo. Sentirnos de vez en cuando lejos y siempre cercanos. Plantarle cara a la distancia y a los problemas. 
Elegirnos cada día de la semana, en cada destino y ante cada oportunidad. 

Blanca de Paco.
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DIME QUIÉN SOY - JULIA NAVARRO


Otra lección de la gran Julia Navarro. Para quien no la conozca, una escritora que en sus dedos tiene el arte de formar unos trazos que te hipnotizan, palabras cegadoras con las cuales no queda otra opción que rendirse a ellas, que seguir leyendo, hasta llegar al último punto del texto, y darte cuenta de lo que acabas de leer, una obra inmensa, como todas las que ella hace. Y para quien ya la conozca, una obra que lo supera todo, muchos verán las páginas y se estremecerán, y yo fui uno de ellos, pero te avergüenzas de ti mismo cuando empiezas a leer. Piensas que todas las ostras son iguales hasta que al abrir una encuentras una perla. Te engancha desde la primera mayúscula y, a partir de ahí, ya no puedes parar. Yo lo leí con 17 años, y me enganchó de tal forma que en ese momento supe que años después tendría que volver a leerlo, como así hice. Es un libro excepcional, con unas historias excepcionales, aventuras inverosímiles que sólo consiguen obligarte a seguir, creando un ansia por saber qué pasará después, y después, y después. La historia de una periodista que tiene la ardua misión de investigar la vida de su bisabuela, una vida sin par, una mujer revolucionaria que pasaría de la España republicana a la caída del Muro de Berlín, de la Segunda Guerra mundial a los oscuros años de la Guerra fría. Una mujer total, luchadora, diez, que pasaría por enormes apuros, torturas, brutalidades, pero que siempre lucharía por lo que quiere, por lo que busca, por sus metas, por todo, y pisaría a quien tuviera que pisar.
Sí, un libro extenso, que impone al verlo, pero que te abraza de tal forma que sólo te queda estar con él hasta el final, no te deja escapar, y tú no quieres escapar, te aferras a él y sólo lo sueltas para aplaudir después del último punto, aplaudir a la gran Julia Navarro, por otra obra magnífica, excelente. 

http://www.megustaleer.com/ficha/P323434/dime-quin-soy-julia-navarro-tapa-dura-con-sobrecubierta-euro-1295

Víctor G.
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